
viernes, 22 de agosto de 2008
INSTANTÁNEAS - DOS (POR CUATRO)

martes, 19 de agosto de 2008
SOBRENADA - El día que Sebastián Candás volvió a Ítaca.

Hoy, después de la noticia de la que me acabo de enterar, recuerdo por sobre tantos recuerdos, una mañana en Philadelphia. Eso es lo primero que se me vino a la mente.
Estaba en la casa de mi madre. Ese día se cerraba un ciclo y empezaba otro. Desayuné solo, después de haber pasado una de las noches más felices de mi vida. Sebastián, mi hermano de 26 años, había vencido a la enfermedad que lo acosaba desde su nacimiento. La pulseaba fue dura. Ese era el ciclo que se cerraba. Decenas de médicos especialistas (todos los años aparecía el especialista del especialista), clínicas y hospitales. La morfina para el dolor, internaciones de urgencia, inyecciones para lo que fuere. Hubo un momento en el que, literamente, no le quedaban venas sanas en los brazos. Hasta el kinesiólogo, que venía 2 y 3 veces por día a casa, ya era un integrante más de la familia.
Creo que siempre supo, mientras esperaba, mientras se alimentaba artificialmente y no conocía lo que era una "vida normal", que el ancho de espada estaba en el mazo. Era una cuestión de turno nomás.
Esa mañana en Philadelphia comprendí que todo esto había pasado. Solo tenía que bajar al garage, encender el auto e ir a buscarlo al hospital de la Universidad de Pennsylvania por última vez. Seby, que había entrado días atrás a un quirófano para su transplante, después de vivir los últimos tiempos con un respirador artificial, casi sin vida, se había salvado. Tenía el ancho de espada. Por primera vez en 26 años le había tocado y la muerte no tuvo más remedio que dejarlo en paz. No había forma de vencer a Sebastián Candás.
Recuerdo esa mañana, ya lo dije, como un ícono en los dias de mi memoria. Por primera vez en mucho tiempo me di cuenta de lo mucho que brillaba el sol, de lo lindo que era el verano en Philadelphia y sobre todo, que ir a visitar a Seby no era esta vez sinónimo de mala noticia.
Cuando llegué a la habitación, ya estaba listo. Esperando. Deshizo toda posibilidad de salir en silla de ruedas. Despectivo –como es él- al punto de la risa, le alcanzó un gesto para que la enfermera se diera a la fuga con la silla y no insistiera más.
Y rescato acá lo que más admiro de él. Supo quitarse de inmediato el mote de "enfermo". Se fue caminando y hasta quiso manejar. Me tienta pensar que fue él quien manejó en el camino de regreso a casa. Pero no quiero mezclar mi sensibilidad de este momento, con la fuerza de la verdad que tiene este relato. Sebastián Candás, mi hermano, salía de un transplante de pulmones, caminando por sus propios medios, como si hubiera entrado al hospital por un simple resfriado.
Muchos contaron y cuentan esta historia por amistad, afinidad o por atribución que no les corresponde. Yo la cuento como un integrante de "la troupe" de esa odisea y me siento un poco uno de los compañeros de Ulises en su intrincado regreso a Ítaca. Porque viví todos y cada uno de los días que llenaron 26 años de ese tremendo esfuerzo por no morir, sin en ancho de espadas en el mazo.
Llegamos del hospital a la casa. Mi vuelo hacia Buenos Aires salía en unas horas, creo. Tengo en mi memoria dos recuerdos indelebles de esos últimos momentos. La primera caminata que hizo Seby con sus pulmones nuevos, en la cual caminé a su lado, alrededor del complejo en donde vivían con mi madre, en Philadelphia, como ya conté. Él sentía que el aire le entraba a los pulmones. Pero no hizo mayores espamentos. Solo se detuvo a disfrutar de esa dulce y muy particular revancha, de la que solo él era protagonista. El resto, salvo la heróica lucha de mi madre, fuimos el aliento sincero, pero no mucho más que eso. El otro recuerdo es una frase de Charly García que le dejé clavada en el respaldar de su cama (jamás supe si la leyó, pero eso es lo de menos):
Y si es un día gris
Y no me quiero rendir
Espero que estés vos
Que sos el único que me conocés…
Esa fue mi última tarde en Philadelphia. Ya no hacía falta volver. Era un capítulo cerrado.
