Jugá con el mouse y los peces lo seguirán

viernes, 24 de octubre de 2014







                                                        NO PODRÍA VIVIR SIN VOS






viernes, 5 de setiembre de 2014

EL ÚLTIMO DELICADO DEL ROCK




"Basta un verso para definir a un poeta"
Jorge Luis Borges

Sí, se fue. O no. Yo no lo sentí. Lo escucho ahora en mi pobre memoria, lo escucho en el subte, en los pibes que tocan sus canciones por monedas. Entonces entiendo que se fue algo físico, como nos iremos todos. Salvo una gran diferencia. Él dejó plasmada en cada casa, en cada oreja, lo nadie supo hacer mejor. Dejó su música, sus increíbles solos de guitarra, su poesía difícil y especial, que hace que para entenderla, tengamos que meternos en el Mundo Cerati. 
Gustavo Ariel Cerati Clarck yo, y empiezo por mí por modestia, no te voy a extrañar. Voy a seguir feliz, escuchando: Bajan, Amor Amarillo, Prófugos. 
Sus discos solistas, como por ejemplo FUERZA NATURAL, no eran canciones fraccionadas. Tenía la virtud que pocos tienen. Entendió siempre la palabra "concepto", por ello FUERZA NATURAL es un todo, un Movie Road. 
"Y en alambrados como pentagramas, 
Los pájaros tocando tu canción". 
Todo el disco redondea una estética, desde el más amplio sentido de esa palabra, que te envuelve y no podés saltear una canción. 
En AMOR AMARILLO, ese escondido tributo a Spinetta. Desde su impronta. Sin la copia. 
Es que era distinto. Cada disco suyo era totalmente diferente al otro. Jugaba con esa dinámica. 

No se fue. Estará siempre en el lugar que estuvo, entrando por mis oídos dejándome pleno. 

Hasta Mañana Gustavo Cerati, el ÚLTIMO DELICADO DEL ROCK. 

Gustavo Bonino

martes, 26 de noviembre de 2013


LA ROSA AMBIGUA

La rosa del apellido nacido en Santander
De la pluma de Shakespeare
Quizá la estaba mirando a la par
que nacía, universal,  Julieta.
O quizá en Catay, afinados ojos negros,
la observaron hasta empaparla.

La rosa color sangre y cuerpo de espinas
flameando decorosa y valiente
en la lienzo del escudo de Cizur
Tan temido y venerado
Que siquiera la valerosa espada
Se atrevió al salvaje acto de vejarlo.

Rosa que te ramificas en el gentío
Tentación de los amantes,
que aman con sangre, que es tu color
y el color del vino,
como el rojo humeante
de la implacable daga
Rojo que te encandila y te mata
en cada sorbo en cada clava.

La rosa ambigua, aquella flor
Que lleva alguien en sus manos
en su primer amor o en el último adiós.

Gustavo Bonino

sábado, 21 de setiembre de 2013

CIERTO ANOCHECER, EN CASAPUEBLO



Lugares diferentes, la misma pasión.
Ese momento. No importa en donde.

Gustavo Bonino



Un compás de luz, el faro dibujó en el mar
y con un beso azul, la espuma se convierte en sal.

Gustavo Cerati


lunes, 9 de setiembre de 2013




CON - VIVENCIA

Mas que una mano, se dan las tripas.
Te cobijaría aun mas, si me dieran los brazos.
De puro contento, desde que te conozco.

No tenemos otro inmejorable destino que compartir
lo que llamamos vulgarmente "laberinto".
Somos un mundo de Minotauros.

Ella me salva. Me da cobijo en nuestro laberinto y espanta mis miedos
de a millones, como una red llena de peces.
Siempre nos espera, como a todos, el verde transitar.

Y no es difícil de aceptar, que el no poder franquearlo,
es el vano y constante desafío que nos mantiene vivos,
sabiendo que siempre habrá un camino no atravesado,
una sorpresa agazapada detrás de paredes de hojarasca.


A Karina

(Disculpas por la falta de acentos, es el capricho de una computadora). 

jueves, 13 de diciembre de 2012

NADA VA A CAMBIAR



NADA VA A CAMBIAR


http://www.youtube.com/watch?v=TgWWa952W24


VICENTICO, del disco 5 

sábado, 1 de diciembre de 2012

UN BOXEADOR SIN RESTO.




Luego de la reunión con el editor, cheque en mano para vivir un tiempo, me tomé el primer taxi que pasó para abrir el negocio de Al. Estaba ya la clientela de siempre esperando. Saludé con la cabeza gacha, no quería que me preguntaran por Al, ya bastante dolor me causaba saberlo como para además tener que explicarlo y ser interpelado. Abrí la puerta, di vuelta el cartel que decía CLOSED en rojo y me hizo bien ver el reverso en verde que decía OPEN. Eso era Al, abierto. Un tipo abierto. Un amigo que no quería perder. 

Llegué a casa molido, ya eran las diez de la noche. Luca me recibió con un reto. quería salir a pasear y más aún comer. Ya estaba sin fuerzas. El atender el negocio y luego pasar por el hospital me dejó cansado y alterado a un tiempo. Curioso. Mi cuerpo pedía calma pero irradiaba una alteración digna de un cóctel de ansiolíticos. En lugar de eso, puse un hielo, vodka y jugo de mango en un vaso corto y el cansancio empezó a ganarle la pulseada a mis estados alterados. Le abrí a Luca la puerta del balconcito para que haga sus necesidades y le serví su comida. La culpa iba decayendo y el cansancio ganaba todos los rounds. Hasta que en el último round cuando puse el DVD del concierto de Winston Marsalis y Eric Clapton en el Lincoln Center de NY, sonó la campana y dormí en el sillón. Con hambre, sucio y vestido. 

A la madrugada, luego de sueños muy entreverados, en donde se mezclaban todas las formas de extrañar a Buenos Aires. Es que ya estaba harto de extrañarlo todo. A Gina, a la Patria, a los afectos, a las librerías, a las charlas de café con medialunas. 
Me levanté obligado por un sopor con forma de escopeta que no me dejaba alternativa. Así vestido con la ropa del día anterior salí corriendo del departamento. Corrí, corrí todo lo que pude, tan fuerte como me salió, despatarrado, dando brazadas de ahogado, como un muñeco idiota y descontrolado. Dictámenes de mi cabeza y dentro de ella, Gina capitana, comandando mi vida una vez más, pateando mis pupilas hasta hacerlas estallar en lágrimas. 
Seguí corriendo entre viento mocos y lágrimas hasta el río Hudson. Esa valla inmensa de agua me detuvo. 
Detenido en el tiempo, parado en medio de una costanera vacía y fría, entendí que estaba pasando por otra pesadilla, otro intento trunco por verla, por estar con ella de alguna forma. 
Otro puñetazo al vacío que me dejaba desprotegido para que la vida se encargara de un solo golpe, de tirarme nuevamente a la lona. 



martes, 24 de julio de 2012

POR FAVOR, UN PAR DE REMOS







Después de "una hora-reloj" de hablar con el editor del tercer libro, de volverme loco, de estar tan perdido, en el momento en que de su voz ronca dijo "Señor, su novela me gustó, ahora, luego de la última corrección que me alcanzó su amiga, me cierra, lo llamo para decirle que será publicada y además puede pasar a buscar el cheque del adelanto".
Adelanto??, de que hablaba este tipo??. "Del adelanto de la continuidad del libro de cuentos, el tomo dos, no le comentó nada la chica?, además quiero que firmemos el contrato por dos años para hacer una saga"
"Pero si  quiere seguir con mis libros de cuentos. o me saqué la lotería o me llamó un demente. Pero no, era el editor de mal gusto que confiaba en mí. Le he llevado tanto material, que el tipo habrá entrado en la locura, en la locura que un hispano parlante modesto, como es mi caso, pueda arrastrarlo".
Entendí todo, la chica era Ama, estaba más que seguro. Ella tenía una copia del tercer manuscrito del libro de cuentos, cuando me ayudó a corregirlo, además de las llaves de mi departamento.
- Si señor Hayes, le respondí al editor. Cuando le parece que pase y conversamos un poco?
De qué iba a conversar si no sé que carajo había hecho Ama con mi libro. Qué cambios...
- Ok, lo espero mañana a media mañana.
La puta madre, pensé mientras sabía que le había prometido a Al que iría a abrir su negocio y que luego iría a verlo a la Universidad de Pennsilvania, en donde estaba internado, en donde se debatía contra el fin de sus días. Al, tan enérgico, tan buen amigo.
- Ok, señor Hayes, mañana estaré por allí. Buenas tardes.
Y váyase usted y Ama a la puta madre que los parió, pensé.

