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domingo, 10 de agosto de 2008

SOBRENADA: CATARSIS TELEFÓNICA.




CATARSIS TELEFÓNICA

11:30 PM


Yo: Hey! Gracias por el mensajito del otro día. Me hizo bien...
Juanita: De nada.
Yo: En qué andas?
Juanita: En un orgasmo auditivo con Pedro Guerra a todo volúmen, mirando una ventana y una taza vacía de café.
Yo: Sos poeta hasta para decir cosas triviales.
Juanita: Es que escuchá esto… "pero si amanece y no estás conmigo todo es desorden y andan los fantasmas bailando risas con mis pies" ¿no es maravilloso? Pedro Guerra.
Yo: Lo es.
Juanita: (EMOCIONADA) Estoy volviendo a escuchar los temas bajo cuyos efectos escribí mi última novela.
Yo: (SONRIENDO) Todo es cíclico, no?
Juanita: Eso es una posta. Necesitaba recuperar ese clima interno de cuando la "engendré" ahora que va a salir a la luz es como recordar esa noche que hiciste el amor y de la cual quedaste embarazada del hijo que va a nacer ahora.
Yo: Bueno, difícil saberlo. Salvo que lo hagas una vez por mes, pero entiendo.
Juanita: suponiendo que sabés cuándo se te pinchó el forro y acá se nos fue toda la poesía a la merda...!
Yo: Es que yo jamás cogí sin forro. Perdón con forro.
Juanita: buaaaaaaaaaaah!!!!!!!!!
Yo: Jamás podría acabar. Es algo orgánico.
Juanita: (RIENDO) Orgásmico...
Yo: Ambas cosas.
Juanita: Bueno, espero que te hayas hecho muchos análisis hiv. Y tus amantes.
Yo: Hace una semana me hice el último y estoy sanito.
Juanita: Ok, bien. Acaba de pasar por la ventana el personaje de mi próximo corto. Cómo estás?
Yo: Bien, raro... todo junto. La vida me pasa con tu personaje. Indiferente.
Juanita: mmm. Qué necesitás?
Yo: Paz interior, creo. Más seguridad en mi mismo. Tal vez, dejar a Maggie.
Juanita: Vos parecés un tipo seguro.
Yo: Si, pero no confío en ella. Se me fue la confianza. Me hizo un par de cagadas y cuando pierdo la confianza en alguien, es muy difícil que me vuelva.
Juanita: lo hablaste con ella?
Yo: Sí.
Juanita: Escarbá más. Sentála y hablá hasta que lleguen al tema que necesitás aclarar o hasta el nivel de sinceridad que necesitás. Bah, yo de afuera no tengo autoridad para decirte qué tenés que hacer, vos sabrás. (UN SILENCIO) Hey! te perdí!
Yo: (VOLVIENDO A LA CHARLA) Te quiero Juani, sos demasiado buena. Pensaba en eso.
Juanita: Uh, no sé si está bueno que me digas eso.
Yo: Por?
Juanita: Siempre fue como un karma para mí eso de ser "demasiado buena". Es como que te quita atractivo ser demasiado buena, no sé como explicarlo.
Yo: No entiendo, sos una mina muy atractiva.
Juanita: Te convertís es una detestable "hermana menor querible" puajjj!!!!
Yo: Que raro que pienses así.
Juanita: No sé, siempre que no sé dio una historia con un tipo pensé que era porque había asomado mi faceta "demasiado buena".
Yo: No entiendo... Insisto.
Juanita: Son esos fantasmas que cada uno se va haciendo en su cabeza.
Yo: Si, claro. Las inseguridades que todos tenemos.
Juanita: Yo siempre sentí que ser demasiado buena es sinónimo de espanta tipos.
Yo: No, para nada. Es una condición de mucha seducción.
Juanita: vos creés?
Yo: Lo sé. Hay tanta histérica suelta.
Juanita: Entonces me crucé con mucho psicópata suelto.
Yo: Es probable. Sos buena persona, hay algo mejor que eso?
Juanita: En la teoría no. En la práctica, eso me convertía en la mejor amiga del pibe que me gustaba a mis 15 años.
Yo: sí, eso pasa. Y te vas llorando, con la canción de Banana Pueyrredón de fondo.
Juanita: A partir de ahí uno esboza una teoría y el resto de la vida cree estar ratificándola.
Yo: Pero uno no debe perder la condición por un tipo o una mujer.
Juanita: Eso no lo podés hacer porque está en tu naturaleza.
Yo: Tarde o temprano la persona correcta llega.
Juanita: Sí, pero cuando llega tarde, en el interín, casi se te va la vida literalmente, pensando que nunca sos suficiente o que venís fallada de fábrica.
Yo: Que loco, yo te veo linda, buena, todo. Y estoy seguro que muchos te ven así.
Juanita: Qué pelotuda, te cuento esto y lloro. Soy de moco fácil, qué va a ser...
Yo: Bueno, otra ventaja. Yo jamás logro llorar.
Juanita: Ojo, no me faltó levante pero adentro mío se hizo un mundo donde nadie me iba a querer.
Yo: Dios, vas a amar y ser amada muchas veces. Ademas estas con Andrés.
Juanita: Bueno, pero te estoy hablando de mis años negros, donde sentía que no era "amable" o "elegible"
Yo: ya pasó.
Juanita: Que nunca alcanzaba lo que tenía para ofrecerle a un tipo.
Yo: ya pasó.
Juanita: (EMBALADA) Es muy loco porque años mas tarde me enteraba por esos mismos tipos que yo era demasiado para ellos, pero ese es otro karma.
Yo:Más de lo mismo. Creciste y ahora sos una morocha que está buena... Honestidad brutal.
Juanita: Buenísimo, eso es lo que a veces (lamentablemente) se precisa escuchar.
Yo: Preferís estar fuerte a ser buena.
Juanita: Obvio.
Yo: Ahora la seguimos, dejé la comida en el fuego y se me quema.
Juanita: llamame en un rato. Dale.

1:30 AM

Juanita: necesito de tu ayuda urgente.
Yo: Para eso estoy.
Juanita: si?. Me llamabas en un rato... Pasaron varias horas.
Yo: En que puedo ayudarte?
Juanita: vos vas a decirme exactamente lo q necesito escuchar
Yo: ok
Juanita: tengo miedo con respecto a la novela.
Yo: miedo a qué, o miedo de qué?
Juanita: vos sabés...
Yo: voy a decirte lo que realmente pienso luego de haber leído la crítica.
Juanita: uh... pará q me acomodo
Yo: La novela va a ser un éxito. y te voy a explicar porqué.
Juanita: (SONRIE) dale. Me acomodo.
Yo: vos escribiste algo profundo, escribiste sobre los vínculos, sobre la capacidad de amar, más allá de las fronteras. Seguramente el editor captó la mitad de eso y ciertas delicadezas o giros no los pudo ver, porque los editores y los críticos son gente muy básica. La ventaja de todo eso es que el prologuista le devolvió el brillo con su mirada. Lo que tal vez pase es que no todos entiendan el trasfonde de la novela y la tomen como una comedia romántica, si se guían por los desastres de edición que te hizo la editorial. Lo cual no esta nada mal. Eso es lo que la gente quiere leer. Por eso la editorial la llevo a ese plano. Va a ser un éxito. No la cambiaron tanto.
Juanita: mmm... bueno, lo del éxito es relativo. En general la situación del libro es dura. Va a ser muy importante tener tu mirada cerca el día de la presentación. Agendá, 2 de Octubre.
Yo: Ahí estaré.
Juanita: Va a ser tranquilizador que estés.
Yo: ahí estaré.
Juanita: vos no tenés idea, o sí, podés intuírlo, todo el amor, todos los sueños y las tardes que estuvieron atrás de esa novela. Para mí es muy importante porque más allá de la novela en sí, es como la comprobación de que no hay imposibles. Yo me lo repetí desde la primer tarde que me fui a un bar a escribir después de mi primer clase de Narrativa y desde entonces, no pare un día ni dejé de soñar un día que alguna vez algo mío apareciera en los anaqueles de una librería.
Yo: llegó el día
Juanita: lo deseé tanto, le puse tanta garra, tanta resistencia. Porque pasé de todo.
Yo: Ya pasó.

Juanita: Porque hace nueve años que voy a escribir a un bar todos los días esperando esto y por esto que llega un punto en que se te naturaliza la situación de ir a escribir como si eso fuera el fin
como si ahí terminara todo y cuando se da en serio decís "la puta! lo logré". Empecé con un cuaderno, una birome, un café con leche, encerrada en un bar sin contactos y yo siempre escribí como si al día siguiente viniese el Sr. Editorial Planeta a buscarlo al bar, desesperado. Recontra inconsciente.
Yo: es la única manera. Escribir es una necesidad, no un acto de vanidad o de rellenar las tardes
Juanita: yo me volvía de las clases de narrativa llorando todo el viaje en tren te lo juro, porque no quería vivir más, porque me faltaba amor y me rompía todos los huesos. Era muy loco porque durante la clase de narrativa me sentía la mujer mas plena y después se me acercaba gente en el tren para consolarme porque yo no podía parar de llorar y me aferré a eso en un punto para salvar mi vida también o eso sucedió sin darme cuenta.
Yo: de qué salvaste tu vida? me interesa eso.
Juanita: hace cuatro años mas o menos. Yo estaba una mañana en Valencia y había quedado el cuchillo del desayuno arriba de la mesa y yo lo miraba y pensaba "me lo clavo y ya está, para qué seguir?". No era capaz de hacerlo pero no tenía nada, no tenía un amor, no tenía guita, no tenía laburo. Lo único q podía hacer era escribir y cuando empecé a estudiar narrativa, fue para salir de los ocho meses mas oscuros de mi vida, te juro que tragué polvo, es indecible por eso me conmueve tanto. Por eso la novela representa para mí haberme aferrado con los dientes a un sueño para salir del infierno.
Yo: No conozco un solo día en el que no haya pensado en suicidarme, aunque sea un instante.