Hoy, 10 años después de aquel día, Seby está casado, tiene una profesión, una casa, un perro y su mujer está esperando no a uno, sino a dos hijos. Mellizos!. Vaya si la vida da revancha! La vida da revancha a quien la pide con el alma. Él que estuvo por dejar su vida tantas veces, no solo no la perdió, sino que está creando dos más.
Hoy, además de tener a Seby, tenemos una familia completa.
Escribir esta crónica de manera tan resumida y vaga es casi una falta de respeto, pero es algo que no puedo dejar de hacer. Contarles mi real estado de felicidad a través de la palabra escrita, sería un acto de vanidad literaria.
Por eso escribir esta carta o no escribirla es lo mismo. Yo lo hice porque es la mejor forma que tengo de agradecerle no haberse entregado nunca. Mis dedos hablan mucho mejor que mi boca.
Me quedo con todos y cada uno de los detalles de lo vivido. No olvidar el dolor es una manera de valorar la alegría.
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Gustavo Bonino
domingo, 10 de agosto de 2008
SOBRENADA: CATARSIS TELEFÓNICA.

CATARSIS TELEFÓNICA
11:30 PM
Juanita: De nada.
Yo: En qué andas?
Juanita: En un orgasmo auditivo con Pedro Guerra a todo volúmen, mirando una ventana y una taza vacía de café.
Yo: Sos poeta hasta para decir cosas triviales.
Juanita: Es que escuchá esto… "pero si amanece y no estás conmigo todo es desorden y andan los fantasmas bailando risas con mis pies" ¿no es maravilloso? Pedro Guerra.
Yo: Lo es.
Juanita: (EMOCIONADA) Estoy volviendo a escuchar los temas bajo cuyos efectos escribí mi última novela.
Yo: (SONRIENDO) Todo es cíclico, no?
Juanita: Eso es una posta. Necesitaba recuperar ese clima interno de cuando la "engendré" ahora que va a salir a la luz es como recordar esa noche que hiciste el amor y de la cual quedaste embarazada del hijo que va a nacer ahora.
Juanita: suponiendo que sabés cuándo se te pinchó el forro y acá se nos fue toda la poesía a la merda...!
Yo: Es que yo jamás cogí sin forro. Perdón con forro.
Juanita: buaaaaaaaaaaah!!!!!!!!!
Yo: Jamás podría acabar. Es algo orgánico.
Juanita: Bueno, espero que te hayas hecho muchos análisis hiv. Y tus amantes.
Juanita: Ok, bien. Acaba de pasar por la ventana el personaje de mi próximo corto. Cómo estás?
Yo: Bien, raro... todo junto. La vida me pasa con tu personaje. Indiferente.
Juanita: mmm. Qué necesitás?
Yo: Paz interior, creo. Más seguridad en mi mismo. Tal vez, dejar a Maggie.
Juanita: Vos parecés un tipo seguro.
Yo: Si, pero no confío en ella. Se me fue la confianza. Me hizo un par de cagadas y cuando pierdo la confianza en alguien, es muy difícil que me vuelva.
Juanita: lo hablaste con ella?
Yo: Sí.
Juanita: Uh, no sé si está bueno que me digas eso.
Yo: Por?
Juanita: Siempre fue como un karma para mí eso de ser "demasiado buena". Es como que te quita atractivo ser demasiado buena, no sé como explicarlo.
Yo: No entiendo, sos una mina muy atractiva.
Juanita: Te convertís es una detestable "hermana menor querible" puajjj!!!!