Corté de tal forma que casi rompo el teléfono.  Freezer, dos hielos, un vaso al que le soplé el polvillo de semanas. Un whisky que había a mano. Calma. Puse Hotel Costes, el primero que editó. Traté de calmar mi cabeza.

Volví a agarrar el teléfono, efectivamente estaba rajado de lado a lado, pero funcionaba perfectamente bien para lo que tenía que decirle a Ama y a todas sus caras.

Quizá Ama sabía mejor que yo lo que había que poner en una hoja en blanco. tal vez ella era la escritora y yo un mediocre soñador.

Gustavo Bonino



martes, 5 de junio de 2012

SALVAME....




Definitivamente no podía volver a Buenos Aires. 
Definitivamente quería volver a Buenos Aires. 
Decididamente me quedaría en NY. 
Al estaba muy mal de su cáncer. Había posibilidades de una mejora. Pero irme era una canallada. Quedarme era una canallada también. Un hijo de puta o un flor de boludo sin poder decidir, decidiendo quedarme en NY.

Luego del regreso a NY, apenas si había pasado por el departamento, la enfermedad de Al, mi confusión mental. Kiara y su Madre. Luca, más bestia que nunca. El amor con el que me recibió. Se me tiró  encima como si fuera un oso gris. Culo en piso para la carcajada de todos los clientes del negocio de Al, por lo general los mismos sexagenarios de siempre, eximios bebedores de scotch y profesionales del tabaco cubano. Fieles a Al, que les conseguía MONTECRISTO o COHIBA o ROMEO Y JULIETA. Pero quien quería un PARTAGAS, ahí lo tenía. No era fácil, pero Al conocía la distribución del negocio y de estúpido no tenía nada. Al ya no tenía nada de argentino. Era un verdadero americano. 

Entré en mi lugar en el mundo, mi departamento del MEAT PACKING DISTRICT. Estaba mejor de lo que creía. Claro, ropa por el piso, platos imposibles, una cama digna de poner una bomba y a empezar de nuevo. Sin embargo, me esperaba algo peor. Días sin habitarlo. Abrí la heladera, quedaba Vodka sabor mango. Me serví un shot y otro y otro. Luca se acomodó en su felpudo, sin queja aparente. Yo me tiré en sofá, encendí la TV que me  devolvía estrellitas grises. La falta de pago del servicio. 
Creo que fue lo mejor que me pasó. Puse el I POD sobre los parlantes, nuevamente FIX YOU y me volví, como alienado a mirar esa tele impaga y estrellada. Hasta que me dormí. Rendido. 
Un dolor grande me atravesaba al medio. Por eso me hubiera gustado que la canción que sonaba dijese: AND YOU WILL TRY, 
TO FIX ME. 

Gustavo Bonino





miércoles, 30 de mayo de 2012

LA SEÑORA DUDA




De vuelta de la entrega del premio de mi tercera novela, los dibujos en mi cabeza se multiplicaban y se multiplicaban. 
Volver a Buenos Aires. Por qué? Por Gina?. Sí. Definitivamente. Pero no creo que el amor fuera el motor del viaje. NY-BUE. La realidad es que  hice de ella un fantasma. Un monolito a quien adorar. Eso es lo que creo ahora. Ella tira "el perfume que lleva al dolor" y yo huelo y sufro. Al pedo. Pero sufro.  

Al, con cáncer, no lo puedo dejar solo en NY, es mi amigo y está muy enfermo.  
Qué haría en Buenos Aires? Acá trabajé para un BLOG y tengo tres novelas publicadas. La venta apenas me alcanza para subsistir. Más allá de los pesos que me dan los libros de cuentos que son el extracto de los posteos en el Blog para el que trabajé hasta hace no mucho. 

Y eso es un gran mérito. Subsistir en tu pecera, antes que entregar el tobillo al grillete y quedar atrapado a un sistema que no te pertenece. 

Vengo del desierto de Orange, CA. Vengo de llegar a la vejación y a la soledad a la que nunca había llegado. Es que para crecer - y no estoy inventando la pólvora- hay que caer a lo más bajo que puedas. Tocar fondo?

Mucho para decidir. Y cuando tengo que decidir tomo una decisión. NO DECIDO ABSOLUTAMENTE NADA. Me dejo acontecer. 

Gustavo Bonino


sábado, 26 de mayo de 2012


Arena, como cuerpo de mujer, con formas, contornos caprichosos, sensuales, escurridizos. 
Mis manitos de siete años de vida, juntando un puñado de arena. Mis ojos, grandes, tan grandes como pudieron serlo, viendo como, a pesar de la fuerza, la arena indefectiblemente, se escapaba, lentamente de mis manos, de mis ojos. Sentí la existencia del tiempo. Pinamar, siete años. Vacaciones con mis primas, mis padres en Buenos Aires luchando contra la enfermedad de mi hermano. Yo pensaba en su dolor. El era demasiado chico para pensar en el mío. 
Despierto. 
WELCOME TO NEW YORK. WELCOME HOME. 

Luca se me tiró encima con todo su peso. Me di cuenta que Al lo había cuidado bien. Aún cuando su cáncer lo estaba tratando mal. Ironías, el le daba importancia a un perro. A mi perro, mientras su hígado se iba a carajo. La puta madre.  

Volví de California, de un escape que aún no termina. Eso siento. Voy a la heladera. Quedaba vodka, la única unidad de medida para seguir soportando este compilado espantoso. 

LADO A
Gina en Buenos Aires (eso ya es mucho)
Mi tercer libro a punto de publicarse y yo con 13 mensajes en la contestadora. Miedo. 
Al y su cancer. 

LADO B
Ama y la ya crecidita Kiara. Debería ir a tocarle la puerta? Too much information. 
Buenos Aires, los amigos, esta vida anacrónica y ridícula que como una figurita redonda se puede dar vuelta (punto cola, chupi pri) y mostrarme que la vida es esto. Que la vida no es una. Que son muchas, que somos muchos y que de eso se trata, del cambio permanente. No somos escritores o bailarinas. Somos decenas de personas en una, dentro de una misma unidad de tiempo. Misma vida, al carajo con todo!!!!!

El vodka ya hizo efecto. Valor. Encendí la contestadora. brotaron mensajes, casi todos del libro y de la presentación y de mi falta de compromiso a una respuesta (segundo shot de vodka), un par eran de Al, que no se animó aunque en su moderado discurso, lo dijo todo, Ama, "que donde estaba yo, chico", que Kiara preguntaba por mi y una carcajada y un beso ruidoso al final. Y el último de Gina, que fue solo un soplido y una puteada. Su forma de decir TE QUIERO. 

Se vuelve de la vida? Vuelve uno a ser feliz? Hay una segunda vuelta? Me vuelvo a Buenos Aires con tres libros desconocidos y un puñado de nada en la valija? 

GUSTAVO BONINO




lunes, 7 de mayo de 2012

VOLVER A LA CASILLA DE PARTIDA




Cuando el micro cruzaba el puente de Brooklyn, cuando estaba llegando a casa (home), la dicotomía se abrió ante mi. Un pétalo de esa planta venenosa llamada yo, llamada tiempo, llamada Gina, llamada Al, pero pongámosle un nombre genérico y abarcativo, llamada "estar perdido",  me hizo tragar saliva. No todo era una aventurita. Mi vida era una mierda en este pétalo. No sabía de mi próximo libro, no sabía de amor, de amigos, de Patria, de hogar... Y Sin embargo yo tenía de un modo o de otro todo eso. De qué me quejaba?. Era el tener los mejores naipes y no saber jugar al juego. 
Por otro lado había otro pétalo en esta dicotómica vida mía. La de antes de venir a NY, la de los amigos, los bolichones, las mujeres (esos amores que nunca mueren, diría algún cantante), mi vieja. Podría poner a Gina  en la lista?.  No lo sé. Sí al Obelisco, a la calle Corrientes, a la pizza media masa. 
Dicotomía en la que debía optar. O hacer una mezcla entre ambas. Sacar algo bueno de todo eso. O tirar esa plantita a reverenda mierda y empezar de cero.

Tomé tantas decisiones fantasma en el camino... Supongo que alguna va a germinar, como ir a ver como va mi nueva novela, o escribirle a Gina, o volver a Buenos Aires, o no. 

El famoso micro del perrito galgo llegaba a la terminal de la calle 8 con la 42. Manhattan cien por ciento. 