Juanita: es que si yo hubiese sabido esto... yo pensaba "si me voy , si no estoy, no le cambia la vida a nadie"
Yo: Siempre hay alguien en el mundo que te está pensando. Como dice Juarroz: "pensar en alguien se parece mucho a salvarlo"
Juanita: "existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés" de la peli Princesas
Yo: Exacto. That´s the point.
Juanita: cuestión: tenía la menor posibilidad de que esto pasara, no tenía un punto contacto de nada, ni computadora, y creí. Era una locura, pero yo me la creí.... Iba al cine y saltaba de la butaca y decía "yo quiero estar del otro lado". "Quiero escribir esa historia!". Transformé todo ese dolor que pasé en la novela que habla de la soledad en el fondo. A mi me quedó el corazón en la mano y lo exprimí arriba de la computadora.
Yo: Escribir es un acto de mano suelta, me dijo un maestro hace poco.
Juanita: y la escribí con la ilusión de que a otro le tocara algo.
Yo: Después soltá y seguí con otra cosa. pero está bueno que te tomes este mes hasta que se haga la presentación.

Juanita: si, un preparto.
Yo: un mes de mucho sentimiento.
Juanita: por eso es que necesito prepararme.
Yo: No te prepares (consejo).
Juanita: Tenés razón.
Yo: Relajá y dejá que salga.
Juanita: Sí, sí, mejor. Toda la razón
Yo: Es como disparar. Uno debe estar relajado hasta el momento de apretar el gatillo, sino perdés el enfoque.

Juanita: claro, en realidad, es un mes de relajar. Che, si no salgo ya a caminar imploto. Gracias por estar y por escucharme.
Yo: chau, andá a caminar.
Juanita: estoy para lo mismo, te presto mi oreja cuando quieras.
Yo: Lo sé. Beso.

Juanita: Qué vas a hacer ahora?
Yo: Es muy tarde. Momento ideal para matar alguna idea frente a la computadora. No sea cosa que la idea me gane de mano y se salga con la suya...
.
GUSTAVO BONINO

viernes, 25 de julio de 2008

SECCIÓN: CON USTEDES... - EL ARTE DE COCINAR CONTANDO...





EUFORIA DE CHOCOLATE.


Esa noche finalmente, él la había invitado a cenar.Dudó mucho, tal vez de más. Ella no iba a aceptar, pero algo fuerte le decía que tenía que ir. Ella también dudó. Tal vez de más.Él empezó batiendo a blanco 6 huevos con 130 grs de azúcar. Ella llenó su bañadera, puso música y comenzó un baño que duraría 38 minutos. Él puso a baño maría 500 grs de un buen chocolate con 250 grs de manteca. Ella jugó con la espuma. Se hizo peinados, hizo burbujas, se sintió niña. Él fue fundiendo el chocolate con la manteca, mezclando con una cuchara de madera, haciendo ochos, moviendo ligeramente la cintura. Ella se puso perfume en los lugares de siempre: el cuello, el pecho, las muñecas y en las rodillas. Él unió las dos preparaciones anteriores, le agregó crema, leche y harina en forma de lluvia. Ella se aseguró de que esa noche la cosa no iba a pasar a mayores. O sea no se depiló, a proposito. Él llevó la preparación al freezer durante 15 minutos, para que tome cuerpo. En paralelo enmantecó y enharinó moldes individuales y los llevó a la heladera, para que tomen frío y la preparación luego no se le pegue.Ella eligió los mejores zapatos. Él mezcló de forma pareja y pausada, cuidando de que la crema no se corte. Ella se cambio de ropa 7 veces. Finalmente se decidió por lo primero que se había probado. Quería estar linda, pero no tanto. Él llenó los moldes y los puso en el horno que estaba a 230º. Supo que a los 8 min el Fondant estaba en su punto justo, cocido por fuera, pero apenas crudo por dentro. Ella está lista. Él preparó todo. La cena transcurrió rápido. El preparó algo moderado y fácil de comer, cosa de llegar rápido al postre. Charlaron de música, viajes, viejos amores. Ella se rió de sus chistes por compromiso. Él la veía más linda. Ella se sintió cómoda como hace mucho no lo estaba. Él lo tenía todo pensado. Ella probó el postre. Algo empezó a manifestarse dentro de su cuerpo. El chocolate parecía frío y caliente a la vez. Con la segunda cucharada una sensación extraña ocurrió en la punta de sus dedos. La tercera hizo que se aceleraran las pulsasiones, sus púpilas se dilataran, llego a sudar un poco. Recordó una voz diciendo: ¨el chocolate estimula la sensación de euforia, y aumenta los sentimientos de amor y romance.¨ Definitivamente algo le estaba pasando. Ella lo miró directamente a los ojos.Se miraron intensamente. Las palabras sobraban hace rato. Él se acercó cada vez más, ella cada vez más confundida tomo otra cucharada y cuando levanto la vista, sus bocas estaban cercanas. Los nervios, o quizás la confusión, o seguramente las dos cosas, hicieron que ella se levantara, pidiera disculpas y saliera a la calle, todo antes que él se diera cuenta lo que había ocurrido.Ella, decidió hacer el postre en su casa. Sola, para ver si revivía ese revoloteo que sintió esa noche y confirmar así la teoría sobre los efectos del chocolate o ver si era que algo le estaba pasando con él.El postre se llamaba “volcán de chocolate”. Después averiguando descubrió que su verdadero nombre es “fondant au chocolat”, un tradicional postre francés.Ella empezó batiendo a blanco 6 huevos con 130 grs de azúcar. Él seguía tratando de entender lo que había pasado, revisando cada paso de su receta. ¿Qué había salido mal? Ella puso el chocolate y la manteca a baño maría. Él llamo a un amigo, y le contó lo sucedido buscando un consejo. ¿qué debería hacer? Ella sintió una especie de cosquilleo recorriendo su cuerpo cuando el chocolate empezó a despegar su dulce aroma. No era igual de intenso que en la cena, pero algo había empezado a suceder. Él llamo a una amiga, le contó lo sucedido, en busca de un consejo. ¿Qué debía hacer? Ella vió como de a poco empezaron a mezclarse los colores, se empezó a divertir. A ver como las diferentes texturas se juntaban para formar una nueva. Él decidió darle un tiempo. Ella se dio cuenta de que estaba hecho por que al pincharlo con un palillo este salió un poquito húmedo. Lo acompaño con helado de pomelo, lo comió apenas salió del horno, como debe ser, sino pierde la gracia. Lo probo. Se dio cuenta en la primera cucharada. Esta vez no dudo. Lo llamó. Quedaron en verse esa misma noche. Colgó el telefono y empezo a depilarse. Por las dudas.

Si querés seguir disfrutando, hacé click acá...




jueves, 17 de julio de 2008

AUDIO: CONFERENCIA DE BORGES SOBRE LA CEGUERA


CONFERENCIA DE JORGE LUIS BORGES SOBRE LA CEGUERA.

Hacé click acá y subí el volumen... Vale la pena escucharlo...

http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2008/06/audio-jorge-luis-borges-la-ceguera_12.html

Qué lo disfruten!

Gustavo Bonino

sábado, 12 de julio de 2008

SOBRENADA





SOBRENADA


Me acabo de despertar. Es sábado, doce y media del mediodía. Aún no sé porque escribo esto. Aún no sé porqué escribo.
Acabo de recibir un mensaje de mi hijo que dice "pa toy en ksa, q t pasó". Después de unos segundos descifré el mensaje. "Papá estoy en casa, ¿qué te pasó?". Lo que me pasó es que me quedé pensando en el idioma.
Anoche, viendo una serie, el protagonista le dice a una mujer "I was googled you". Algo así como, "te estuve buscando". Y no la estuvo buscando vía internet, salió a la calle, de noche, a buscarla. Usó el término GOOGLE. Y lo conjugó en pasado como verbo regular. Curioso.
Hoy por hoy (hoy x hoy) debe ser la palabra más pronunciada en el mundo. Fui a Google y busqué la palabra Google. Aparece dos mil ochocientos diez millones de veces.
Me quedé pensando. Era tarde, mi novia se había ido a un recital y yo, en casa, tratando de buscar inspiración, viendo una serie que trata sobre un escritor atascado. Nada menos estimulante que eso. Pero así funciono a veces. Busco aliados en los libros, en las películas, (jamás carnales) con quienes compartir las horas en las cuales no tengo la voluntad de sentarme a escribir. Si compartiera esto con una persona y no con un personaje, me estancaría más. El otro siempre es un ser egoísta. Todos tenemos la necesidad desesperante de ser escuchados. Por momentos me parece estar viviendo en un mundo habitado por monologuistas. Todo lo que se dice es para gustar o agradar a alguien. Es decir, hablamos para justificarnos. Para ser admirados u odiados. A veces creo que el fin último del discurso de los hombres es cosmético. Las palabras salen del orador, tocan el oído del receptor, lo seducen pero no quedan ahí. Vuelven al orador que las abraza, feliz de su criatura.
Seguramente este texto está siendo escrito para que alguien lo disfrute. Y el halago hacia él me reconforta más por sentirme querido o admirado, que por haber conmovido (movido con) a otro.
Volviendo a mi estancamiento. Estoy falto de imágenes? De ideas? No. Me sobran. Me pasan dos cosas en esos momentos:
No tengo idea de cuál es el motivo del estancamiento. (Tengo muchas sospechas, ojo).
Me rehuso a contarlo, para que no me recomienden el psicoanálisis. Aún recuerdo las palabras de Ciorán en el libro SILOGISMOS DE LA AMARGURA: "El psicoanálisis degrada nuestros riesgos, nuestros peligros, nuestros abismos; nos despoja de nuestras impurezas, de todo lo que nos hacia curiosos de nosotros mismos".
Salí a buscar a mi novia. En el recorrido de San Isidro a Palermo puse la radio. En el programa, el conductor jugaba con los oyentes el siguiente juego: les daba dos opciones, por ejemplo, pizza o caramelo. El oyente tenía que elegir, que pensar, cual de las dos palabras figura más veces en GOOGLE. Ganó pizza, por lejos.
Qué curioso. Parece como una especie de prestigio aparecer en google. Supongo que en una escala de valores de éxito, la persona que figura más veces es más conocida que la que no aparece.
En estas épocas, en la que el viejo Sartori dio en llamar al hombre: homovidens, hombre video, reemplazando al homosapiens, hombre que piensa, no solo cambió la forma de hablar, el habla digital (ksa = casa), sino que también cambiaron los valores. Se es más importante por figurar en Google. Mi hijo, hace un tiempo atrás, no quería ir a la casa de un amigo porque no tenía computadora ni Play Station. O sea, no tenían una pantalla con la cual interactuar. Se veían en la necesidad de conversar, de conocerse.
Me pienso un dinosaurio antes de la glaciación, de la extinción. Feliz por conocer el nuevo y el viejo mundo. Inquieto por descifrar que nueva forma de comunicarse tendrán las generaciones venideras.
Llegué a Palermo. Mi novia estaba con una amiga. El recital estuvo bueniiiisimo!!!!. La ví sonreír con esos enormes ojos verdes, feliz.
Me hubiera quedado horas contemplando esa imágen, que era tan real. Que no estaba en ninguna pantalla, ni sonreía para la cámara.