Yo: Que raro que pienses así.
Juanita: No sé, siempre que no sé dio una historia con un tipo pensé que era porque había asomado mi faceta "demasiado buena".
Yo: No entiendo... Insisto.
Juanita: Son esos fantasmas que cada uno se va haciendo en su cabeza.
Yo: Si, claro. Las inseguridades que todos tenemos.
Juanita: Yo siempre sentí que ser demasiado buena es sinónimo de espanta tipos.
Yo: No, para nada. Es una condición de mucha seducción.
Juanita: vos creés?
Yo: Lo sé. Hay tanta histérica suelta.
Juanita: Entonces me crucé con mucho psicópata suelto.
Yo: Es probable. Sos buena persona, hay algo mejor que eso?
Juanita: En la teoría no. En la práctica, eso me convertía en la mejor amiga del pibe que me gustaba a mis 15 años.
Yo: sí, eso pasa. Y te vas llorando, con la canción de Banana Pueyrredón de fondo.
Juanita: A partir de ahí uno esboza una teoría y el resto de la vida cree estar ratificándola.
Yo: Pero uno no debe perder la condición por un tipo o una mujer.
Juanita: Eso no lo podés hacer porque está en tu naturaleza.
Yo: Tarde o temprano la persona correcta llega.
Juanita: Sí, pero cuando llega tarde, en el interín, casi se te va la vida literalmente, pensando que nunca sos suficiente o que venís fallada de fábrica.
Yo: Que loco, yo te veo linda, buena, todo. Y estoy seguro que muchos te ven así.
Juanita: Qué pelotuda, te cuento esto y lloro. Soy de moco fácil, qué va a ser...
Yo: Bueno, otra ventaja. Yo jamás logro llorar.
Juanita: Ojo, no me faltó levante pero adentro mío se hizo un mundo donde nadie me iba a querer.
Yo: Dios, vas a amar y ser amada muchas veces. Ademas estas con Andrés.
Juanita: Bueno, pero te estoy hablando de mis años negros, donde sentía que no era "amable" o "elegible"
Yo: ya pasó.
Juanita: Que nunca alcanzaba lo que tenía para ofrecerle a un tipo.
Yo:Más de lo mismo. Creciste y ahora sos una morocha que está buena... Honestidad brutal.
Juanita: Buenísimo, eso es lo que a veces (lamentablemente) se precisa escuchar.
Yo: Preferís estar fuerte a ser buena.
Yo: Ahora la seguimos, dejé la comida en el fuego y se me quema.
1:30 AM
Juanita: necesito de tu ayuda urgente.
Yo: Para eso estoy.
Juanita: si?. Me llamabas en un rato... Pasaron varias horas.
Yo: En que puedo ayudarte?
Juanita: vos vas a decirme exactamente lo q necesito escuchar
Yo: ok
Juanita: tengo miedo con respecto a la novela.
Yo: miedo a qué, o miedo de qué?
Juanita: vos sabés...
Yo: voy a decirte lo que realmente pienso luego de haber leído la crítica.
Juanita: uh... pará q me acomodo
Yo: La novela va a ser un éxito. y te voy a explicar porqué.
Juanita: (SONRIE) dale. Me acomodo.
Yo: vos escribiste algo profundo, escribiste sobre los vínculos, sobre la capacidad de amar, más allá de las fronteras. Seguramente el editor captó la mitad de eso y ciertas delicadezas o giros no los pudo ver, porque los editores y los críticos son gente muy básica. La ventaja de todo eso es que el prologuista le devolvió el brillo con su mirada. Lo que tal vez pase es que no todos entiendan el trasfonde de la novela y la tomen como una comedia romántica, si se guían por los desastres de edición que te hizo la editorial. Lo cual no esta nada mal. Eso es lo que la gente quiere leer. Por eso la editorial la llevo a ese plano. Va a ser un éxito. No la cambiaron tanto.