Encontrar a Al en su negocio, desmejorado ya ni daba para ponerlo en alguno de los dos pétalos. "tengo un tumor de laringe, amigo", dijo, y apreté fuerte dentro del bolso unos habamos que le había llevado de regalo. "A la mierda", pensé. No dárselos es peor. Me abrazó con lágrimas. Le dije que de esa nos escapábamos juntos. Se rió. 
En un caminar lento para Al, dio un medio giro y abrió la puerta. No hacía falta explicación alguna. Los ladridos de una bestia negra y ese amor, que me pareció todo el amor del mundo se me vino encima y me volteó. Al, con algo de tos, celebró el encuentro con una ancha sonrisa y un puro entre los dientes. 

Gustavo Bonino

jueves, 3 de mayo de 2012

ALGUN LUGR ENCONTRARÉ...

De pronto me di cuenta que California no era ningún lugar. Me recontra cagué de risa en el motel, tirado en la alfombra. Pero cómo mierda vine a parar acá.... Porteño imbécil. Había una explicación: cuando todo se va a la mierda, alguna ficha hay que mover, aunque seas un salame al hacerlo. Mejor Salame a quedarte duro. La vida me estaba poniendo en know-out. Y yo lo sabía de memoria. Si yo mismo me acorralé contra las cuerdas del ring contra un contrincante invisible. O visible en varias formas. Para que redundar. Pagué la cuenta del  Motel, me subí al auto (coño chico, di carro!!!) y lo devolví.  Me tomé el famoso bus del "perrito" y me volví a NEW  YORK.
Había muchas cosas de las que hacerse cargo.
Seguí ese impulso.

Gustavo Bonino

martes, 17 de abril de 2012

TE PARA TRES...



Un día  del caprichoso orden de los días, despertó. Porque un lunes puede ser lunes en cualquier día del calendario, desde los Sumerios hasta este instante en que acaba de ocurrir un hecho inusual. 
Cerati. Gustavo Cerati. Gustavo Adrian Cerati. Gustavo Adrian Cerati Clark, despertó luego de más de un año de letargo. Un ACV, diagnosticaron antes de escuchar sus canciones unos medico venezolanos. Fuerza Natural. Despertó. En ese disco, él avisó que todo aquello ocurriría.
Cerati no cree en héroes ni amigos. Un puñado de gente con bajo nivel de prensa fue a llorar un rato al Fleni. Pero Cerati, el último delicado de Rock, no se lo creyó, ni siquiera en estado de coma. 
Cuando Gustavo Cerati despertó de su paseo de ensueño, pronunció un leve parpadeo. 
Lo primero que notó es que Buenos Aires estaba desierta. Una chorrera de enfermeros en postura afeminada, estaban tirados en el piso. Muertos. Un puñado de médicos de guardia con apellido de papá, lo mismo. Maquinas sonando solas, emitiendo pitidos interminables. se le vino a la mente una composición. 
Gustavo sonrió al ver el pasillo de su habitación. Ver jeringas tiradas, sondas nasogástricas, buterflys para sus venas, pisoteadas, como en una revuelta. El famoso y tácito poder de los objetos.

"El fin desdpués del fin", pensó Gustavo y sonrió. Estaba en bata y en uno de sus bolsillos había un atado de puchos. Encendió uno y riendo pensó "Y a cada paso sientes otro dejavú". 
Se calzó  unas chinelas que no eran de él. Seguramente serían de la vieja de al lado que padecía de una trombosis. Muerta.

Llovía. Eso vio Gustavo Cerati desde un ventanal de la clínica. Pensó en escapar. A donde? Si todo alrededor estaba muerto. La calle era un mar de chatarra. Autos destrozados, unos contra otros. Ya dije que llovía. Gustavo volvió sereno a su cuarto a buscar su sombrero Cerati, una de las tantas guitarras que algún fan dejó. Se le antojó una Yamaha C-70, criolla. Nada de estruendos. Nada de despertar a losque ahora dormían. No culpó a nadie. En todo caso el que no quiso manejar el asunto fue él. Solo quería tocar un rato.
Se fue a la ventana. Le pasó por la mente "TE PARA TRES" y la tocó. 

Enfermeros, médicos, fans, familiares, falsas novias y periodistas gratuitos, comenzaron a despertar. 
Todo estaba en su cabeza, en sus sueños. En lo más alto de su título de compositor. 
Mientras en la cama, Gustavo Cerati, hacía sus primeros movimientos, su voz única largaba las primeras estrofas, luego de tanto tiempo.  Un enfermero egoísta  que estaba de ronda, antes de llamar a los médicos, se sentó en una sillita a escuchar. Cantaron los dos. Cerati por última vez. La canción en un sueño dentro de un sueño. Para el enfermero sería su inexplicable primera canción. Habrá pensado en Chuang Tsu? Quien sabe. 

Gustavo Bonino

lunes, 2 de abril de 2012

TANGOU...


Me despertaron los acordes de un tango. Creo que toda la noche me martillaron la cabeza. 
"Estás desorientado y no sabés, que bondi hay que tomar para seguir..."
O no, o tal vez me despertó el sol en la cara. 
Hora?
ni idea. 
Lugar?
Somewhere in California... 
Me ardía la cara. Y el tango seguía repicando dentro de mí, como el pájaro carpintero enloquecido, dándole al tronco. Me levanté, la arena me chorreaba por todos lados, como si me estuviera desintegrando. Yo, hombre de arena, hombre del tiempo. De un tiempo imposible. Perdido. Imposible caer más más profundo que terminar durmiendo en un desierto en algún lugar de California, sin nada mejor que hacer que eso. Estar perdido. 
Auto. Encontrado. 
Llegué al hotel y  me dí una ducha reparadora. pedí un "room service". 
Y las estrofas no se iban de mi cabeza. 
"Estás desorientado y no sabés, que bondi hay que tomar para seguir..."
Gina estaba tan lejos, que casi podía tocarla. Ama, Kiara, la idea de formar una familia con alguien FUERA DEL UNIVERSO GINA. 
Ama estaba loca de remate. Pero era Ama. A pesar de sus cambios de estado, era ella. Siempre era ella. Sorprendiéndote para la izquierda o para la derecha, no importaba eso. Ella era predecible. 
Mientras Gina, con su piel de cordero y su corazón de hielo, era... era.... 

Gustavo Bonino




sábado, 24 de marzo de 2012

TOTALMENTE DESIERTO



Caminé por el desierto. Interminable. Me costaba creer que estaba en California. Yo, un pibe porteño. Del bar La Paz, de la pizza media masa,  en donde en materia de sexo, se habla de "bombacha" y no de "panty", de "acabar" y no de "vente, vente" o "me corro, apúrate que me corro". Y lo peor, el "oh yeah babe, yeah babe, oh yes!!".
Detuve el auto alquilado, en cualquier parte del inmenso desierto. Y me puse a andar por ese mar rojizo y algo más bajo que las pálidas dunas de la costa argentina. Esas en las que alguna vez me metí con tíos y primos en unas vacaciones y mis ellos nos hacían creer que estábamos cruzando el Sahara, y nos vendieron todo tipo de peligros, los cuales compramos todos. Por esas épocas ya leía a Sandokan y mi imaginación volaba más que las gaviotas.
Qué curioso, ahora que lo pienso, algo me lleva a los desiertos. En Venezuela me interné en el Desierto de Coro, camino al mar Caribe, el extremo más al norte de Venezuela.
Será que los desiertos tienen algo de laberinto. Una tentadora puerta de entrada en donde todo está por verse  y múltiples puertas de salida. Solo que el desierto no tiene paredes. No hay engaños. Todo está a la vista, pero te deshace igual. Te convierte en un terrón de azúcar entrando a un café caliente.

De pronto me siento en la arena tibia, tomo un puñado y juego al reloj dejando caerla despacio por un agujerito de mi puño. Pienso en tantas cosas. Pienso en la palabra desierto. Mi coincidencia con ellos. Nada casual. Si estoy acá sentado es porque estoy vacío y sin rumbo. Estoy desierto.
Me acuesto. Me estiro de frente a un cielo algo nublado. El viento levanta arena. Me pica la cara.
Buenos Aires, NY, Gina, Ama y Kiara, que ya debe caminar. Pienso en Al, que está cuidando a Luca. Pienso en Luca, en como nos encontramos. Sonrío, una resolana me pega en los ojos. Los cierro. Me quedo dormido.
Sueño con la posible edición de mi próximo libro. Con Gina sentada toda de negro en primera fila en la entrega de un premio al libro.  Sueño con aviones que vienen y que van y no paran de pasar. No me dejan hablar al público y la gente aplaude igual, a rabiar. Aplauden gustosos al placer de no escucharme.