Gustavo Bonino

miércoles, 2 de julio de 2008

NOTA: MATARÁS A TU ÍDOLO. MANDAMIENTO NO ICLUÍDO




MATARÁS A TU ÍDOLO.


La pregunta es simple y directa. ¿Por qué el mundo necesita ídolos?. ¿Qué magia se oculta detrás de esa palabra esdrújula y singular?
Una respuesta válida podría ser: Porque la gente necesita, desde tiempos inmemoriales, creer en alguien. La adoración a los dioses viene años más, años menos, desde el año 3000 A.C. con los Sumerios, tal vez. Este dato es impreciso, como lo es la historia, que es pasado narrado por subjetividades. Probablemente el hombre prehistórico ya adoraba a su ídolo, a quien consideraba superior, una entidad divina. Pero en todo caso, ese "alguien" no pasaba de un monolito o un animal de determinadas características protectoras. (Los Egipcios pre-históricos , por ejemplo).
Depositar nuestra esperanza en alguien que nos va a salvar de "TODO". Palabra ambigua. Abstracta y abarcadora a un tiempo.
Pero vayamos un poco más allá. ¿Por qué necesitamos creer en alguien? ¿Por qué la necesidad de inventar, de construir, de elevar a los ídolos?
El ser humano es pasional. Su instinto lo lleva a querer transgredir y por la imposibilidad mediática de logarlo por medios propios, se lo encarga al ídolo.
Pero también es perverso y no hay sonido que nos guste más que el del ruido de la caída.


¿Qué es un ídolo?
Según la Real Academia viene del latín IDÓLUM. Persona o cosa amada o admirada con exaltación.
Me detengo en esta última palabra: EXALTACIÓN y vuelvo al diccionario.
Exaltación: Gloria que resulta de una acción muy notable. Esto significa que cuando dicha acción cede o es olvidada, muere la razón por la cual adoramos ciegamente al ídolo. La tensión decrece. No nos entretiene más.
Un ídolo -a mi entender- es un elegido en determinado momento cultural, socio-político y/o económico para cubrir cierta necesidad insatisfecha.
Cuando se crea el hueco de la falencia, el hombre, animal inteligente, rellena ese espacio, ese hueco con un ídolo que cumple con las características.
Lo curioso (o no tanto) es que el ídolo pasa de ser una necesidad imperiosa a un ser descartable. Dura mientras dure la necesidad para la cual está designado -intangiblemente- por sus seguidores. Sus fieles. Los mismos que lo sacan del barro, lo suben al trono, le ponen la corona de oro y luego, en un paso fugaz de tiempo, se la arrancan y se la cambian por la de espinas.
Entonces el ídolo, quien en su momento de reinado es "palabra santa", cuando abdica es "palabra prohibida". En otros términos, sube entre algodones a un firmamento ilusorio y baja a garrotazos a la realidad del barro de donde salió.

Casos sobran. Veamos algunos.

Monzón: Hacía tiempo que no teníamos un campeón argentino bien popular. Las luces de Fangio ya estaban apagadas y Reutemann que era un eterno segundo. Un verdadero profesional, pero era -como decirlo- un “tibio”. Hasta que apareció Monzón. Campeón indiscutido del boxeo mundial, con 14 defensas del título. Luego, miserable asesino. Cobarde que le pegaba a las mujeres. Lo más triste es que es cierto. Pero Monzón le pegaba a sus mujeres cuando fue campeón del mundo también. Solo que ahí nadie dijo nada. Necesitábamos un campeón mundial en algo. Lo teníamos. ¿Que podía significar un cachetazo “sin querer” del campeón, al lado de 14 defensas del título?. Nada. Perdonado. Hasta que dejó de boxear y ahí lo bajamos del altar. Y esperamos a que se equivoque para que vuelva a ser noticia. Y lo fue. Hicimos leña de él. Los que se sacaban el hombro del lugar para vitorearlo en el Luna Park y gritarle “dale campeón”, esta vez quedaban afónicos de tanto gritarle “asesino”. Monzón dejaba el boxeo en 1977. Años más tarde terminaría preso y destronado.

Ahí apareció Vilas que lo ganó todo. Pero como el tenis no es tan popular, ni es deporte de masas, seguimos esperando al Mesías. Maradona y el concepto "Dios es Argentino".


Maradona: Pensemos en una Argentina que venía de ganar un campeonato del mundo. En la grandilocuencia que nos caracteriza a los argentinos. Pensemos luego en el fracaso posterior. El mundial del 1982. Ese año en que también perdimos algo que nunca tuvimos. Las Malvinas. "Nadie pierde lo que no tiene" diría Borges. Y salimos a festejar una batalla perdida sin reparar que lo que se perdió fue la conciencia y miles de vidas. 1982, año en donde se gestaba la democracia poco a poco. La gente enardecida, saliendo a la calle hasta que el gobierno De Hecho no aguantó más y negoció.
De 1982 a 1986 apareció Maradona. Desde ese entonces hubo grandes jugadores, pero “El Diez” fue Maradona. Apareció para llenar de magia tanta cosa mal hecha, tanta ausencia, tanto hueco sin tapar. Tanta infelicidad.
Y vino el Mundial 86 y Maradona que nos hizo saltar a todos, a los de Boca que lo amaban, a los de River que lo odiaban. A todos. Fue el embajador argentino en el mundo y hasta Fito Paez le hizo el primero de decenas de himnos que vinieron después.
Pero todo esto ocurrió tan rápido, que nadie reparó que Maradona era un chico sin estudios, de condición humilde. Nadie se dio cuenta, ni el periodismo, ni el merchandising, ni los gobiernos que comieron y respiraron a través de él, que Maradona, el chico de 26 años que subimos hasta lo más alto del altar, no estaba preparado para vivir semejante vértigo. Nadie puede saltar de un catre a una Ferrari sin que el mundo se le desacomode. Seamos honestos. Pero Maradona seguía ganando títulos con el Nápoles y hasta casi nos da otro mundial que le dieron a los alemanes, que también necesitaban una alegría y un encuentro entre ellos, luego de la caída del muro. Como nos dieron el Mundial 78 a nosotros. Maradona no pudo contra eso.
Le dieron el poder y lo tomó. Le dieron la palabra y habló. Dijo verdades que incomodaron. Entonces ya no fue un ídolo. Fue el negrito de Villa Fiorito. Cometió atropellos, cayó en la droga; errores propios del mareo de estar tan alto. Ya no ganó más campeonatos y entonces la gente dejó, poco a poco de rezarle. Ya no es noticia. Ahora mide más rating llevar a lo de Tinelli un lindo culo que llevar a Maradona panzón (Salvo que Maradona se ponga a bailar y caiga en el juego de la mascota divertida). Maradona ya no sirve, salvo para cubrir los huecos vacíos del periodismo.
Nunca pudimos entender que cuando comprás a alguien, lo compras entero. Maradona sin la droga, sin sus declaraciones, es Pelé o Zidane, un respetable Príncipe. No Maradona, el Rey. Sí los reyes también se equivocan y por eso no dejaron de pasar a la historia como tales. Pensemos en Carlos V, en su hijo Felipe el Hermoso, en los Luises pre-revolución francesa. Nunca podremos entender que nosotros le dimos la palabra y lo mareamos para que caiga en la droga. Y hablo en un sentido figurado. Porque no faltará el tarado que diga “Yo no lo obliué a drogarse”. Sí, tarado. Sí lo hiciste, cuando junto a muchos otros millones, tiraste de la soga y lo elevaste hasta el peldaño más alto. Mientras ganara campeonatos, le festejabas todos los abusos y no era un drogadicto. Era un rebelde que puteó a los italianos y te defendió cuando insultaron el himno argentino.