Juanita: mmm... bueno, lo del éxito es relativo. En general la situación del libro es dura. Va a ser muy importante tener tu mirada cerca el día de la presentación. Agendá, 2 de Octubre.
Yo: Ahí estaré.
Juanita: Va a ser tranquilizador que estés.
Yo: ahí estaré.
Juanita: vos no tenés idea, o sí, podés intuírlo, todo el amor, todos los sueños y las tardes que estuvieron atrás de esa novela. Para mí es muy importante porque más allá de la novela en sí, es como la comprobación de que no hay imposibles. Yo me lo repetí desde la primer tarde que me fui a un bar a escribir después de mi primer clase de Narrativa y desde entonces, no pare un día ni dejé de soñar un día que alguna vez algo mío apareciera en los anaqueles de una librería.
Yo: llegó el día
Juanita: lo deseé tanto, le puse tanta garra, tanta resistencia. Porque pasé de todo.
Yo: Ya pasó.
Juanita: Porque hace nueve años que voy a escribir a un bar todos los días esperando esto y por esto que llega un punto en que se te naturaliza la situación de ir a escribir como si eso fuera el fin
como si ahí terminara todo y cuando se da en serio decís "la puta! lo logré". Empecé con un cuaderno, una birome, un café con leche, encerrada en un bar sin contactos y yo siempre escribí como si al día siguiente viniese el Sr. Editorial Planeta a buscarlo al bar, desesperado. Recontra inconsciente.
Yo: es la única manera. Escribir es una necesidad, no un acto de vanidad o de rellenar las tardes
Juanita: yo me volvía de las clases de narrativa llorando todo el viaje en tren te lo juro, porque no quería vivir más, porque me faltaba amor y me rompía todos los huesos. Era muy loco porque durante la clase de narrativa me sentía la mujer mas plena y después se me acercaba gente en el tren para consolarme porque yo no podía parar de llorar y me aferré a eso en un punto para salvar mi vida también o eso sucedió sin darme cuenta.
Yo: de qué salvaste tu vida? me interesa eso.
Juanita: hace cuatro años mas o menos. Yo estaba una mañana en Valencia y había quedado el cuchillo del desayuno arriba de la mesa y yo lo miraba y pensaba "me lo clavo y ya está, para qué seguir?". No era capaz de hacerlo pero no tenía nada, no tenía un amor, no tenía guita, no tenía laburo. Lo único q podía hacer era escribir y cuando empecé a estudiar narrativa, fue para salir de los ocho meses mas oscuros de mi vida, te juro que tragué polvo, es indecible por eso me conmueve tanto. Por eso la novela representa para mí haberme aferrado con los dientes a un sueño para salir del infierno.
Yo: No conozco un solo día en el que no haya pensado en suicidarme, aunque sea un instante.
Juanita: es que si yo hubiese sabido esto... yo pensaba "si me voy , si no estoy, no le cambia la vida a nadie"
Yo: Siempre hay alguien en el mundo que te está pensando. Como dice Juarroz: "pensar en alguien se parece mucho a salvarlo"
Juanita: "existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés" de la peli Princesas
Yo: Exacto. That´s the point.
Juanita: cuestión: tenía la menor posibilidad de que esto pasara, no tenía un punto contacto de nada, ni computadora, y creí. Era una locura, pero yo me la creí.... Iba al cine y saltaba de la butaca y decía "yo quiero estar del otro lado". "Quiero escribir esa historia!". Transformé todo ese dolor que pasé en la novela que habla de la soledad en el fondo. A mi me quedó el corazón en la mano y lo exprimí arriba de la computadora.
Yo: Escribir es un acto de mano suelta, me dijo un maestro hace poco.
Juanita: y la escribí con la ilusión de que a otro le tocara algo.
Yo: Después soltá y seguí con otra cosa. pero está bueno que te tomes este mes hasta que se haga la presentación.
Juanita: si, un preparto.
Yo: un mes de mucho sentimiento.