Me despierto. Es como un cuarto oscuro. Es de noche. Esbozo algo para llegar al auto. Imposible. Leer el libro que llevo en la mochila. Imposible. Saco de ella una cajita y un encendedor. Lo enciendo hasta que me quemo. Lo suelto, por suerte de un manotazo lo encontré, ahí, en medio de esa oscuridad necesaria. Ese apagarme. Ese desaparecer. De la caja saqué un porro y me lo fumé acostado, tranquilo. Viendo unas estrellas enormes.
Y pensé. Pensé en el futuro. Pensé en dos ciudades. Pensé en dos mujeres.

Gustavo Bonino 

martes, 20 de marzo de 2012

SIN TITULO, MEJOR



Hoy no voy a conquistar al mundo,
seguramente no lo consiga jamás,
tal como pensaba tiempo atrás.

El café saldrá con borra
y se va a enfriar. Y lo voy a tomar,
junto con la pastilla de la mañana.

Hoy los charcos me buscan, afanosos.
El paraguas -como un murciélago rebelde-
cobra vida propia. Un mono loco de contento,
rabioso, dejando que el viento lo/me enloquezca.

El subte nos va a explicar que jamás llegaremos.
El porqué de los porqués de los porqués,
que ya nadie quiere escuchar. Como si se hubiera
acabado el tiempo de la compresión o de la ira.
Sino más bien reina -siento- la peligrosa desesperanza.
Y el que pide moneditas en la boletería,
es un estorbo espantoso, casi el culpable de la falla mecánica.

Eva y la serpiente, Adán y la manzana,
El tipo que decidió joderle la vida a media ciudad.
Reitero, siento que avanza  la peligrosa desesperanza.

Y Dios, cara rota insoportable o estampita venerable,
que nos mira fascinado, desde su fancy
imagen digital. Y será eso nomás. No más.
Dejemos de creer, des-hollemos al maldito.

Será algo tan irreal lo que produce
para que hoy todo sea tan jodidamente real.
Estoy por tomar un taxi. Pero desisto.
Me voy a casa, me acordé de Dios.
Voy a sentarme junto a él,
a mirar el show, desde el cómodo sillón del living.

Gustavo Bonino







sábado, 17 de marzo de 2012

UN DÍA DE ESTOS...





Voy a entender que al miedo no podré sacarlo nunca.
Una vida sin miedos, es un auto sin faros, un camino circular.

Voy a dejar de sentir culpa. Culpa por como vivo, culpa por lo que hago,
culpa por no hacer lo que debería hacer. Culpa porque mi apellido es Bonino.

Voy a ser sordo para evitar los consejos de los peores pecadores.
Voy a desentenderme. Voy a desatender. Voy a desanimarme con ganas.

Voy a decir lo que no debería. Y voy a deber para  poder decir a mis anchas.
Voy a odiar mucho más. Odiar sin rencor es más sano que amar con firmas.

Voy a mandar mi vida a la mierda si me place, para traerla
nuevamente a la "normalidad". Miro a los morales normales que me rodean
y meneo la cabeza. La inmoralidad será presidente en esta tierra siempre.

Me niego a vivir con el mandato del "no pecarás"
porque pecar  te desenmascara, te aleja -precisamente- de los pecadores.


Gustavo Bonino

martes, 28 de febrero de 2012

EL PRECIO...

"... y llevas el caño a tu sien
apretando bien las muelas
y cierras los ojos y ves
todo el mar en primavera..."

Dedicado a Federico Villanueva, un amigo desde el silencio.





Pegajoso, como en un baño de lodo,
los brazos atrapados por tiras de poxirrán reseco. 
Todo lo malo pasó, pero es cíclico. 
Todo lo bueno pasó y está por pasar, rogamos. 

El diablo que domina las macetas del tercer piso. 
A aquel, que le parta la cabeza a las tres y diez.
El pobre corría, se le hacía tarde y se le hizo eterno.
A ese otro no. Se está muriendo sin intervenciones en vano,
El diablo no gasta balas sin sentido. es implacable como la Cobra. 

Y Dios que corre con su raída túnica para atajar la maceta
para salvar al moribundo, para pisar la cabeza de la Cobra
que alguna vez fue parlante y nos abrió los ojos. 
Todos celebramos la vida, algunos rezan -el miedo-
Otros juegan al límite. El arma está cargada. 
Solo tiene una bala. Y aún los valientes del límite, 
piensan que rezar hubiera sido más aliviador 
que tiritar los dientes hasta hacerlos harina. 

Gustavo Bonino



domingo, 5 de febrero de 2012

SI ME FALTARAS...





No sabría como empezar,
Ni por dónde...
Miraría ese cielo tan tuyo
sin comprender la cosmografía,
aquella que sabés leer
con solo alzar tu vista de timonel
de mujer de pueblo.

No podría ocupar una cama arenosa
desértica. Me quemaría tu ausencia
y el hielo del miedo me detendría.

Si me faltaras, se ausentaría
lo más importante que puede
compartir un hombre....
Una gran Mujer.


A Karina Paiz


lunes, 9 de enero de 2012

CUADERNO BORRADOR



La mejor tarde aún no pasó
La mejor noche es una ilusión
La mayor condena ya caducó,
para desgracia del condenado.
El amor más profundo necesita nada
Y la pasión más profunda es una redundancia
La vela que se apaga, pronto será futuro.
La traición ata al pobre traicionero
El cuchillo entra en cuerpos calientes
Y parte de manos tibias
El pozo es para pocos, la superficie
puede ser el mayor de los engaños.
La vida soñada es tristemente eso.
Los envidiosos duermen juntos
y amanecen dispersos.
Los amantes no duermen
y amanecen juntos
La mediocridad es armarr tu futuro
y defenderlo cuando sabes que es falso.
Hay tantos sabios que no sé a cual descartar primero.
El amor nos une, dicen. El dolor también.
En una línea de tiempo
somos el fugaz chispazo del fósforo.
Y, como dice el Poeta,
somos, porque alguien nos está pensando.

Gustavo Bonino











lunes, 7 de noviembre de 2011

LA IGNORANCIA...

A comprar dólares
A cambiar el auto,
A ser cada día más egoístas
A no recordar al que te salvó la vida
Al que despertó de la mediocridad....
A olvidar al buen amigo, a taparlo con injurias
A tapar al buen amante, por no haber sido el modelo.

A todos ustedes.... les dedico esto

Gustavo Bonino

LA VIDA ES UNA FIESTA...




Luego de una semana encerrado en la habitación del motel, de la cual salía solo para comprar algo de comida y  -por aquellos días-  la botella de whisky, salí con la guitarra, la puse en el auto y me fui a la playa. 
Estaba débil en todo sentido. Pero sabía que esa debilidad era pasajera, el resorte al despertar. Era, en términos de dramaturgia, un poco de digresión, antesala a la progresión que por algún lado olfateaba. 
La semana de encierro en el motel, fueron de una estática que llegaba a hormiguearme ciertas partes del cuerpo. 
A veces la vista perdida en la tevé y la mente en cientos de miles de lugares. Hasta que caía en un lugar que me despertaba algo. Por lo general, llanto. Esa gran rueda mágica cargada de melancolía. 
La noche en la playa no podía ser más hermosa. Al fin algo me hacía llorar sin tener que recurrir a una parada triste de la rueda mágica. Toqué tantas canciones a la luz de la luna que tuve que repetir algunas. Imaginaba que Gina estaría mirando desde lejos. Eso mejoraba la calidad de las canciones. No fue Gina. Fue Juana. Una mejicana de ojos negros me miraba desde el deck de su casa, que daba sobre la playa. Yo ni siquiera había reparado en la cercanía. La noche nos escondió a ambos. Hasta que un llamado de ella y una luz de farol, corrieron los velos negros que nos separaban. Nos descubrimos. 
Me invitó a acomodarme en un puf blanco, ella se levantó del suyo y trajo un par de vasos con Ron. Cantamos hasta el amanecer. Luego me invitó a pasar. 
Me dio cariño. Hacía mucho que nadie me acariciaba la espalda. 
Gustavo Bonino