Tenemos ídolos para todos los gustos. En la música a Charly García. Ahora es un “desastre que no sabe nada de música”. Estamos hablando del letrista más prolífico que tuvo la historia de la música de este país. Un niño genio que tocaba a los clásicos en el piano a los seis años. Un tipo que nos dio identidad en la cultura Rock. Pero Charly García es un estúpido que se pinta con aerosol. Está loco. ¿Acaso no lo sabíamos? ¿O nos espantamos recién ahora con sus desmanes?. Somos hipócritas. Nos reímos de una persona de la cuál tenemos guardados todos sus discos y de la que muchos de nosotros está tan lejos (en términos de talento) cómo de las palabras memoria, gratitud, sinceridad. El mismo Charly lo dejó claro en una de sus canciones: "Todo se construye y se destruye tan rápidamente, que no puedo dejar de sonreír... Es parte de la religión, mentir".


Pero no nos sorprendamos. La historia vomita casos: Borges (nos detenemos a pensarlo como un traidor, un arrogante, antes que apreciarlo como a un genio y los que lo tildan de genio, no lo leyeron), Hitler (para el propio pueblo alemán, ídolo y tirano), Galtieri (Cuando tomó Las Malvinas, fue un valiente. Después fue un borracho. Pero la gente no lo quiso ver, prefirió llenar la plaza y gritar desde la cómoda Buenos Aires: Viva la Patria!), Wilde (era homosexual en la época victoriana, importaba más su conducta que su talento) y la lista sigue. Interminable.

Gustavo Bonino

Sí te interesa el tema, dejá tu comentario, por favor.






jueves, 5 de junio de 2008

ENTREVISTA A FRANZ KAFKA





ENTREVISTA A FRANZ KAFKA (Esta entrevista pudo haber sido real).


GB: La mujer más fascinante que haya conocido...

K: Milena, a veces.

GB: La menos...

K: Ninguna. Tal vez mi pobre madre... siempre tan servicial... No lo sé.

GB: Por qué la Metamosfósis?

K: Para no matarme. La vida me agobia.
GB: Eligió bien, se lo aseguro.

K: Siento mucha curiosidad por el protagonista.

GB: Se siente realmente una cucaracha?

K: Usted no?
.
GB: No.
.
K: Creo que acaba de delatarse.

GB: Todos tenemos un grado de optimismo.

K: Por suerte, El mío se ha evaporado.

GB: Cómo es la relación con su padre?

K: Con quién?

GB: Con su padre.

K: De jerarquías.

GB: No lo entiendo.

K: Yo tampoco.

GB: En qué está trabajando ahora?

K: Leo. A veces me da por escribir. Amigos me alientan.
.
GB: Qué escribe?

K: Cuentos y una novela.

GB: podría adelantarme algo?

K: Empecé escribiendo sobre sobre la sociedad de Praga pero creo que se ha transformado en una autobiografía. Algo espantoso y mal escrito. Créame.
.
GB: Se considera desdichado?

K: No hay un día que no me sienta así.
.
GB: Se siente solo?
.
K: (PIENSA) Sí.
.
GB: Cúan solo?
.
K: Tan solo como Franz Kafka.


Gustavo Bonino

martes, 3 de junio de 2008

ENTREVISTA AL DR. RICARDO BARREDA.




ENTREVISTA AL DR. RICARDO BARREDA (Esta entrevista pudo haber sido real).


GB: GUSTAVO BONINO
B: BARREDA

GB: Culpa?

B: A quién? Nadie es culpable.

GB: Digo, si siente culpa?

B: No, como ya dije. Siento un gran alivio.

GB: Y su pasado, lo atormenta?

B: Qué parte de todo mi pasado?

GB: El pasado trágico en el cuál mató a cuatro de sus familiares, Dr. Barreda.

B: No, todo quedó en un perfecto equilibrio.

GB: Es un poco extraña su idea de equilibrio.

B: Por qué lo dice?

GB: Porque usted sigue vivo y sus familiares no.

B: Y salí perjudicado por eso, créame. Pero los perdono.

GB: Explíqueme, por favor.

B: Claro. Además de haber vivido torturado por medio de calumnias, insultos e injurias durante años en los que trabajé duro para mantener a cuatro personas que solo vivían de mi esfuerzo, tuve que pagar la justa compensación de sus muertes con 16 años de prisión.

GB: No lo comparto. Yo lo siento como al Dr. Hannibal Lecter del "Silencio de los Inocentes". Vio la película?

B: Muchas veces. Gracias.

GB: Por?

B: Por el halago.

GB: Lo dice en serio?

B: Soy un hombre serio.

GB: Quien sería su próxima víctima si pudiera volver a tener la escopeta en sus manos?

B: Esta vez no usaría una escopeta.

GB: Entonces?

B: La lectura me enseñó que la palabra es el arma más letal de todos los tiempos.

GB: Y su víctima?

B: (ríe) Creo que usted si sigue haciéndome preguntas tontas.

GB: Está bien. Voy a preguntar con más inteligencia.

B: Se lo agradezco mucho.

GB: Se sintió cómodo en la cárcel?

B: Esa es una buena pregunta. Fíjese que sí. No hay un lugar más seguro que aquel en donde el mañana está garantizado. Tendrás techo y comida pase lo que pase y, sobre todo, se podrás pensar, meditar. Lejos de la locura en la que afuera, se comen unos a otros, como leones en una sabana desierta de antílopes.

GB: Vivir en una celda no es muy agradable.

B: Usted lo ha hecho?

GB: No, pero eso dicen todos...

B: Todos... esa palabra es muy artificial. No me gusta lo genérico.

GB: Sintió miedo de que lo maten?

B: No, siento una profunda paz.

GB: Alguna vez sintió miedo?

B: Sí, cuando vivía con mi familia.

GB: Es feliz, Barreda?

B: Sí, cuando leo.

GB: Su autor favorito?

B: (Piensa) Niezscthe, definitivamente.

GB: Es una obra extensa.

B: Tuve tiempo de recorrerla toda.

GB: Qué es lo que más rescata del pensamiento de Niezscthe?

B: Qué hay que ayudar al débil a perecer. Es una ley natural.

GB: No es muy caritativo de su parte.

B: A eso apunto. La caridad es denigrante.

GB: De acá en más, que le espera?

B: Esa pregunta ya me la hicieron antes de que ocurriera el hecho que me hizo popular...



miércoles, 21 de mayo de 2008

POESIA - QUIETUD


"Sin salir por la puerta, se puede conocer el mundo..."

Del Tao Te King

QUIETUD


Estoy extinto.
Esta vida vulgar
que me chorrea,
que se me pega
como la etiqueta
de un viejo insecticida.
Esta nada en la acción,
drama palpable
en donde todos
debemos hacer antes que ser.
Movilidad gelatinosa,
fábula sin moraleja,
tigre sin dientes,
una lucha de lunas apagadas,
la agresión del paralítico,
una revolución en estado de coma.

Estoy extinto,
montado en una ola que no moja.
Ratón sin cola, gato sin bigotes.
Radar ciego, sordo y mudo.

.

Gustavo Bonino

Mexico D.F. , Diciembre de 2005

sábado, 17 de mayo de 2008

POESIA - 1964 (Jorge Luis Borges)


1964

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.


II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
//


Jorge Luis Borges


viernes, 9 de mayo de 2008

INSTANTÁNEAS - DISTRACCIONES


Mujer dio un billete de cien y le devolvieron veintitrés. Bufando, hizo un rollito y se lo metió en el corpiño beige, entre cadenitas cristianas y unas tetas enormes. Vecina se persignó.


Mujer
Qué caro todo. Antes con veinte, treinta, llenabas el chango.


Vecina
El perejil te lo regalaban, y los menudos...


Mujer
Ni con los militares estuvimos tan mal...


Vecina
Te parece?, Nelly perdió un hijo. (JUSTIFICA) Igual... Era raro.


Mujer
(TOCANDO UNA PALTA) Era raro...


Vecina
(SEÑALANDO EL INTERIOR DEL CHANGO DE MUJER) Ojo nena, que con esos tomates no hacés salsa. Están verdes...


Gustavo Bonino




miércoles, 7 de mayo de 2008

INSTANTÁNEAS - MATRIMONIO


La línea rojiza, ganándole al tiempo, corre tibia por la irregularidad de las sábanas, hasta cegarlos.

MUJER
(AL OÍDO) Café oscuro o con leche?

HOMBRE
(DORMIDO) Pudiste haber llamado...

MUJER
Con lo que hice anoche estamos al día. Y te sobra para las carreras.
Gustavo Bonino

martes, 6 de mayo de 2008

NOTA - MITOLOGIA PORTEÑA


Personajes fabulosos o fantasmagóricos, con orígenes fundamentados en la historia o generados en rumores, ya forman parte de la identidad de cada barrio porteño.


Guillermo Barrantes y Víctor Coviello son dos jóvenes escritores que rastrearon leyendas urbanas inéditas y las plasmaron, con espíritu detectivesco, en el libro "Buenos Aires es Leyenda". "Con los mitos pasa algo similar a la teoría de la supervivencia del más apto de Darwin: es la supervivencia de la historia que más le gusta al oyente. Alguien puede escuchar tres versiones de una misma historia y se va a quedar con la que más le gusta y ésa es la que va a reproducir", explica Barrantes.