Juanita: por eso es que necesito prepararme.
Yo: No te prepares (consejo).
Juanita: Tenés razón.
Yo: Relajá y dejá que salga.
Juanita: Sí, sí, mejor. Toda la razón
Yo: Es como disparar. Uno debe estar relajado hasta el momento de apretar el gatillo, sino perdés el enfoque.
Juanita: claro, en realidad, es un mes de relajar. Che, si no salgo ya a caminar imploto. Gracias por estar y por escucharme.
Yo: chau, andá a caminar.
Juanita: estoy para lo mismo, te presto mi oreja cuando quieras.
Yo: Lo sé. Beso.
Juanita: Qué vas a hacer ahora?
Yo: Es muy tarde. Momento ideal para matar alguna idea frente a la computadora. No sea cosa que la idea me gane de mano y se salga con la suya...
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viernes, 25 de julio de 2008
SECCIÓN: CON USTEDES... - EL ARTE DE COCINAR CONTANDO...

EUFORIA DE CHOCOLATE.
jueves, 17 de julio de 2008
AUDIO: CONFERENCIA DE BORGES SOBRE LA CEGUERA

Hacé click acá y subí el volumen... Vale la pena escucharlo...
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2008/06/audio-jorge-luis-borges-la-ceguera_12.html
Qué lo disfruten!
Gustavo Bonino
sábado, 12 de julio de 2008
SOBRENADA

Acabo de recibir un mensaje de mi hijo que dice "pa toy en ksa, q t pasó". Después de unos segundos descifré el mensaje. "Papá estoy en casa, ¿qué te pasó?". Lo que me pasó es que me quedé pensando en el idioma.
Anoche, viendo una serie, el protagonista le dice a una mujer "I was googled you". Algo así como, "te estuve buscando". Y no la estuvo buscando vía internet, salió a la calle, de noche, a buscarla. Usó el término GOOGLE. Y lo conjugó en pasado como verbo regular. Curioso.
Hoy por hoy (hoy x hoy) debe ser la palabra más pronunciada en el mundo. Fui a Google y busqué la palabra Google. Aparece dos mil ochocientos diez millones de veces.
Me quedé pensando. Era tarde, mi novia se había ido a un recital y yo, en casa, tratando de buscar inspiración, viendo una serie que trata sobre un escritor atascado. Nada menos estimulante que eso. Pero así funciono a veces. Busco aliados en los libros, en las películas, (jamás carnales) con quienes compartir las horas en las cuales no tengo la voluntad de sentarme a escribir. Si compartiera esto con una persona y no con un personaje, me estancaría más. El otro siempre es un ser egoísta. Todos tenemos la necesidad desesperante de ser escuchados. Por momentos me parece estar viviendo en un mundo habitado por monologuistas. Todo lo que se dice es para gustar o agradar a alguien. Es decir, hablamos para justificarnos. Para ser admirados u odiados. A veces creo que el fin último del discurso de los hombres es cosmético. Las palabras salen del orador, tocan el oído del receptor, lo seducen pero no quedan ahí. Vuelven al orador que las abraza, feliz de su criatura.
Seguramente este texto está siendo escrito para que alguien lo disfrute. Y el halago hacia él me reconforta más por sentirme querido o admirado, que por haber conmovido (movido con) a otro.
Volviendo a mi estancamiento. Estoy falto de imágenes? De ideas? No. Me sobran. Me pasan dos cosas en esos momentos:
No tengo idea de cuál es el motivo del estancamiento. (Tengo muchas sospechas, ojo).
Me rehuso a contarlo, para que no me recomienden el psicoanálisis. Aún recuerdo las palabras de Ciorán en el libro SILOGISMOS DE LA AMARGURA: "El psicoanálisis degrada nuestros riesgos, nuestros peligros, nuestros abismos; nos despoja de nuestras impurezas, de todo lo que nos hacia curiosos de nosotros mismos".