martes, 3 de mayo de 2011

AROMA, CAPRICHO DE LA MEMORIA



Llegué a Orange, alquilé un auto compacto,  tomé la ruta nacional número cinco, directo a Los Angeles.
Todo era confusión. Iba a Orange, no la Los Angeles. Pero cuando estás perdido, hacés lo que podés y no lo que elegís. Ir a Los Angeles no fue una elección. Perdido. Eso era. Perdido. Cuando uno está perdido, sigue un instinto. O el instinto te lleva a cualquier lado.
Cuando estás perdido, no se tiene nada que perder, cualquier lado da igual. Saltar del avión sin el paracaídas. Caída libre, que sea lo que el destino quiera.
De qué escapaba? El dolor o la bestia interior te sigue a donde vayas. No es cuestión de quitártela y guardarla bien planchadita en el closet. No. El dolor es parasitario. Vive pegado a vos. Y no se trata de que te guste o no. Se trata de hacerte fuerte. Creer o reventar, cara o seca, pelota y pared, imán y metal. Propiedad "adictiva". El dolor está siempre en tus espaldas.
Puse de inmediato, antes de ver el mapa, una hermosa versión del Requiem de Mozart que me regaló un amigo. Quizá merecía una "misa para los muertos", si alguien se apiadara de mí?. Lo perdido que estaba.
Pero me sostenía una circunstancia. Seguía en marcha. Apenas empecé a transitar Orange County, me gustó. Los Angeles era demasiada adrenalina para un tipo que necesitaba todo lo contrario, suero para sobrevivir. Cada tanto me saltaban lágrimas. Catarata natural. Gotas cayendo sobre una cara de piedra. Dura, firme. "Existirá la sonrisa?", me pregunté estúpidamente. Claro que existe!. No existía en ese momento. Pero aún tenía una carta válida en el truco que la vida me tendió. El ancho de espadas y dos cuatro de copas. Sí. Así de ambigua era mi realidad, la mejor carta del mazo y la peor, repetida. Pero Dios reparte y uno juega a lo que puede y nunca a lo que sabe. Dios es caprichoso, como los sabios.
Decidí quedarme a dormir en Stanton, una de las ciudades del Condado de Orange. El aroma a naranja se respiraba a través de la memoria, me trajo un recuerdo a San Pedro, cierta vez que fuimos de niños a acampar. Los aromas te transportan.
Como respirar el olor del pelo de una mujer y estar con todas a un tiempo.
Capricho de los sentidos. 
Un túnel desconocido me tendía la alformbra roja. O tal vez la de color negro. A esa altura solo tenía el ancho de espada, el aroma a naranjas y la asistencia, la caprichosa asistencia de Dios y su desafío al repartir las cartas.

Gustavo Bonino


lunes, 25 de abril de 2011

QUIZÁS...



Toda persona llega a una encrucijada en su vida. Hay varios caminos, pero básicamente hay dos. Ser quien sos o ser quien querés que los demás vean.
A ambas posturas las elige uno.
Por los autoparlantes del JFK, llamaron que mi vuelo a Orange, California, estaba demorado por los fuertes vientos.
"Nadie me espera en ninguna parte", pensé. "Qué importa..."
Yo elegí ser yo. Yo, en busca de mí.
Aunque no estaba seguro de quien era, realmente.
Elegí ser eso, ese boceto con algún aspecto, con algún color, con aciertos, errores, dolores, amores. ¨
Para saber quien sos, tenés que verte. Tenés que desnudarte. Y eso es exactamente el motivo de alejarme de todo. De todos.
De encontrar una identidad, quizás volviere a NY. 
Eso era una ruleta, una sola bola y una sola apuesta. La encrucijada, no?. 

Gustavo Bonino

miércoles, 20 de abril de 2011

CALIFORNICATION, GO WEST!



Lo dejé a Luca con Al. Se lo llevé al negocio. Esta vez no me costó soltar. El amor era el mismo, pero las necesidades, no. Necesitaba estar solo. “Más solo?”, me pregunto Al. Se rió, broma  usual en él. El chiste americano. “Rápido y fácil.”

Lo lindo del viaje la deriva misma en la que uno se sumerge, sin mapitas para sonsos, desplegables e incómodos de leer. Qué importa cómo llegar al inicio del Puente de Brooklyn. En la calle hay gente lugareña, que oficia de mapa. Una simple pregunta y listo. Y no andar con esos orientadores de papel que cuando los desplegás, ocupas medio vagón del Metro. O de la vereda. Pero la gente necesita correr, conocerlo todo. Será por eso que tal vez se inventó el GPS. Vaya ironía, que un aparatito le enseñe al hombre, lo que el hombre hizo (incluyo al nefasto GPS). Y nunca falta el tarado que te lo refuta y se sabe hasta las siglas de esas tres letras. Me da náuseas.
Levantarte un día y decidir si para aquel lugar porque es bohemio o hippie o a aquel otro porque hay sol, playa y podes patinar por carriles señalizados. Creo que el que inventó el GPS subestimó, destrozó el instinto del hombre, desde tiempos inmemoriales, en donde los hombres, por ejemplo poblaron América, cruzando el estrecho de Bering. Solo por hambre, para seguir a las manadas de animales que lo cruzaron. Cuando todavía era hielo y los continentes no se habían separado. Pero este tema a nadie le importa y es mejor colocar un aparato con una voz femenina y sexy que diga "RECALCULANDO".
Solo recordar la RUTA DE LA SEDA. Gente que se iba desde Francia hasta la antigua Cathay (hoy China)  para buscar gusanos de seda. Hoy lo disfrutan los grandes modistos, los que tienen GPS. Pero aquella gente cruzaba parte de la Siberia, para no ser confiscados por los que tenían el poder de los puertos del Mediterráneo. Cuantos murieron? Cuantos habrán muerto en esas heroicas travesías y nosotros nos jactamos del cruce de la cordillera de los Andes, todos los años, haciendo actos tarados y una profesora de piano con peluca que conduce un coro de futuros compradores de GPS, cuyos padres aplauden emocionados y, a la salida del acto, acomodan el GPS y se vuelven a casa inflando el pecho de la alegría. 
"Lo tengo todo controlado", pensará en su alegría. Pobre.  

Lo difícil del viaje, es no saber por donde empezar. Porque por más que vayas sin timón, para algún lado hay que rumbear. Una zona geográfica. Luego es como el cuento de Borges “El camino de los senderos que se bifurcan”. Y ahí ya estás en el viaje. Ya no sé necesita más nada, solo piernas fuertes y algo de cuidado.
California, voy a vos. En el aeropuerto veré hacia que ciudad volar. Por un rato, por un tiempo o para siempre.
Dejé el apartamento de NY, no hablé con el dueño, no soporto a la gente que te inventa problemas para sacarte dinero. 
Giré dos veces la cerradura y me fui. Es la única forma de irse. Tanta pompa y mariconeos lo convierten en un Redoxón en un vaso con agua. Le dejé una nota en el piso al dueño y las llaves a Al.  
Taxi, cruzar el Manhattan Bridge hacia el JFK.
Gina, cuántas veces lo cruzamos juntos? Cuántas, separados?.
Por qué si no estás en mi mente, si ya te maté, como es que no estás muerta? Y mirá que mi mente falla en muchas cosas, no como la de un Jurado de Notables,  que deben llevar debida cuenta de las acciones de la persona A o X.
Pero las dos balas de Remington que gatillé a tu pecho y ahí, cuando caíste muerta en alguno de mis lóbulos, el de la memoria seguramente, no cabe duda alguna que tuviste que haber muerto. No fallé, hasta tuve el reparo de descorrer las lagrimas de sangre y sal que me quemaban la cara y la vista, para no fallar en el disparo.
TIME WILL TELL, my ass!!!.
TIME WILL NEVER TELL ME ANYTHING. El tiempo no habla, el tiempo acomoda. Y, Gina, vas a desaparecer de alguno de mis lóbulos, en el que  estés, no importa,  y voy a vivir sin tanto pasado, pisado, pesado y posado, sobre todo eso. Voy a dejar las poses y voy a ser yo. Y la culpa no es tuya. La culpa es toda mía. Yo me dejé llevar por ese río plateado de pasarelas y trivialidades  y shoppings y departamentos a estrenar con piscinas. Yo fui trivial. Lo fui. Siempre me di ínfulas de tipo bien. Y ya basta con todo eso. Estoy demasiado cansado, demasiado ciego y demasiado grande para seguir jugando al nene genial. No me queda ese traje. El primer descreído soy yo.

De pronto me encontré hablando solo, como si Gina estuviera a mi lado o, mejor dicho, en frente.  Sabiamente ambos supimos que jamás iba a funcionar.

Me quedé dormido en el taxi mientras llegaba al JFK. El taxista me ayudó con las valijas… Le hubiera pagado el doble si me hubiera dado las respuestas que allá, en NY, a las cinco de la mañana, en ese invierno helado, estaba yendo a buscar.

