LA BELLEZA ESTÁ EN TODOS LADOS

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martes, 28 de diciembre de 2010

DOS CUERVOS



Pam era pasado pesado. Ya hace dos semanas desde que se la llevó una ambulancia. Entramos Al, Luca y yo al apartamento luego de que se desplomo de puro llanto y yo decidí irme. No estaba para soportar eso. Gina y Ama eran don perlas muy pesadas como para criar una tercera. No way!
Entramos y vi su brazo que colgaba desde lo alto de mi habitación. En resumen se había tomado todo el extasis que tenía encima -era diller- y vendía para un portorriqueño basura que la tenía atrapada y en NY no te escapás de la mafia. Una vez que entraste es como dice Charly: LA ENTRADA ES GRATIS, LA SALIDA VEMOS. Y salió con un coma de envenenamiento del cual se salvó de milagro. Qué curioso, cuando escribo la palabra milagro creo en Dios o en dios. Yo, que tanto descreo. Pero ese es otro tema.
Al llamó al 911, y acá funciona en serio. Estuve detenido dos días por averiguación de antecedentes y pruebas, me sacaron fotos de frente y perfil y confieso que sentí algo de adrenalida, que la vida no podía ser nada más que escribir un blog tarado, conocer a Pam era la sal que le faltaba al gusto a nada que sabía yo, Lucho Bazterrica. Hasta que dieron con el portorriqueño miserable y nos hicieron un careo. CA-RE-O. Cara a cara, y lo tenía a veinte centímetros y cuando confesó le dí un cabezazo que me puso peor la herida que me había hecho Pam. Pero me sentí bien. Me sentí hombre -no por el trivial hecho de pegar- sino por desquitarme de esa larva que se estaba aprovechando de una nena de veintiún años. Mierda de tipo. Con los ojos llenos de sangre me le reí en la cara. Y me sentí bien. Mientras Al detrás de un vidrio de agarraba la cabeza de la desesperación.
El resto fue lo más simple, ir a visitar a Pam a un psiquiatrico.
- Viniste! me dijo cuando, sin que se de cuenta, me senté al lado suyo en un banco del jardín.
- Tomá, le respondí, entregándole un ramo de flores silverstres. Son flores salvajes como vos.  No jodas más Pam.
- Vos no jodas más y aceptame, te adoro. Me sonreí.
-Ves!, dijo, es esa media sonrisa tuya la que me mata. Se le llenaron los ojos de lágrimas. No me dejes acá.
- Ya sabés de memoria el final de esta historia, hace falta que la pongamos en palabras? Sos una nena y sos un demonio. Aprovechá esas cualidades que ambos, Dios y el demonio te dieron. Sos ambigua. Sos la mujer que todo hombre quisiera tener. Sonrió.
- Entonces quedate conmigo, cuidame.
- Pam... somos dos cuervos. Nos vamos a comer los ojos. Y lo sabés mejor que yo.
- Sos un cagón, me gritó a la vez que me dio un abrazo infinito.
- Me voy. Le separé los brazos de mi cuerpo. Le dí un beso en la frente. Y me fui, sintiendo un ramo de flores que me pegaban en la espalda.

Gustavo Bonino

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