Salí a buscar a mi novia. En el recorrido de San Isidro a Palermo puse la radio. En el programa, el conductor jugaba con los oyentes el siguiente juego: les daba dos opciones, por ejemplo, pizza o caramelo. El oyente tenía que elegir, que pensar, cual de las dos palabras figura más veces en GOOGLE. Ganó pizza, por lejos.
Qué curioso. Parece como una especie de prestigio aparecer en google. Supongo que en una escala de valores de éxito, la persona que figura más veces es más conocida que la que no aparece.
En estas épocas, en la que el viejo Sartori dio en llamar al hombre: homovidens, hombre video, reemplazando al homosapiens, hombre que piensa, no solo cambió la forma de hablar, el habla digital (ksa = casa), sino que también cambiaron los valores. Se es más importante por figurar en Google. Mi hijo, hace un tiempo atrás, no quería ir a la casa de un amigo porque no tenía computadora ni Play Station. O sea, no tenían una pantalla con la cual interactuar. Se veían en la necesidad de conversar, de conocerse.
Me pienso un dinosaurio antes de la glaciación, de la extinción. Feliz por conocer el nuevo y el viejo mundo. Inquieto por descifrar que nueva forma de comunicarse tendrán las generaciones venideras.
Llegué a Palermo. Mi novia estaba con una amiga. El recital estuvo bueniiiisimo!!!!. La ví sonreír con esos enormes ojos verdes, feliz.
Me hubiera quedado horas contemplando esa imágen, que era tan real. Que no estaba en ninguna pantalla, ni sonreía para la cámara.
Gustavo Bonino
miércoles, 2 de julio de 2008
NOTA: MATARÁS A TU ÍDOLO. MANDAMIENTO NO ICLUÍDO

MATARÁS A TU ÍDOLO.
La pregunta es simple y directa. ¿Por qué el mundo necesita ídolos?. ¿Qué magia se oculta detrás de esa palabra esdrújula y singular?
Una respuesta válida podría ser: Porque la gente necesita, desde tiempos inmemoriales, creer en alguien. La adoración a los dioses viene años más, años menos, desde el año 3000 A.C. con los Sumerios, tal vez. Este dato es impreciso, como lo es la historia, que es pasado narrado por subjetividades. Probablemente el hombre prehistórico ya adoraba a su ídolo, a quien consideraba superior, una entidad divina. Pero en todo caso, ese "alguien" no pasaba de un monolito o un animal de determinadas características protectoras. (Los Egipcios pre-históricos , por ejemplo).
Depositar nuestra esperanza en alguien que nos va a salvar de "TODO". Palabra ambigua. Abstracta y abarcadora a un tiempo.
Pero vayamos un poco más allá. ¿Por qué necesitamos creer en alguien? ¿Por qué la necesidad de inventar, de construir, de elevar a los ídolos?
El ser humano es pasional. Su instinto lo lleva a querer transgredir y por la imposibilidad mediática de logarlo por medios propios, se lo encarga al ídolo.
Pero también es perverso y no hay sonido que nos guste más que el del ruido de la caída.
¿Qué es un ídolo?
Según la Real Academia viene del latín IDÓLUM. Persona o cosa amada o admirada con exaltación.
Me detengo en esta última palabra: EXALTACIÓN y vuelvo al diccionario.
Exaltación: Gloria que resulta de una acción muy notable. Esto significa que cuando dicha acción cede o es olvidada, muere la razón por la cual adoramos ciegamente al ídolo. La tensión decrece. No nos entretiene más.
Un ídolo -a mi entender- es un elegido en determinado momento cultural, socio-político y/o económico para cubrir cierta necesidad insatisfecha.
Cuando se crea el hueco de la falencia, el hombre, animal inteligente, rellena ese espacio, ese hueco con un ídolo que cumple con las características.