El gigante de Once que salva vidas

Según cuenta una historia de larga data, por las calles de Once vaga un personaje de casi tres metros de altura que cuida a los habitantes del barrio. Este gigante "bonachón" ha salvado a víctimas de choques y ha espantado a más de un malhechor, o al menos esto es lo que narran los vecinos de Balvanera que confían en su presencia protectora.Algunos afirman que este ser es el mismísimo Golem, un hombre artificial creado en el siglo XVI por un rabino de Praga, llamado Judah Loew ben Bezabel. Si bien la historia oficial habla de un solo Golem, otros afirman que Bezabel creó trece de estos humanoides de arcilla y que uno de ellos llegó a Buenos Aires, de la mano de un rabino, con los inmigrantes judíos.De allí en más, la historia se bifurca en varias versiones: algunos cuentan que antes de morir el rabino encerró al gigante en una habitación a la que nadie puede entrar, que estaría en el anexo de un hospital, en Caballito. Otros creen que vive en un callejón oculto, que podría ser el pasaje Colombo o el Victoria. De una u otra forma, hay vecinos que aseguran que el gigante le salvó la vida a más de uno.


Dulce venganza arquitectónica

Esta es la historia de dos familias enfrentadas que dejó sus huellas en Retiro. Los Anchorena, que vivían en el actual Palacio San Martín con 150 sirvientes. Y los Kavanagh, adinerados, aunque no patricios. Hacia 1920 los Anchorena construyen la iglesia del Santísimo Sacramento como futuro sepulcro familiar. Cuenta la leyenda que uno de los Anchorena se enamoró perdidamente de una Kavanagh, aunque el romance no fue aprobado por su familia. Corina Kavanagh decidió una venganza arquitectónica: en Florida y San Martín, ordenó la construcción de un edificio cuyo único requisito era que impidiera la vista desde el palacio Anchorena a la iglesia, objetivo que aún cumple el edificio Kavanagh. "Incluso, si alguien quiere mirar de frente la actual basílica del Santísimo Sacramento, debe pararse en el pasaje "Corina Kavanagh", relata Eduardo Lazzari, presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre.


Ajos contra el enano vampiro

Se trata de uno de los relatos más fascinantes del libro “Buenos Aires es leyenda”. Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares a fines de los 70. Belek, que provenía de la zona de los Cárpatos –como el conde Drácula–, fue expulsado luego de que el dueño del circo, Boris Loff, el Hombre Bala y la Mujer Barbuda lo encontraran prendido al cuello de Vera, una mono tití.Pero el mito de Belek, el enano vampiro, apenas comienza allí.El verdadero horror se desató cuando se refugió en una casa semiabandondada del Bajo Flores y los gatos del barrio comenzaron a desaparecer misteriosamente.La leyenda cuenta que la gente protegió sus casas con ristras de ajo y todos llevaban crucifijos por miedo a sus ataques. Una noche de invierno, los hombres del barrio cazaron al enano vampiro con la red de un arco de fútbol, cerca de la estación Flores, pero se les escapó. Aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sigue haciendo de las suyas.El castillo de los amantes trágicos


En Campana al 3200, cerca de las vías, se alza el enigmático “Castillo de los Bichos”, llamado así por las molduras con formas de animales. A principios del siglo XX perteneció a la familia italiana Giordano. Lucía, la única hija, conoció a un violinista, Angel Lemos y el romance no tardó en surgir. Se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados disfrutaron del banquete.Hacia la madrugada, la pareja advirtió que el auto que los debía trasladar no estaba en la puerta, sino unos pasos más allá de la casona, cruzando las vías: un detalle que se convirtió en tragedia, ya que un tren los arrolló. Isabelino Espinosa, de la Junta de Estudios Históricos de Villa del Parque, cuenta que los ocasionales ocupantes de la casona salían despavoridos, asustados por los gritos desgarradores de una joven mujer y un violinista.


Se buscan los ojos de un hombre

Por los vagones de la línea Mitre deambulaba un hombre sin párpados.Según dicen, siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan y murió en circunstancias de lo más raras. Para algunos, contrajo una terrible infección en los ojos. Para otros fue víctima de un accidente o, peor aún, se suicidó arrojándose a las vías. Barrantes y Coviello cuentan que, cuando investigaron este mito, les llamó la atención encontrar que de las ocho personas que estaban en el andén, seis de ellas miraban los rieles, como si estuvieran buscando los ojos del hombre sin párpados, a los que algunos les atribuyen poderes.Felicitas, la iglesia y su fantasma. Joven y bella, Felicitas se casó en 1862 con Martín de Alzaga, un hombre mayor y acaudalado. Al año siguiente, y después de perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda. Tenía apenas 26 años, una de las fortunas más grandes de la Ciudad y muchos pretendientes. Uno de ellos, Enrique Ocampo, supo que un rival, el estanciero Samuel Sáenz Valiente, era el verdadero amor de la dama. Enfermo de celos, Ocampo le disparó a Felicitas un tiro por la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir en homenaje a su hija una capilla. Está en Isabel La Católica, entre Pinzón y Brandsen.“Es una historia trágica de amor que dio lugar a muchos mitos”, cuenta Diego Ziggioto, a cargo de la empresa Horizontes que realiza circuitos turísticos no convencionales. Los vecinos dicen que cada 30 de enero, fecha de su muerte, aparece el fantasma de Felicitas, que vaga ensangrentado.“Muchas mujeres cuelgan cintitas de la reja, porque si uno se agarra fuerte conseguirá el amor de su vida, y si ya lo tiene, lo conservará. Es una de las historias preferidas por las chicas, que corren a agarrarse de las rejas apenas la escuchan”, dice el guía.


Cuando el Borda se llenaba de luz

Solaris, el ser de otro planeta que llegó al Hospital José T. Borda e iluminó a los internos con sus fiestas energéticas” también alimenta los mitos porteños. Durante su estadía en el neuropsiquiátrico, Solaris –a quien describen como alguien delgado, de ojos grandes, muy blanco y completamente lampiño– se reunía con alrededor de 50 internos para recitar un mantra. Durante el rito, los testigos afirman que parecía iluminarse.Si bien los médicos tienen argumentos para explicar este caso, hay hechos oscuros.Aparentemente, Solaris –quién desapareció un 25 de diciembre– dejó escritos indescifrables que, a pesar de ello, tienen coherencia interna.Además, cuentan que el grupo sanguíneo de este hombre que decía ser un alien no encaja con ningún patrón conocido.


En la Costanera vive el Reservito

Así como el Lago Ness de Escocia tiene su propio monstruo y el Nahuel Huapi esconde al suyo, algunos aseguran que en la Reserva Ecológica Costanera Sur también habita un animal misterioso, mitad rata, mitad perro, apodado “Reservito”.Una de las hipótesis que se barajan afirma que los reiterados incendios que azotan a la Reserva son producidos intencionalmente con el objetivo de liquidar a Reservito, que en más de una ocasión atacó a algún desprevenido.“Si la gente cree, el mito existe. A veces son historias inverosímiles, pero las creemos igual, yo incluido –dice Víctor Coviello–. Cuando paso por la Reserva Ecológica no puedo evitar pensar a ver si mi ataca el bicho ése”.

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Buenos Aires el leyenda, de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello.

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domingo, 4 de mayo de 2008

RAYUELA, CAPITULO 7. JULIO CORTÁZAR


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua."
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Julio Cortázar

martes, 29 de abril de 2008

POESIA . LIANAS


Lianas…

De uno a diez, te quiero mil.
De mil mujeres, te señalo a vos.
De señalarte, descubro tus ojos.
De tus ojos, quiero ser sostenido.
De sostenes y abrazos se trata.
De un abrazo te puedo contar todo.
De contar con vos, es que se justifica mi vida...
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Gustavo Bonino

lunes, 21 de abril de 2008

CUENTO - QUIEN...


"your lips move, but I can´t hear what you are saying..."

Roger Waters, Comfortably numbs.



Le suplicó de todas formas que no lo hiciera. Que no era necesario. Qué no sea cobarde... Con un arma cualquiera el guapo.

Él ni siquiera lo miraba. El arma apuntaba a la sien. Directo. Desde esa corta distancia no había posibilidad alguna de fallar.

"Por favor!" volvió a sus ruegos el suplicante, asustado. "Bajá el arma. Te lo puedo explicar. Te pido perdón".

Él transpiraba de locura. Nublado hasta la incomprensión que nos lleva nuevamente a la comprensión más cruel, esa que te hace caer en la in-comprensión y así hasta que la moneda cae en alguna de estas dos caras.

"Bajá el arma, dale. Ella también quiso".

Eso no lo llegó a escuchar. O bien porque la moneda cayó en la cara de la incomprensión.
O, lo más seguro, porque su cuerpo transpirado se desvaneció antes de que le llegaran esas fútiles súplicas...
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Gustavo Bonino

lunes, 7 de abril de 2008

CUENTO - HACER PATITO


Llevaba en la cola más de cuatro horas. La fila heterogénea no avanzaba. Al chico del banquito le costaba menos que a ella. Se levantaba como con un resorte. Toing! y al frente.
2001. El gaban comprado en alguna buena época. Rojo, con despintados botones dorados. Algo exagerado para hacer una cola frente a una casa de cambio, en el sopor de la city en verano.
Las manos dentro (diría la canción), apretando fuerte el rollito de mil dólares.
"Me vine desde Salta para hacer esto" pensó. Pero en Salta no existe ni siquiera esto.
"Arbolito" pensó y se rió. No pudo menos que traer a su memoria al manzano que plantó en la chacrita de su padre, cuando era una niña. "Arbolito" y soltó una carcajada mientras avanzaba unos pasos más.
El bigotón con cara de Falcon 78 se sorprendió de esa risa y se le acercó.
Si tuviera que definir al argentino lo haría así: persona capaz de sacar provecho de cualquier cosa.
El bigotón, oliendo a baño de pensión o a colonia Krandall, se le acercó. Lo de siempre...
De donde sos?
Y, te gusta acá?
Tomamos un café?
Yo conozco un lugarcito...
"Que bien huele" pensó la señora. "Y- si- me- enganchoun- porteño?" Rió de nuevo.
"Dale", le dijo la pobre.
"Me cuida el lugar, joven?" le dijo al pibe de adelante, que antes de responder, miró el sí de Bigotón.
Partieron los dos. Bigotón con la sonrisa armada, ella pícara, con su tímida felicidad y apretando el rollito de los mil dólares que para su mundo hecho de tierra y animales, no eran mil dólares. Su mente honesta jamás podría haberlo pensado en esos términos.
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No volvió a la cola. No sabía como cuidar mil dólares, pero sabía bien las consecuencias.
Se fue de un hotelito de la calle Alem. Sola y con un golpe en la cabeza. Bajó hasta la costanera sur. Medio apurada. Un gabán rojo se ve a kilómetros.
Lloraba la tarada, le pesaría más el desengaño de ese amor fugaz, que la plata.
Las manos dentro de los bolsillos. Buscaba, buscaba. Nada. Los mil dólares estaban en un bolsillo más astuto.
- Me dijo "te quiero", murmuró frente al inmenso río.
Agarró piedras y se puso a hacer patito.

