LA BELLEZA ESTÁ EN TODOS LADOS

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ES TODO LO QUE TENGO...

martes, 3 de mayo de 2011

AROMA, CAPRICHO DE LA MEMORIA



Llegué a Orange, alquilé un auto compacto,  tomé la ruta nacional número cinco, directo a Los Angeles.
Todo era confusión. Iba a Orange, no la Los Angeles. Pero cuando estás perdido, hacés lo que podés y no lo que elegís. Ir a Los Angeles no fue una elección. Perdido. Eso era. Perdido. Cuando uno está perdido, sigue un instinto. O el instinto te lleva a cualquier lado.
Cuando estás perdido, no se tiene nada que perder, cualquier lado da igual. Saltar del avión sin el paracaídas. Caída libre, que sea lo que el destino quiera.
De qué escapaba? El dolor o la bestia interior te sigue a donde vayas. No es cuestión de quitártela y guardarla bien planchadita en el closet. No. El dolor es parasitario. Vive pegado a vos. Y no se trata de que te guste o no. Se trata de hacerte fuerte. Creer o reventar, cara o seca, pelota y pared, imán y metal. Propiedad "adictiva". El dolor está siempre en tus espaldas.
Puse de inmediato, antes de ver el mapa, una hermosa versión del Requiem de Mozart que me regaló un amigo. Quizá merecía una "misa para los muertos", si alguien se apiadara de mí?. Lo perdido que estaba.
Pero me sostenía una circunstancia. Seguía en marcha. Apenas empecé a transitar Orange County, me gustó. Los Angeles era demasiada adrenalina para un tipo que necesitaba todo lo contrario, suero para sobrevivir. Cada tanto me saltaban lágrimas. Catarata natural. Gotas cayendo sobre una cara de piedra. Dura, firme. "Existirá la sonrisa?", me pregunté estúpidamente. Claro que existe!. No existía en ese momento. Pero aún tenía una carta válida en el truco que la vida me tendió. El ancho de espadas y dos cuatro de copas. Sí. Así de ambigua era mi realidad, la mejor carta del mazo y la peor, repetida. Pero Dios reparte y uno juega a lo que puede y nunca a lo que sabe. Dios es caprichoso, como los sabios.
Decidí quedarme a dormir en Stanton, una de las ciudades del Condado de Orange. El aroma a naranja se respiraba a través de la memoria, me trajo un recuerdo a San Pedro, cierta vez que fuimos de niños a acampar. Los aromas te transportan.
Como respirar el olor del pelo de una mujer y estar con todas a un tiempo.
Capricho de los sentidos. 
Un túnel desconocido me tendía la alformbra roja. O tal vez la de color negro. A esa altura solo tenía el ancho de espada, el aroma a naranjas y la asistencia, la caprichosa asistencia de Dios y su desafío al repartir las cartas.

Gustavo Bonino


1 comentario:

Sonate dijo...

De repente te subis al auto e inmediatamente la curva. Se trata de animarse y dar el volantazo. Ojo a no desesperar que en algun momento estaremos conduciendo con mas calma, en linea recta. Lo peor que nos puede pasar, decia el personaje de W. Allen en "Manhattan" es aprender algo de nosotros mismos. En ese camino esta el personaje?

Saludos

Darío