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martes, 17 de abril de 2012

TE PARA TRES...



Un día  del caprichoso orden de los días, despertó. Porque un lunes puede ser lunes en cualquier día del calendario, desde los Sumerios hasta este instante en que acaba de ocurrir un hecho inusual. 
Cerati. Gustavo Cerati. Gustavo Adrian Cerati. Gustavo Adrian Cerati Clark, despertó luego de más de un año de letargo. Un ACV, diagnosticaron antes de escuchar sus canciones unos medico venezolanos. Fuerza Natural. Despertó. En ese disco, él avisó que todo aquello ocurriría.
Cerati no cree en héroes ni amigos. Un puñado de gente con bajo nivel de prensa fue a llorar un rato al Fleni. Pero Cerati, el último delicado de Rock, no se lo creyó, ni siquiera en estado de coma. 
Cuando Gustavo Cerati despertó de su paseo de ensueño, pronunció un leve parpadeo. 
Lo primero que notó es que Buenos Aires estaba desierta. Una chorrera de enfermeros en postura afeminada, estaban tirados en el piso. Muertos. Un puñado de médicos de guardia con apellido de papá, lo mismo. Maquinas sonando solas, emitiendo pitidos interminables. se le vino a la mente una composición. 
Gustavo sonrió al ver el pasillo de su habitación. Ver jeringas tiradas, sondas nasogástricas, buterflys para sus venas, pisoteadas, como en una revuelta. El famoso y tácito poder de los objetos.

"El fin desdpués del fin", pensó Gustavo y sonrió. Estaba en bata y en uno de sus bolsillos había un atado de puchos. Encendió uno y riendo pensó "Y a cada paso sientes otro dejavú". 
Se calzó  unas chinelas que no eran de él. Seguramente serían de la vieja de al lado que padecía de una trombosis. Muerta.

Llovía. Eso vio Gustavo Cerati desde un ventanal de la clínica. Pensó en escapar. A donde? Si todo alrededor estaba muerto. La calle era un mar de chatarra. Autos destrozados, unos contra otros. Ya dije que llovía. Gustavo volvió sereno a su cuarto a buscar su sombrero Cerati, una de las tantas guitarras que algún fan dejó. Se le antojó una Yamaha C-70, criolla. Nada de estruendos. Nada de despertar a losque ahora dormían. No culpó a nadie. En todo caso el que no quiso manejar el asunto fue él. Solo quería tocar un rato.
Se fue a la ventana. Le pasó por la mente "TE PARA TRES" y la tocó. 

Enfermeros, médicos, fans, familiares, falsas novias y periodistas gratuitos, comenzaron a despertar. 
Todo estaba en su cabeza, en sus sueños. En lo más alto de su título de compositor. 
Mientras en la cama, Gustavo Cerati, hacía sus primeros movimientos, su voz única largaba las primeras estrofas, luego de tanto tiempo.  Un enfermero egoísta  que estaba de ronda, antes de llamar a los médicos, se sentó en una sillita a escuchar. Cantaron los dos. Cerati por última vez. La canción en un sueño dentro de un sueño. Para el enfermero sería su inexplicable primera canción. Habrá pensado en Chuang Tsu? Quien sabe. 

Gustavo Bonino

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