Gustavo Bonino

martes, 12 de abril de 2011

BARAJAR DE CERO, CALIFORNIA



"Ir a Buenos Aires" es la frase que a cada rato se me cruza. "Ir a Buenos Aires".
No estoy seguro si el verbo de dicha frase es "ir" o "volver". No lo sé.
Volver irme, pero de NY.
Pienso en todas las opciones. En todas. "Matarme",  incluída. Es más fácil matarte que asumir los costos de la realidad adversa.
Descarto el hecho de matarme. Entonces? Buenos Aires? Dejamos todo a medias como siempre?. Sí, sí, se puede escribir a distancia, el mundo globalizado. No. Para escribir sobre un lugar hay que sentirlo.
Por ejemplo: Cómo puedo escribir sobre "take a carriage ride, en Central Park?" Toda la prensa que se hace en contra de ellos. Los pobres mateos o carruajes, tirados por caballos bellísimos... Cómo puedo saber yo como sigue esta tonta y singular rencilla?. Borges decía siempre una frase maravillosa "Me gusta sentir los países". El turista es un mero recurso económico.
Doy vuelvas en el living, mientras me sirvo una medida de Vodka sabor a multifrutas.
- Qué haría un tipo pensante en un momento así?, me grito a mi mismo.
La respuesta estaba tan cerca que no la ví. Irme, pero dentro de los Estados Unidos. Lo llamo a Al.
- Es mucha plata, me responde Al.
- Es que necesito moverme o voy a enloquecer, Al.
- Qué vas a hacer en California? Ganarte una chica tras otra... Para eso voy y lo hago yo.
- (CASI SUPLICANDO) Al...
- (RESIGNADO). Está bien. OK, te presto ese dinero. Pero te venís con un libro escrito o me devolvés el doble!. Creo que Al no se animó a decirme que quería venir conmigo. De todas maneras, este es mi viaje.

California, tal vez L.A., Tal vez Vegas, tal vez Orange. No lo sé. Pero debo moverme. Ya siento a los gusanos empalagosos por comer de mi carne.
Debo dejarme ir. Debo perderme. A veces pienso que perderme es mucho más productivo que encontrarme. Encontrarme dónde?
Luca se queda con Al. Se aman.
Y yo voy en busca de lo que no se que busco. Pero de esa inercia algo bueno tiene que salir.
Buenos Aires quedó descartado. El aire está muy viciado por allí. Mucha gente a la cual le han extirpado la memoria. Sería ir a confrontar cosas que se confrontan solas y como un Uvasal, se desintegran sin que uno tenga que revolver. Revolver, mover la mugre. Esa mugre que surgió de muchas cañerías, no solo de la mía. No por ahora.
El tiempo lo dirá?, no lo creo. No esta vez.  Esto tendrá su tiempo justo. El tiempo que yo le marque al tiempo, y no el caprichoso tiempo al cual no tengo ganas de seguir ni de esperar. Tomar el toro por las astas.
Algo se tiene que romper en millones de pedazos, como el caracol que terminal siendo arena blanca. Dejar la forma rígida para tomar la tibia suavidad.
Agarrar el maso de naipes (mi abuela los llamaba barajas), barajar (en honor a ella) y empezar de cero.

Gustavo Bonino

jueves, 7 de abril de 2011

NIÑO...



Cuando se te cae un libro, da por seguro que se te caen todos.
Pasaron dos semanas desde que Al me invitó a almorzar. Me sacó al sol.
Debía tomar una decisión. El dinero empezaba a escasear y Manhattan no es tan cara como Buenos Aires, pero es cara. Mientras pensaba esto escuchaba que cantaban un "feliz cumpleaños"  en algún otro piso. Me llamó la atención, salvo Kiara, la hija de Ama, no kids at all. Pero Ama estaba de viaje. Ni idea.
Estuve toda la semana llamando al editor para que me publique -please sir!- la novela. Pero no. Estaba en el budget del año que viene, con suerte. No fuera cosa de que alguna novela le gustase más que la mía. Y mi novela se publicaría en el año 3000.
Al estaba a la espera de una respuesta de un amigo suyo. Existía la posibilidad de empezar a trabajar en bienes raíces. Dos palabras que lo dicen todo "bienes con raíces. Raíces en la tierra". De no estar tan desesperado jamás se me hubiera ocurrido pensar en esto. Hay tantas cosas que decimos sin siquiera pensar...
Somos autómatas. Todo lo hacemos por actos mecánicos. Y yo iba derecho al negocio de "bienes raíces o Real State", como una vaca al matadero. La misma cosa, el mismo aburrimiento. La misma muerte. Ya me imaginaba sacando una tarjetita con mi  nombre y cargo exagerado, que patético. No sé ni en donde está el interruptor de luz de este apartamento, cómo iba a vender uno que ni conozco!.
- Me vuelvo a Buenos Aires, me dije.
- A hacer qué?,  me respondí.
- A ver a mi hijo, retruqué a mi otro yo.
- A tirar tu sueño por la borda, tarado. Eso no lo dije yo,  la voz venía de la puerta.  Yo estaba tirado en el sillón dialogando conmigo en vos alta, como los locos. Como los locos como yo. Era "super Al" una vez más, que tiene llaves de mi apartamento y entró para ver como estaba, ya que al celular lo tiré a la basura y al teléfono fijo no lo atendía.
- Al, pasá, hay vodka con sabor a mango en el freezer. Servite y servime.
- No. Tengo que volver al negocio,  me dijo con cierto tono de bronca.
- Enojado...
- Sí, me replicó, en un tono seco.  Te estuvieron llamando por el trabajo que te conseguí y no atendiste una sola llamada. Sabés lo que les rogué para que me dieran el sí? Son clientes míos. Empeñé mi palabra por vos.  
- (EXCUSÁNDOME)  Perdón...
- Perdón, un carajo!. Que te pasa! Tenés un talento enorme,  alguien te va a ver.
- (ME LE REI EN LA CARA) Sí? Quién? Cliff? o algún idiota como ese?, le respondí.
- Y por qué no? Tenés una novela publicada y otra en camino, empezá con la tercera. Pensá... Recreá tu mente.
- OK, a ver... (IRÓNICO) Ya lo tengo!!
- Qué?, preguntó Al, con inocencia....
- Voy a escribir la historia de una hada madrina que viene todos los meses y me paga la renta y la comida y...
- Basta!, me gritó Al. Hacete hombre! Si sos tan escritor, trabajá y escribí y dejá de andar haciéndote la víctima. Nadie te hizo nada. Cliff y su nombre estúpido, tenía razón, cada vez escribías menos y con menos intensidad.
- Sí? Y eso a quien le consta?, le respondí.
- A mí, me dijo. Y lo repitió. "A mí". Tu fan número uno y tu mejor amigo. Si yo supiera que no servís no estaría aquí. Tenés talento. Sabés como esperaba cada día tus historias, era lo único que me sacaba la mente del negocio. Deja los fantasmas del pasado. Ocupate de vos!.
Me quedé en blanco. Al era mucho más sensible de lo que siempre había pensado. No era un amigo, era un hermano. Y le creí, porque yo sabía que estaba en lo cierto, que tengo talento. Y que no tengo idea para donde llevarlo.
Se sentó en el sillón y me abrazó.
Fue entonces cuando empecé a llorar como un niño. Ese niño que de niño nunca lloró.

Gustavo Bonino


miércoles, 6 de abril de 2011

CERCA DEL CERCO



Luego de que Cliff, vaya nombre de imbécil, me despidiera, debía tomar una decisión. En cierta forma el "imbécil" no era tan imbécil. Yo estaba, como se suele decir, con la pólvora mojada y mi forma de escribir es exactamente igual a un vómito. Sale todo junto, caprichosamente y no hay forma de pararlo.
Luego de dos días de encierro, celular apagado y cable del teléfono arrancado, decidí salir. Era el mediodía y de pronto me dieron ganas de vivir.
Luca, pobre, hizo sus necesidades en el diario durante esos dos días y mi única tarea era atenderlo, para no morir del asco. Como pude, solucioné el tema "cable del teléfono arrancado de bronca". Lo logré. Ironías de la vida. De pronto supe de telefonía pero no me salía una palabra.
Pensé en llamar a Ama, pero recordé que se fue con su jefe a California a la convención de no se que cuernos. Acá todo el mundo hace convenciones. Hay tanto dinero, que se consume cualquier pavada y con éxito. Para eso arman convenciones. Todo el tiempo convenciones. Para venderte desde un percha multifunción hasta un lugar de vacacciones de por vida.  
Pensé en llamar a Gina, but, it´s to late to say "I´m sorry". No. Error. Pasado.
Y Linda?, también lo pensé, pero lo único que iba a ganar era que se me instalara de por vida.
Sonó el teléfono. Miré la llamada. Era Al. Atendí.
- (GRITANDO) En donde estabas? Te dejé cien mensajes.
- No será mucho?
- Te dejé dos mensajes pero largos...
- Estuve siempre acá, en casa. Me despidieron del blog.
- Te paso a buscar ahora, me dijo Al, siempre firme y fiel.
- Dale, necesito ver el sol.
Me invitó a Del Frisco´s, en la 6ta Avenida con la calle 49. Famoso por su Double Eagle Steak House. Además tienen vinos argentinos. Nos tomamos dos botellas.
Le expliqué bien a Al lo que me estaba sucediendo. Y él siempre con su cigarro en la boca me escupió su humo y su verdad.
- Si te volvés, vas a ir corriendo a buscar a Gina. Si te quedás, yo te consigo algo. Estás en la lucha. No todo está perdido acá.
- Sí, pero me están cagando a palos.
- Exacto!!, me gritó. Te están cagando a palos. Qué creías que Manhattan era el sueño dorado en donde vuelan duendes?.
No, respondí. Al continuó con su regaño. 
- Tenés dos novelas y la gente del blog que se vaya al carajo. Vos sabés que podés pelearla, no seas maricón!
Me agarró de los cachetes. Me dió una palmada en una mejilla.
- Despertá. Qué querés hacer? Irte o quedarte?
Pregunta sin respuesta. Solo atiné a levantar la mirada mientras mis lágrimas  caían sobre un pedazo de carne cara.
Al suspiró, en claro gesto de resignación.
Pidió la tercera botella de vino para llevar y la cuenta.

