LA BELLEZA ESTÁ EN TODOS LADOS

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lunes, 7 de mayo de 2012

VOLVER A LA CASILLA DE PARTIDA




Cuando el micro cruzaba el puente de Brooklyn, cuando estaba llegando a casa (home), la dicotomía se abrió ante mi. Un pétalo de esa planta venenosa llamada yo, llamada tiempo, llamada Gina, llamada Al, pero pongámosle un nombre genérico y abarcativo, llamada "estar perdido",  me hizo tragar saliva. No todo era una aventurita. Mi vida era una mierda en este pétalo. No sabía de mi próximo libro, no sabía de amor, de amigos, de Patria, de hogar... Y Sin embargo yo tenía de un modo o de otro todo eso. De qué me quejaba?. Era el tener los mejores naipes y no saber jugar al juego. 
Por otro lado había otro pétalo en esta dicotómica vida mía. La de antes de venir a NY, la de los amigos, los bolichones, las mujeres (esos amores que nunca mueren, diría algún cantante), mi vieja. Podría poner a Gina  en la lista?.  No lo sé. Sí al Obelisco, a la calle Corrientes, a la pizza media masa. 
Dicotomía en la que debía optar. O hacer una mezcla entre ambas. Sacar algo bueno de todo eso. O tirar esa plantita a reverenda mierda y empezar de cero.

Tomé tantas decisiones fantasma en el camino... Supongo que alguna va a germinar, como ir a ver como va mi nueva novela, o escribirle a Gina, o volver a Buenos Aires, o no. 

El famoso micro del perrito galgo llegaba a la terminal de la calle 8 con la 42. Manhattan cien por ciento. 

Encontrar a Al en su negocio, desmejorado ya ni daba para ponerlo en alguno de los dos pétalos. "tengo un tumor de laringe, amigo", dijo, y apreté fuerte dentro del bolso unos habamos que le había llevado de regalo. "A la mierda", pensé. No dárselos es peor. Me abrazó con lágrimas. Le dije que de esa nos escapábamos juntos. Se rió. 
En un caminar lento para Al, dio un medio giro y abrió la puerta. No hacía falta explicación alguna. Los ladridos de una bestia negra y ese amor, que me pareció todo el amor del mundo se me vino encima y me volteó. Al, con algo de tos, celebró el encuentro con una ancha sonrisa y un puro entre los dientes. 

Gustavo Bonino

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