Lo curioso (o no tanto) es que el ídolo pasa de ser una necesidad imperiosa a un ser descartable. Dura mientras dure la necesidad para la cual está designado -intangiblemente- por sus seguidores. Sus fieles. Los mismos que lo sacan del barro, lo suben al trono, le ponen la corona de oro y luego, en un paso fugaz de tiempo, se la arrancan y se la cambian por la de espinas.
Entonces el ídolo, quien en su momento de reinado es "palabra santa", cuando abdica es "palabra prohibida". En otros términos, sube entre algodones a un firmamento ilusorio y baja a garrotazos a la realidad del barro de donde salió.
Casos sobran. Veamos algunos.
Monzón: Hacía tiempo que no teníamos un campeón argentino bien popular. Las luces de Fangio ya estaban apagadas y Reutemann que era un eterno segundo. Un verdadero profesional, pero era -como decirlo- un “tibio”. Hasta que apareció Monzón. Campeón indiscutido del boxeo mundial, con 14 defensas del título. Luego, miserable asesino. Cobarde que le pegaba a las mujeres. Lo más triste es que es cierto. Pero Monzón le pegaba a sus mujeres cuando fue campeón del mundo también. Solo que ahí nadie dijo nada. Necesitábamos un campeón mundial en algo. Lo teníamos. ¿Que podía significar un cachetazo “sin querer” del campeón, al lado de 14 defensas del título?. Nada. Perdonado. Hasta que dejó de boxear y ahí lo bajamos del altar. Y esperamos a que se equivoque para que vuelva a ser noticia. Y lo fue. Hicimos leña de él. Los que se sacaban el hombro del lugar para vitorearlo en el Luna Park y gritarle “dale campeón”, esta vez quedaban afónicos de tanto gritarle “asesino”. Monzón dejaba el boxeo en 1977. Años más tarde terminaría preso y destronado.
Ahí apareció Vilas que lo ganó todo. Pero como el tenis no es tan popular, ni es deporte de masas, seguimos esperando al Mesías. Maradona y el concepto "Dios es Argentino".
Maradona: Pensemos en una Argentina que venía de ganar un campeonato del mundo. En la grandilocuencia que nos caracteriza a los argentinos. Pensemos luego en el fracaso posterior. El mundial del 1982. Ese año en que también perdimos algo que nunca tuvimos. Las Malvinas. "Nadie pierde lo que no tiene" diría Borges. Y salimos a festejar una batalla perdida sin reparar que lo que se perdió fue la conciencia y miles de vidas. 1982, año en donde se gestaba la democracia poco a poco. La gente enardecida, saliendo a la calle hasta que el gobierno De Hecho no aguantó más y negoció.
De 1982 a 1986 apareció Maradona. Desde ese entonces hubo grandes jugadores, pero “El Diez” fue Maradona. Apareció para llenar de magia tanta cosa mal hecha, tanta ausencia, tanto hueco sin tapar. Tanta infelicidad.
Y vino el Mundial 86 y Maradona que nos hizo saltar a todos, a los de Boca que lo amaban, a los de River que lo odiaban. A todos. Fue el embajador argentino en el mundo y hasta Fito Paez le hizo el primero de decenas de himnos que vinieron después.
Pero todo esto ocurrió tan rápido, que nadie reparó que Maradona era un chico sin estudios, de condición humilde. Nadie se dio cuenta, ni el periodismo, ni el merchandising, ni los gobiernos que comieron y respiraron a través de él, que Maradona, el chico de 26 años que subimos hasta lo más alto del altar, no estaba preparado para vivir semejante vértigo. Nadie puede saltar de un catre a una Ferrari sin que el mundo se le desacomode. Seamos honestos. Pero Maradona seguía ganando títulos con el Nápoles y hasta casi nos da otro mundial que le dieron a los alemanes, que también necesitaban una alegría y un encuentro entre ellos, luego de la caída del muro. Como nos dieron el Mundial 78 a nosotros. Maradona no pudo contra eso.