Gustavo Bonino

lunes, 4 de abril de 2011

ATRAPADO Y CON SALIDA



Esta mañana el dueño del blog con el cual pago mi renta y sobrevivo, me despidió. Un tal Cliff. 
- No estás rindiendo, me dijo con su irritable cigarrillo fumado en boquilla. Y sus finos bigotitos. Detesto su imagen.
- Perdón?, respondí azorado.
- Ya cada vez entra menos gente al blog y los sponsors se nos van. Además ellos me pidieron, con todo respeto, que debíamos cambiarte.
- OK.
- Estás molesto?, me replicó.
- Desconcertado, respondí.
- Qué es lo qué te pasa?
- Estoy en mi mayor momento creativo. La novela ya está escrita. Tengo trabajo adelantado.
- Entonces?
- Entonces no entiendo tu postura... Yo no sé de sponsors. Yo sé lo que hago y porqué y cuando lo hago. Lo que escribo y lo que soy son la misma entidad. Pero no espero que entiendas esto.
- Te entiendo, pero..., dijo y lo corté de forma tajante.
- No, no entendés nada. Escribir no es tipear. Escribir es pensar.
- Gente como vos hay montones, me respondió en un tono de tipo superado.
- Chau Cliff. No perdamos más tiempo. Sos tan mediocre como tu nombre. 
Me levanté de la silla y me volví caminando hacia casa. Necesitaba tomar aire, pensar. O no pensar. Pero el cuchillo ya estaba en mi espalda. Debía decidir. Dejar de sangrar o desangrarme. No tenía la capacidad de discernir entre ambas posibilidades. En ese momento eran dos desventajas.  
Otra vez se venía la mala. Ahora solo viviría de la venta de la primera novela, publicada en libro. Pero en NY, salvo que escribas un Best Seller o alguna taradez semejante, no sos nadie hasta que llegues al quinto libro y la gente empiece a fijarse en vos. La segunda novela estaba en pañales y la editorial me la demoró hasta el año que viene. Otra vez a empezar de cero. 
Al llegar a casa me agarró una repentina alegría inmensa de no trabajar más para ese tarado. Luego, fue un ataque de angustia grande como una casa. 
Encendí un cigarrillo y me serví un whisky. Debía tomar una decisión.  Quedarme y pelearla, arriesgando el poco capital que me quedaba o ponerme a trabajar en un bar o algo por el estilo- O volver a Buenos Aires. Volver a las tierras de Gina y su nuevo capricho llamado James. Ricardito ya era parte del pasado al igual que yo. Bah!, a esa altura yo ya estaba más que enterrado.
Lo cual, pensándolo bien, era lo mejor.
Volvería a ver a mi hijo, lo cual me alentó. Volvería a empezar de cero.
El teléfono no paraba de sonar. No atendí. Podría ser Cliff con algunas de sus frases taradas de libritos para gente exitosa (las conoce a todas. De memoria, tal cual es un tipo de talla. Todo de memoria).  
Arranqué el cable del teléfono. Puse a Aimee Man en el I Pod.
Me acosté bajo el frazada y mandé a Dios a la puta madre que lo parió.
Aimee logró lo que Dios no pudo. Detener mi mente.

Gustavo Bonino



miércoles, 23 de marzo de 2011

SILENCIO, POR FAVOR...



Linda por suerte venía de vez en cuando. Ya me hartaba un poco su pose de superada. Me agarró mal parado una vez y desde ese entonces se creía "La Reina Batata".  Es hermosa, sensual, hace el amor como nadie en esta puta isla, pero ya me estaba cansando su mundo de pepperoni pizza.
De repente sonó el teléfono.
- Yo atiendo, dijo Linda.
- No!, grité a los cuatro vientos. Creo que el grito fue tan fuerte que pude hasta haber cegar a Jano, en la Antigua Roma. Se apichonó.
Atendí.
Otra vez la voz infantil de Gina. Resoplé como un caballo cansado. Ya no tenía capacidad de que me salga con alguna de sus artimañas (por artimañas quiero decir, boludeces). 
- No qué?, me respondió alarmada con un alto porcentaje de falsedad. Ella sabe manejarme. 
- Gina... Qué pasó?
- Con qué?
- Llamaste. 
- Claro. Estás bien?
- Empiezo a creer que sí. La que no está bien sos vos, le dije en un tono peyorativo. 
-  Por qué la agresión?
- Porque no soporto que seas el animal de la jaula y yo el niño de cinco años.
- Perdón?, me respondió.
- Estás, sos fascinante, pero no puedo alcanzarte.
- No hiciste mucho esfuerzo...
- Cierto.
- Entonces, de qué se me acusa?
Yo ya estaba al borde de cortarle.
- Para que llamaste?, le repliqué con bronca.
- Para.... La interrumpí.
- Para no perder terreno. Estás con ese estúpido y me llamás a mí?
Ella entendió mi dolor. Sabía que por primera vez en meses, esta vez tenía razón. Se escuchó un leve llanto, algo así como la nota más triste de un violín.
Linda me miraba sentada desde el piso, sin entender un carajo de castellano (thank´s god!) mientras yo me deshacía de dolor al escucharla.
- Volverías conmigo?, me pregunto.
- Volverías conmigo?, le repliqué.
Ninguno de los dos se animó a responder. Mucho menos a cortar. Luego de cinco minutos dije,
- Estás?
- Te importa?
El silencio nos venció por completo.

Gustavo Bonino

martes, 1 de marzo de 2011

LA GRAN DUDA...




Linda me ayudó en cierta forma a armar una historia que tenía en la cabeza. No sé si fue bronca o admiración cuando ella reescribió mi sinopsis en otra hoja y la dio vuelta por completo. Ella no acababa de vomitar un futuro best seller, pero reescribir y cambiar el orden de una historia y dejarla decorosa, me asombró. Le tomó diez minutos. Yo estuve tres días. Me entró un gran interrogante. Realmente soy un autor?.

- Es fácil, me dijo. Es como hacer una pizza de pepperoni, tiene un orden que jamás cambia. No solo es siempre la misma receta sino que los pasos que se usan, tienen un orden exacto. Si yo cambiara ese orden, me saldría todo menos una auténtica pizza de pepperoni.
Ese fue el momento en que no supe si gritarle "ordinaria" o decirle suavemente al oido "sos genial". Me dejó pasmado. Se me vino una ola hawaiana de doce metros encima, que me revolcó, me sacó el traje de baño y me dejo literalmente "en pelotas". 
Linda, que regentea una pizzería, con un simple ejemplo, tomó -con total naturalidad- el rompecabezas de mi vida y lo hizo añicos. Tal cual como lo acaban de leer. En diez minutos y jugueteando con algo en lo que yo me creía tan autor, me bajó, al menos, cuatrocientos puntos en el ranking. O me mandó al fondo de la tabla, cuando yo creía estar en la punta y con doce puntos de ventaja. No.

Cerati lo advirtió, 

Como siempre la reacción
Es tan lenta como mi voz
arrasando con la razón
el Tsunami llegó hasta aquí,
lo vi venir...

Le tuve que pedir que se fuera.
- Te sucede algo? dijo en su sensual acento "so british".  Estás sudando.
- Necesito salir a la calle ahora mismo.
- Te acompaño, replicó.
- (GRITÉ EXALTADO) No! Tengo que averiguar un par de cosas.
- No te preocupes, sos un gran escritor, me dijo inesperadamente.
Me fui. La dejé dentro del apartamento con Luca, que estaba recostado y nos miraba de reojo.
"Gina" pensé. "Cómo nunca me lo dijo?. Celebraba mis escritos, pero realmente le gustaban?".
Mientras iba escaleras abajo grité "Por qué nunca nadie me lo dijo!, Gina en donde mierda estás?" 