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Gustavo Bonino

viernes, 4 de abril de 2008

AL AIRE: PIEDRA LIBRE AL HIJO DE PUTA






Dormí mal. No supe acomodarme en la almohada. Siempre hay un hijo de puta que nos caga la vida. Ahora, horas después, en medio de esta vertiginosa vigilia, entendí que en realidad no hay hijos de puta.

Uno es el alimento de esa raza.

Uno es el motor que lo impulsa.

Pensé. "Qué pasa si no me engancho?"

Fácil: El hijo de puta puede transformarse, básicamente, en 3 cosas.

En un fantasma idiota.

En un cero a la izquierda.

En un hijo de puta, al que se le cae el velo de santo.



Tener la sarten por el mango y no dar vuelta la tortilla hasta sentir el olor a quemado.

Fui claro con ella. Le dije como son las cosas.

Entonces di vuelta el mapa y no quedó al revés. Quedó bien.

Fue el hijo de puta, fue ese cobarde el que lo dio vuelta mientras yo estaba, estúpidamente, con la sarten en la mano. Creyendo que el fuego no quema a la tortilla.

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Gustavo Bonino

jueves, 27 de marzo de 2008

NOTA: CAMBALCHE.



SECCIÓN: BASTA!


CAMBALACHE

Antes de ayer, el 25 de Marzo, tuve de pronto, un fuerte dolor de cabeza. No entendía. De verdad. No entendía hasta que entendí.
Antes de que sigan leyendo, aclaro que todo esto lo cuento, tal cual me pasó. Que no tengo ningún partido político, porque ninguno, hoy por hoy, merece mi respaldo. Y que no estoy a favor de la abstracta palabra CAMPO, porque detrás de esa enorme palabra, se esconden, buenos y malos, la Biblia y el Calefón. Esto no es nuevo. Los grandes sucesos de la historia de la humanidad están sostenidos por este comportamiento propio del ser humano.

Volvía del colegio de mi hijo en donde se celebraba la reunión de padres de principio de año. A eso de las ocho de la noche, la rectora tuvo que dejar de hablar, porque los cacerolazos eran ya muy fuertes. “Vio? La fuerza del pueblo otra vez!", me dijo una típica madre de esas que se la pasan en la puerta de colegio y que pronuncian la frase “mi marido” con un orgullo casi vomitivo.
La rectora pidió silencio a las siete u ocho mujeres que hacían sonar, ollas y jarritos de leche contra cucharones de madera. El ruido era tal, que hubo que suspender la reunión.
Al salir, me crucé con estas mujeres que gritaban, para mi asombro, “el campo!, el campo!” Ahí volví a la realidad ordinaria, quité de mi mente las últimas palabras de la rectora sobre las llegadas tarde y las amonestaciones y comprendí, “claro, este quilombo es por el paro del campo. El apoyo llegó a la ciudad”.
Juro que siempre trato de ser una persona lógica, tal vez por eso casi siempre estoy disconforme con mi vida. Me acerqué y le pregunté a una de estas mujeres.
- disculpe señora. Este ruido es por un apoyo al paro del campo?
La señora me miró con cara pocos amigos. Como si tocar una ollita ya le diera la potestad de patotera moderna del barrio de Belgrano.
“El coraje colectivo es cobardía” Pensé.
- Claro, querido, en que mundo vivís vos?
“En el tuyo seguramente no, boluda” pensé como buen calentón que soy. Pero me abstuve.
- Estamos acá en respaldo al campo y en repudio al discurso contestatario y violento de la presidenta!!!, Replicó, con esa frase hecha, no solo porque es cierto que nuestra presidenta sea una matona verbal, sino porque odio (esto es un mambo mío) las frases proselitistas en boca de una mujer cuya vida no pasa de las compras en el mercadito chino.
Ahí es cuando dudé de su sinceridad. Esta mujer, ¿era muy sincera o era una cobarde más de nuestra repetida historia?. De esas que salen a golpear la cacerola cuando pueden sacar provecho de su realidad o le tocan el bolsillo. Y que eso no esté mal. Lo que está mal es enarbolarse en la bandera ajena, la que jamás se defiende, para provecho propio. Es una falta de respeto a los que realmente la defienden cada mañana, cuando el despertador les suena al alba, cuando aún los gallos más desprevenidos duermen.
Me pregunté:
¿Cuando esta mujer habrá salido a tocar su ollita por un maestro?, pilar fundamental de toda nación que se considere tal.
¿Cuando por un jubilado?, pilar sobre el cual, gracias a su trabajo de tantos años, hoy por hoy tenemos un país.
Nunca, seguramente nunca. Esta señora, este arquetipo de señora argentina, despertó a su ollita del letargo. Esa olla seguramente no salía a la calle desde el año 2001.

Confieso que yo hago un clip mental de todo lo que veo. A todo le pongo música.
A medida que avanzaba hacia mi casa con el auto, veía a mujeres, niños y señores en pleno cacerolazo ensordecedor. Se estaban haciendo escuchar.
Es ahí cuando yo comencé a filmar el Clip en mis adentros y elegí, como tema de fondo, “Cambalache”.
Como me suele suceder, yo soy una persona de reacción tardía. Tengo como efecto retardo. Lo que veo, lo mando para atrás del cerebro y lo voy sacando de a poco, ahí lo mastico, lo mastico hasta que llego, casi siempre tarde, a una conclusión. Sería un fracaso si tratase de competir en un programa de preguntas y respuestas por tiempo.
Yo ya sabía que eso era un cambalache, pero no podía explicarlo. Sabía que ver a gente muy paqueta, enfurecida, apoyando a los ruralistas, era algo, al menos, raro. Pensaba, al mirar al auto de al lado, “que tiene que ver esta mujer con su cara de snob inmutable, tocando bocina, dentro de su auto importado, con aire acondicionado y los vidrios altos, con el gaucho que se levanta a las 4 de la mañana?”. Más tarde caería en la cuenta que tiene mucho que ver y mucho que perder. La miré con algo de rabia, no sé, no me parecía orgánica su queja. Pero luego comprendí que todos tienen derecho a la queja. Para eso nos la pasamos hablando de la palabra DEMOCRACIA. Y esa mujer estaba en todo su derecho a tocar bocina por algo de lo que se consideraba a favor.

Llegué a casa con el tango Cambalache resonando en mi cabeza. Cenamos con mi novia. Ravioles de calabaza con salsa rosa. Ricos. Charlamos un rato en medio del ruido de cacerolas. Esta vez eran cacerolas de San Isidro, barrio en donde estoy viviendo desde hace un mes.
Nos fuimos a la cama. Encendimos la T.V. para ver si había imágenes. Claro que había imágenes! Pero ya lo dije. Yo, siempre tarde. No solo gente de Belgrano y San Isidro estaban haciéndose escuchar, también gente de Recoleta, Barrio Norte, Rosario, Caballito y la mítica Plaza de Mayo, lo hacían. Todos estos puntos, en ese momento se sumaban al apoyo de los cortes de ruta en los puntos del país agrario. El paro del campo.
Sentí la misma sensación del histórico 2001. la espontaneidad de la gente en la calle. La gente espontánea. Llamo gente espontánea a quienes no van obligados por otro a manifestarse, o lo hacen a cambio de un favor político o una falsa promesa.
Para nuestra sorpresa, vimos como las cámaras mostraban una contramarcha. La marcha de unos violentos, mandados claramente por el gobierno, que le pegaban, sin ningún derecho, a la gente común. Eran los llamados “piqueteros”. Estas personas que heredaron la cultura del “exigir algo a cambio de hacer la nada”.
El tango Cambalache volvió a mi mente:

Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos…

Veía en las imágenes de la T.V., por un lado, a la gente que apoyaba al campo. Por el otro, los animales con zapatos que le pegaba a la gente solo por manifestarse, con razón o no. Ellos están muy lejos de ser jueces de la verdad. Sentí nuevamente una bronca muy fuerte. Sentía, detrás de ese reclamo, el egoísmo de salir al grito de “ARGENTINA! ARGENTINA!, a defender una palabra muy abarcadora como lo es la palabra CAMPO. Sentí que muchos no salían a defender esa palabra. Y también sentí que, del otro lado, en el poder tenemos enquistados a esos cortos mentales que todo lo arreglan con una "apretada". No saben , no pueden (eso es lo más triste) esgrimir argumentos.

Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.

Que quede claro, que no se me confunda. No estoy en contra de la gente del campo. No estoy en contra de que a la gente le vaya bien. Entiendo perfectamente lo dura que es la vida del campo. Tan dura como la de una persona que viaja estrujada en colectivo más de una hora, todos los días, para construir la misma nación que la que construye la honrada gente del campo.

Mucho menos estoy a favor de este gobierno en muchos aspectos.
Estoy en contra del egoísmo. De lo que me suena a HIPOCRESIA.
Porque no puede ser que salgamos a la calle cuando suben las retenciones de un comodity, que tiene un precio dólar por las nubes en los mercados internacionales y que, a pesar de dichas retenciones, deja un margen de ganancia de casi el 25% y que no salgamos a copar la plaza del Congreso con el ruido de las ollas, cuando los maestros instalan una carpa, porque están gritando a viva voz que no pueden comer. Que su sueldo los arrima a la marginalidad. Repito, esa gente que educa a nuestros hijos y que es tan o más valiosa que el campo, gana sueldos ridículos (sin tener idea de lo que es un márgen de ganancia) y estoy seguro que nadie de toda la gente que yo veía en mi clip, se acercó al Congreso con su olla. Y no hablo de casos aislados, de algún solidario paracaidista. Porque siempre está el idiota que responde “yo fui al Congreso”. Hablo de hacer el mismo ruido que hicieron por el campo. Y ni siquiera tenemos excusa. La carpa estuvo más de un año instalada. Y si estuvo tanto tiempo por algo fue. El apoyo de las ollas jamás pasó por allí.

Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.

Yo no soy maestro. Yo no soy del gobierno. Ni siquiera voté por este gobierno y eso no me enorgullece. Me da pena. Porque mi voto no encontró a alguien que lo represente en esas listas sábanas donde se filtran los nombres de siempre, que se reciclan y vuelven a la vida como los Simokys. Y yo no quiero darle de comer al que ya me mordió la mano. Me siento más argentino por hacer esto que los tarados que me dicen "vos no tenés compromiso por el país".
Tampoco me cierra que la gente que se autodenomina “del campo” sea la misma que vende los tambos a capitales extranjeros, porque es más rentable hoy por hoy, venderlos que trabajarlos. Saben que este negocio puede ser muy importante, pero dentro de diez o quince años y no quieren esperar. Venden porque les conviene. Y eso está perfecto. Cada uno hace con sus cosas lo que se le antoje. Es un principio básico de la libertad individual. Pero seamos coherentes (vaya pedido), no nos escondamos detrás de la bandera del campo, entonces. Ni nos sequemos las lágrimas de cocodrilo en ella.

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,

Las estadísticas dan también que la mayoría de los trabajadores en negro en este país, son los peones de campo. El trabajo rural en negro es algo que no tiene discusión alguna. Es una realidad histórica. Conocida por todos.
Por ellos, por los peones del campo, sí saldría a tocar mi ollita. Pero estoy seguro -y me corto un brazo de manera inmediata si ocurre-, que si los peones del campo, solo los pobres peones del campo, hicieran un corte de ruta, el gobierno los sacaría a tiros de las mismas y ni la gente de Buenos Aires, ni los productores que cortan las rutas, saldrían con sus ornamentos de cocina o sus camionetas a la calle.

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!

También estoy en contra de los patoteros acomodados del gobierno. Miserables cobardes que intentan callar a la gente a fuerza de golpes. Y esa gente está mandada claramente por el gobierno. No hacen falta investigaciones ni discusiones vanas. La historia habla por si sola.
Y el que niegue esto, es un necio tan egoísta como los que defienden al campo sin tener idea de lo que es levantarse a las 4 de la mañana. Sin haber sentido jamás el olor de la bosta en sus ropas. Esa gente que vive en Buenos Aires y sale tibiamente a golpear una ollita para que el dinero que les llega del campo todos los meses, no baje un solo dígito, o, lo que es peor, la que sale escondida en la bandera del campo, porque cierta investigación de los horrores del pasado, la tiene con la soga al cuello.

Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...
.
.
Gustavo Bonino
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miércoles, 19 de marzo de 2008

POESIA - CASA NUEVA





CASA NUEVA

Llegamos a esta casa
un día cualquiera
del caprichoso orden de los días,
potestad de Hammurabi, del egipcio
o de Julio Cesar, el Galo.
Ni siquiera encendimos la luz,
pero volvimos y nos quedamos
y trazamos planes modernos
y jugamos con texturas, colores,
medidas y sabores.


Llegamos a esta casa
otro día y la llenamos
de nosotros mismos.
Nos parecía mentira
que esa redundancia
nos hiciera tan felices.


Vivimos en esta casa,
poblada de texturas, sabores,
bien medida y llena de colores.
No sabemos bien aún
hasta cuando vamos a habitarla
y eso es -seguramente-
lo que más disfrutamos de ella.
El sabor del día único.
La inexcrutabilidad de la palabra futuro.


A Inga, por saber caminar al lado.

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Gustavo Bonino

martes, 8 de enero de 2008

CUENTO: MI CASA, ESTA MUJER (SANTIAGO KOVADLOFF)



MI CASA, ESTA MUJER.

Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Como ella, con ella, todo a mi alrededor reposa. Cuando ella despierte, también lo harán las cosas. Volverán a abrirse las puertas, correrá el agua otra vez, los pasos avivarán la vieja escalera, caerá de nuevo la luz sobre las plantas. Yo retornaré a mi mesa, a las palabras, y su voz, como un halo, circundará mi día. Cuando ella se haya ido a su trabajo, alzaré los ojos de la página, y un tapiz, un clavel, un amuleto inesperado en la cocina de la casa repetirán el nombre de esta mujer que todo lo pobló con su presencia y el acierto de sus manos. Ella es mi casa, puerta mayor de acceso al sentido de estos cuartos. Si el egoísmo o la indiferencia quiebran nuestro encuentro, la casa se oscurece. Como una dura denuncia de soledad sin remedio, las paredes se cargan de presagios, se repliega el color de cada cosa, la casa se vacía, y habitarla es quedar a la intemperie. Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Cuando ella anda lejana, todo es lejano en la casa; con ella se van en tropel las cosas de mi entorno, y estar aquí se vuelve una tortura; acosa cada sitio, cada paso lastima, rincones y objetos se hacen inservibles. Y la casa recuerda, en un susurro triste, que alguna vez supimos ser mejores. Si renace la alegría, renace la casa. Cuando la lucidez o el deseo vuelven a reunirnos, la casa otra vez se ilumina: tienen sentido mis papeles, cada cuarto es la evidencia de un proyecto. La casa entera es una fiesta y por la vieja escalera vuelve a correr el aliento suave y denso de la vida.

S. Kovadloff, Una biografía de la lluvia, Buenos Aires, Emecé, 2004


Ensayista, poeta y traductor al portugués de la obra de Pessoa. Nacido en Buenos Aires en 1942. Desde el 2002 es miembro de la Academia Argentina de Letras.

viernes, 30 de noviembre de 2007

POESIA - La trampa de la bestia


La trampa de la bestia


Te encerraron,
en el infranqueable laberinto
que propuso, como castigo
o como destino, el griego.

Te mides,
inútilmente,
del desenfreno impaciente
del sediento minotauro.

Amaneces sin saber quien eres
bajo un número infinito
de paredes simétricas.

Pasas la vida repitiendo
marchas y contramarchas,
conjeturas inútiles, planes.
Jamás darás con la salida.

Un sueño te atrapa, débil.
Bocado de la bestia.

Sus cuatro patas ansiosas,
como los ilimitados ojos de Jano,
levantan el polvo que te cubrirá.

Sus ojos humanos,
juzgarán tu final de bestia.


Gustavo Bonino

CUENTO: LA ESCALERA

La escalera

Pasqualino Barone, Lino para los conocidos, nació hace sesenta y ocho años en la comuna de Pola, en su bella Italia. Hoy, en una clínica de la calle Tres Sargentos, está a segundos de morir.
Antes de irse, antes de entrar a aquello que ya vislumbra, mira cuidadosamente el entorno desde su quietud. Escucha su respiración como si sus oídos estuvieran invertidos. Tal vez porque el cuerpo en estas circunstancias filtra la zozobra y la queja ajena. Pero la vista es inevitable. Ve abrazos, pañuelos, un rosario en los enormes dedos de una mujer gorda. Todo le ocurre con mucha dificultad. Apenas si puede girar la cabeza y ve un ramo de rosas amarillas. Piensa en lo ordinarias que son, en que él tendrá, en breve, el mismo destino que ellas. Sonríe tenue, sin mover su cara, bajando con mucha lentitud los párpados, volviéndolos a subir.
Está quieto y tranquilo. La tranquilidad que nos regala –irónicamente- la agonía cuando nos suelta. Su vista lo saca de la habitación, escapa hacia el paisaje que hay detrás de la ventana. Ve un parque con palomas y más allá, edificios. Se detiene en la puerta de entrada de uno.