Me fumé todos los cigarrillos del mundo. Miraba el agua bajo el puente de Brooklyn. Las olas color plata. Las luces de neón de los carteles, las luces de los autos ir y venir, como serpientes encendidas, interminables.
Me despertó un vago para pedirme algo de dinero. Estaba de suerte. Le dí lo único que tenía. Veinte dólares.

Gustavo Bonino

domingo, 27 de febrero de 2011

SERA QUE NO SIEMPRE ES POSIBLE SOLTAR?







Linda Roberts es de esas mujeres que la primera vez que su cuerpo toca una cama, se quedan, al menos una semana instalada. Está casada, aún. Con su esposo llevan bien el negocio gastronómico, no se molestan. Cada uno sabe el uso de la libertad  que tiene el otro. Por eso, para Fredrick, tal es el nombre de su marido, que haya estado ausente de su casa una semana, le importó poco y nada. Seguramente él habrá aprovechado para hacer lo propio. Hoy por hoy con Linda somos amigos y de vez en cuando hacemos algo más. Ella cambia de "hombres trofeo", como yo de remeras.  
Nos levantábamos a las 8 AM, yo preparaba el desayuno, le ponía la correa a Luca y la acompañaba hasta el Metro y me iba a bucar café o el USA TODAY, o cigarros a lo de Al. Hombre de códigos fuertes. Tiene un cierto tono a Vitto Corleone. Es seco, de corazón enorme, si alguien se mete con los suyos, no duda en sacar el bate de baseball que tiene detrás del mostrador. Un bate que se compró en la Isla Margarita, de Los Leones de Caracas. Es fanático de los basebolistas Venezolanos. Argentino, que hizo el secundario en Caracas, emigró por poco tiempo a Miami para luego irse a New York.
Se le mezcla el tu con el vos. Y eso y otras cosas, lo hacen un tipo tan querible... Luca lo ama y es el único animal que tiene permitido el acceso a su negocio, así esté prohibido, así le caiga una inspección con Luca adentro. Y Luca no es exactamente un perrito faldero. Me llega a la cintura. Pero Al sabe manejar sus asuntos. Y lo hace muy bien.

Luego de aquella semana con Linda, y al tener poco trabajo en el Blog, actividad que se iba en picada con la aparición de nuevas y más rápidas e histéricas redes sociales, debía concentrarme en mi segunda novela. Viví durante un tiempo del adelanto que me dieron, pero el tiempo es oro, el tiempo vuela, el tiempo es plata.
La temática era, lo es, el libro, al día de hoy,  está publicado, la convivencia que ocurre en un tercer piso por escalera, en un obsoleto edificio en Queens entre las personas que habitan los cuatro apartamentos dicho piso. Convivencia de distintas culturas, razas. Y  es, diría un biólogo, un ecosistema, una pequeña sociedad que representa a la sociedad con la que nos topamos en el día a día. Debo reconocer que tuve que leer el Zoo de Cristal y un par de cuentos de Discépolo: "Mateo" y "Babilonia". No me faltó  Cortázar y sus AUTOPISTA DEL SUR o LAS MÉNADES. Aunque las distancias eran enormes, yo encontré grandes acercamientos entre estos textos.

Estaba por llegar, en aquel entonces, un amigo de Argentina, autor, desde luego (vino a hacer una adaptación para Argentina y España de una obra que hace años se da Broadway y debía conectarse con el dueño de los derechos, repasar los textos, etc.) y me vino bien la mano que me dio. O tal vez no. Tal vez no me interesó lo que me propuso. Pero sirvió escucharlo, porque del NO ajeno, sale el SÍ propio. Hay veces en que concilias fácil, vas por los mismos carriles, los mismos mambos. Pero eso es harto difícil que ocurra. Supongo que en un jarro, lo más importante del mismo, es la parte inmaterial, o sea, el vacío que le dá la entidad de jarro,  si no logra albergar líquidos, pues entonces ya deja de ser un jarro. Otros ven como lo más importante a la estructura de jarro. El material que le da forma y no función.

Hoy por hoy, mientras tiro los días paseando con Luca por el Central Park, veo mucho cine en mi portátil y extraño muchas cosas que ya deberían estar envasadas y etiquetadas. Aún así se siguen moviendo dentro mío.
"Soltar a tiempo es difícil, pero hay que hacerlo", me dijo una vez un maestro de la dramaturgia.
Pero me pregunto,  cómo será soltar el dolor de la pérdida que te corre por las venas?. Ese mismo dolor que quedó encallado en el alma. Ya estaré atrapado? No habré podido soltar a tiempo?

Gustavo Bonino

miércoles, 23 de febrero de 2011

PEPPERONI PIZZA.




Y llegó por fin el día en que salí al sol. No me costó bañarme, dormí algo y hasta decidí comprarme ropa.
Domingo, lo llamé a Al. Nos tomamos el metro -jamás tendría auto en NY, la red pública es tan buena y variada, que no hace falta luchar por un parking o por tardar treinta minutos para hacer dos cuadras- y nos bajamos en el SOHO. Al estaba fastidiado porque detesta el sol y todo lo que tenga que ver con el bronceado, la playa, el calor. Es feliz en invierno, yo no soporto el frío y odio el invierno que lo complica todo.
Nos sentamos en un restaurant. Qué palabra rara, porque podría decir,
  • Restorán
  • Restaurante
  • Risstorante
Nos pedimos una pizza grande con pepperoni. La clásica y newyorquina "pepperoni pizza". Con Al tenemos muchos gustos en común. El peperoni es uno de ellos.
Y ahí la ví, ella me estaba mirando antes de que yo la vea. Antes de ver toda la hermosura del mundo reunida en esa mujer. Aunque sentada, se notaba que era alta, flaca, de pelo color azulino -supongo- aunque con el tiempo me di cuenta de que es una morocha de ley. Una cara perfecta y una sonrisa que me contagió.
Llegó la mesera con la pizza, Al me hablaba y yo le respondía con monosílabos. Es que aquella mujer que hoy se llama Linda, no tenía nombre, sí tenía hombre, sentado con ella, pero no paraba de mirarme. Fue mutuo. Creo que esas cosas pasan por obra del azar.
Si Al y yo nos tomábamos el metro, 30 minutos antes o después, tal no la hubiera visto, o me hubiera sentado en otra mesa en donde jamás hubiera podido fijarme en ella. Pero no. Las coordenadas eran perfectas.
- Dejá de mirarla, viste el tamaño que tiene el novio?, me advirtió Al, fastidiado por el sol y por mi baba.
- Es perfecta Al. No puedo dejar de mirarla.
- No me jodas el domingo, me ibas a contar de la novela que estás escribiendo.
- Bien, la novela?, sí bien. bárbaro.
- (ENOJADO) Bárbaro qué idiota? De que se trata, la estas terminando?, me recriminó Al, levantando la voz.
- No, en realidad no. Tengo casi todo escrito y casi todo disperso.
- Como ahora.
- En serio, es lo que me pasa siempre, nunca me conformo. Me aburro y a los quince minutos, apago la computadora. Me harta no poder ser claro.

Fue en ese momento, en el que le estaba contando a Al sobre la novela, cuando vuelvo la vista sobre esa morocha y, de golpe, la tenía parada al lado. Sacó una tarjeta con el logo del lugar (no quiero ya saber como mierda se escribe "restaurant") y me la dio. El fastidio de Al ya estaba al borde del escándalo, con soplidos de aburrimiento, el jugar con las botellas, sacándoles sonido con el tenedor.  

- Hola, me dijo en un acento británico que me deshizo. Soy la dueña del lugar. Te dejo la tarjeta.
- (TOME LA TARJETA) Gracias, sos muy gentil....
- Linda. Dijo ella de antemano.
- Hermosa.
- Linda Roberts, me respondió y nos dimos la mano.
Le presenté a Al, que ni la miró y apenas le dio la mano con fastidio. Linda saludó, dio una media vuelta con sus zapatos caros y se fue.
De regreso a casa, por suerte encontramos dos asientos en el Metro. Estábamos exhaustos. Caminamos demasiado mientras Al se desquitó  me contó con lujo de detalles como le estaba yendo en su negocio.
El Metro avanzaba. Yo metí la mano en mi bolsillo solo para volver a ver la tarjeta. En su reverso estaba escrito un número de celular y una sola palabra, que bastó para sanarme. "LLAMAME".
Olí la tarjeta para ver si tenía el olor a perfume de esa mujer. La sujeté fuerte. Sonreí con los ojos cerrados. Hacía días que a mi cara no le llegaba una sonrisa.

Gustavo Bonino