Lino entra. Sube el primer escalón de la escalera. Lleva un sombrero que le cubre media cara. Sube el segundo escalón de esta escalera silenciosa. Está decidido. Sube otro escalón en ese edificio. Cientos de miles de zapatos ya subieron. Lino alza el pie que lo llevará al quinto escalón. Allá, en el décimo, ve bajar algo. Se sorprende de su forma. ¡Un pavo real con una llave dorada en su pico!. Detrás del pavo, sigilosa, lo sigue una mujer con una venda en los ojos, un vestido de gasa roja y una cuchilla de campo. Lino no repara en la mujer, sino en la llave que lleva animal. La mujer parece no tener consistencia, como una figura de humo. Pero esto no lo extrañó en lo más mínimo.
Lino sube otro escalón, el séptimo. Da el octavo paso. Al entrar en el noveno escalón se le antepone un enorme verdugo encapuchado que viene contando un alto de billetes. De pronto ve al Lino y le dice con fina voz de mujer "Ah, es usted..." y se echa a reír a carcajadas. "Es allá arriba" concluye, haciendo señas con su pesado dedo pulgar hacia una instancia superior e inexistente ahora.
Dispuesto a subir el escalón número diez, siente en sus espaldas una música, una vieja banda descolorida sube por detrás de él a toda prisa. Algunos músicos lo atropellan. Todos llevan puestos vendas en sus ojos. El trompetista se da vuelta y mira inútilmente su reloj y le hace con la mano un gesto de que es tarde o de que se apure.
Al llegar al vigésimo escalón se encuentra con el primer descanso y la primera puerta. Lo detiene el chirrido de un colchón y gemidos de mujer. No se acerca a la puerta, pero de todas formas lo tienta mirar por el cerrojo. Como si el cerrojo hubiese adivinado las ganas dLino, comienza a agrandarse en forma de boca y le traga la cabeza de tal forma, que ésta queda del otro lado de la puerta, dentro de la habitación. Lino ve un gran calidoscopio. En medio de esa gelatina rojiza con destellos azules y verdes hay dos mujeres acostadas entre túnicas color lila, besándose. Reconoce a una de ellas. Ella también lo reconoce y lo invita a pasar. Asustado, intenta apartar su cabeza del cerrojo, como un domador tratando de hacer lo propio de la boca del león. El cerrojo escupe la cabeza dLino y vuelve a su forma y lugar y, una vez que vuelve a ser cerrojo, toma la forma de una boca y comienza a recitar un poema en lunfardo. Lino queda inmóvil escuchando ese poema ya escuchado tantas veces.
Sigue su marcha ascendente. Camina todo el primer descanso y cambia de dirección. Si antes subía en dirección Norte, ahora sube en dirección Este, que comienza con el escalón veintiuno. Detrás suyo, aún más atrás que la puerta que acaba de dejar, oye los pasos de una multitud que sube a toda prisa. Esto lo detiene un instante, ahora continúa.
Sube ya el escalón treinta y dos sin sobresaltos. Se detiene un momento a reflexionar, pero su mente está en blanco. Se sienta. Se da cuenta que puede entender el universo. Por ejemplo, ve la entrada triunfal de Cambises, hijo de Darío, a Egipto. Siente la declinación de un Imperio. Ve a un niño en Texas, tirar un trozo de pan en un callejón de barrio latino. También ve los ojos brillantes de una rata que está al acecho de semejante bocado. Pero aún más, siente el latir de su cuerpecito. Siente la tibieza de su panza. Ve también una persona muriendo de cáncer, sola, en una casa al este de Glasgow. Ve a cuatro estudiantes en la ciudad de Buenos Aires aturdidos, en este mismo momento, por un examen. Siente la sensación de suicidio que se apodera de uno de ellos, ve las gotas de sudor de su frente, se llama Guillermo Pratt y morirá mañana, en su cuarto, a las nueve de la noche, luego de haber rendido mal. Deja carta a los parientes. Ve cientos de miles de huesos en el osario común del cementerio de la Chacarita. Ve galopar a un caballo en la vasta llanura pampeana. Ve a una mujer japonesa masturbarse en el baño de un tren con una foto que tomó con su celular.
A la altura del escalón cuarenta y tres, entra en el segundo descanso y ve, como en el descanso del piso inferior, una puerta. La segunda.
La puerta se abre y sale, detrás de ella, un torrente de agua que lo moja hasta los talones. El torrente se va apaciguando y se descubre detrás de él a un niño que se ríe con todas sus fuerzas. “Ese niño”... piensa. Se sorprende de volver a ver a ese niño. Lino le sonríe al niño que sigue riendo a carcajadas.
Pasar el descanso de la segunda puerta es sinónimo a ascender en dirección sur. Detrás, el ruido de los pasos de una multitud son más intensos - cercanos - que cuando estaba en el escalón veintiuno.
Lino se ayuda ahora con la baranda para subir. Es la primera vez que la toca. La siente fría, húmeda, como si estuviera abrazando el contorno de una serpiente.
Lino se siente en la cuenta regresiva. Esto no puede entenderlo. Justo él que pudo entender tantas cosas ajenas, no puede entender esta circunstancia, que está deliberadamente quitada del sistema que nos sostiene. Le queda un puñado más de escalones, diecinueve, para llegar a su puerta. Diecinueve y no veinte, “caprichos de la matemática”, piensa.
Comienza a sonar un piano. El aire se vuelve más llevadero, los movimientos, todos los movimientos del mundo, él vuelve a percibirlos, ahora en cámara lenta, puede sentirlos a todos. Le es muy fácil percibir cada acto por pequeño que sea. Esto le causa gracia. Juega con esta ventaja. Por ejemplo, ve en el techo cómo una mosca se juega la vida en la pegajosa trampa de la araña, siente los pormenores de la tragedia, los inútiles ruegos de la mosca, sus pedidos de auxilio, sus patas movedizas pegadas a la ineludible trampa. El acercamiento inexorable de la araña.
Se le ocurre pensar que el tiempo, todo el tiempo, tiene un destino ya resuelto y que el azar es - ríe al pensar esto – en todo momento un túnel en permanente estado a transitar, en donde navega el tiempo. Que la explicación radica ahí. No importa que el tiempo navegue dentro del túnel, ya sabemos del túnel.
Faltando diecisiete escalones, siente ya muy cerca los pasos de una multitud. Entra en el escalón dieciséis. Un niño baja a toda velocidad perseguido por un celador que lo corre con un puntero. El celador, un hombre de cabeza con minúsculos rulos colorados, se detiene y reconoce al Lino, siente culpa, pero retoma su carrera detrás del niño que se le escapa.
Faltan trece escalones. Se le anteponen en el doceavo escalón dos gotas que caen de su rostro. Él las ve caer con mucha precisión, observa el cuerpo de ellas, una más grande que la otra, ve a esos dos corpúsculos cayendo lentamente, desprendiendo del cuerpo principal otros pequeños trozos de gota, todos cayendo hacia la superficie plana del escalón.
Cuervos revolotean por las escaleras, desde planta baja hasta donde está él. Van y vienen. Si se pudiese adivinar su estado, se diría que están eufóricos. Locos de contentos, alguno llega a desacomodarle un poco el sombrero.
Faltando apenas diez escalones ve bajar a un hombre más joven que él, también de sombrero de ala, que al querer hablar escupe el sonido de las teclas de una máquina de escribir. Intenta contar algo, pero no puede y se retira muerto de vergüenza.
Cuando ya solo faltan cinco escalones para llegar a su puerta, los cuervos están más excitados que antes, y no faltan los primeros atrevidos y audaces que comienzan a picotearlo en la espalda, en la cara y le desacomodan el sombrero con más intención. Ayudado aún por la fría baranda, Lino se dispone a terminar la escalera. Solo le faltan tres escalones para llegar, tres escalones que cuestan más que todos los ya superados. Faltando tan poco, nota que tiene a sus costados a un hombre y a una mujer. Estos comienzan a empujarlo de un lado a otro, como si en lugar de empujarlo se pasaran una pelota. Al fin se aburren y lo dejan y comienzan a bajar entre gritos y manotazos. Los gritos se confunden con los graznidos de los cuervos. El piano que antes se percibía suave en el aire, ahora se suma a tanto escándalo. Como si un invisible ejecutante, le pegara a las teclas con una emoción desmedida. Lino mira hacia adelante. Está frente a la última puerta. Esto no lo escandaliza. Sube un último escalón y la puerta final comienza abrirse y los pasos de la multitud ya están justo detrás de él y lo empujan dentro.
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Gustavo Bonino
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lunes, 26 de noviembre de 2007

CUENTO: LÍMITES


Para siempre cerraste alguna puerta
Y hay un espejo que te aguarda en vano;
La encrucijada te parece abierta
Y la vigilia, cuadrifronte, Jano.

Jorge Luis Borges

Límites

Hijo, ansioso, espera a Padre sentado detrás de los barrotes. Padre viene caminando del otro lado de los barrotes hacia Hijo con los brazos vivos, brazos de abrazo.
Padre se acerca y sonríe a Hijo. Hijo está grande, nota Padre. Aunque loco como siempre.
Hijo está feliz de ver a Padre que se le acerca.
Conversan largo rato. Hijo pregunta por la vida. Padre cuenta que todo bien, rutinario como la vida de Hijo, seguramente. Hijo asiente con la cabeza.
Padre e Hijo comparten un pan de miel que Madre prepara tan bien. Siempre es bienvenido el Pan de Miel de Madre, en las visitas.
Madre no va. No le gusta como huele el Pan de Miel ahí. Comer entre los barrotes. A Madre no le gusta eso. Por eso no va.
Padre e Hijo suelen jugar con el gastado ajedrez de Padre, aunque Hijo tiene sus juegos también. Cartas, dominó, cosas que hacen cómodo el traspaso de las manos a través de los barrotes, sin que el juego pierda dinamismo.
Padre gana al Ajedrez. Y le gusta poner el tablero del lado de Hijo.
Después, como siempre, Padre lee cartas de Madre a Hijo.
Al mediodía, los barrotes se levantan y ambos caminan por un patio con piso de concreto y pasto silvestre que se cuela entre las grietas. Hablan de casa, de Madre. Hijo se pone mal cuando Padre habla de Madre. Extraña. Extraña muchas cosas que se hacen de a tres.
Al atardecer los barrotes los separa nuevamente.
Padre, dobla las cartas de Madre, las mete dentro de los sobres. Son muchas, siempre. A Hijo le encanta escuchar como Madre escribe.
Padre se levanta, abraza a través de los barrotes a Hijo.
Hijo sufre cuando Padre se da media vuelta y se va.
Hijo queda mirando ese instante en donde Padre llega nuevamente a la silla y se sienta. Padre sufre cuando el guardia, toma de un brazo a Hijo y se lo lleva, lentamente, hacia la salida.


Gustavo Bonino


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