Le dieron el poder y lo tomó. Le dieron la palabra y habló. Dijo verdades que incomodaron. Entonces ya no fue un ídolo. Fue el negrito de Villa Fiorito. Cometió atropellos, cayó en la droga; errores propios del mareo de estar tan alto. Ya no ganó más campeonatos y entonces la gente dejó, poco a poco de rezarle. Ya no es noticia. Ahora mide más rating llevar a lo de Tinelli un lindo culo que llevar a Maradona panzón (Salvo que Maradona se ponga a bailar y caiga en el juego de la mascota divertida). Maradona ya no sirve, salvo para cubrir los huecos vacíos del periodismo.
Nunca pudimos entender que cuando comprás a alguien, lo compras entero. Maradona sin la droga, sin sus declaraciones, es Pelé o Zidane, un respetable Príncipe. No Maradona, el Rey. Sí los reyes también se equivocan y por eso no dejaron de pasar a la historia como tales. Pensemos en Carlos V, en su hijo Felipe el Hermoso, en los Luises pre-revolución francesa. Nunca podremos entender que nosotros le dimos la palabra y lo mareamos para que caiga en la droga. Y hablo en un sentido figurado. Porque no faltará el tarado que diga “Yo no lo obliué a drogarse”. Sí, tarado. Sí lo hiciste, cuando junto a muchos otros millones, tiraste de la soga y lo elevaste hasta el peldaño más alto. Mientras ganara campeonatos, le festejabas todos los abusos y no era un drogadicto. Era un rebelde que puteó a los italianos y te defendió cuando insultaron el himno argentino.
Tenemos ídolos para todos los gustos. En la música a Charly García. Ahora es un “desastre que no sabe nada de música”. Estamos hablando del letrista más prolífico que tuvo la historia de la música de este país. Un niño genio que tocaba a los clásicos en el piano a los seis años. Un tipo que nos dio identidad en la cultura Rock. Pero Charly García es un estúpido que se pinta con aerosol. Está loco. ¿Acaso no lo sabíamos? ¿O nos espantamos recién ahora con sus desmanes?. Somos hipócritas. Nos reímos de una persona de la cuál tenemos guardados todos sus discos y de la que muchos de nosotros está tan lejos (en términos de talento) cómo de las palabras memoria, gratitud, sinceridad. El mismo Charly lo dejó claro en una de sus canciones: "Todo se construye y se destruye tan rápidamente, que no puedo dejar de sonreír... Es parte de la religión, mentir".
Pero no nos sorprendamos. La historia vomita casos: Borges (nos detenemos a pensarlo como un traidor, un arrogante, antes que apreciarlo como a un genio y los que lo tildan de genio, no lo leyeron), Hitler (para el propio pueblo alemán, ídolo y tirano), Galtieri (Cuando tomó Las Malvinas, fue un valiente. Después fue un borracho. Pero la gente no lo quiso ver, prefirió llenar la plaza y gritar desde la cómoda Buenos Aires: Viva la Patria!), Wilde (era homosexual en la época victoriana, importaba más su conducta que su talento) y la lista sigue. Interminable.
Gustavo Bonino
Sí te interesa el tema, dejá tu comentario, por favor.
jueves, 5 de junio de 2008
ENTREVISTA A FRANZ KAFKA

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martes, 3 de junio de 2008
ENTREVISTA AL DR. RICARDO BARREDA.

miércoles, 21 de mayo de 2008
POESIA - QUIETUD

Del Tao Te King
QUIETUD
Estoy extinto.
Esta vida vulgar
que me chorrea,
que se me pega
como la etiqueta
de un viejo insecticida.
Esta nada en la acción,
drama palpable
en donde todos
debemos hacer antes que ser.
Movilidad gelatinosa,
fábula sin moraleja,
tigre sin dientes,
una lucha de lunas apagadas,
la agresión del paralítico,
una revolución en estado de coma.
Estoy extinto,
montado en una ola que no moja.
Ratón sin cola, gato sin bigotes.
Radar ciego, sordo y mudo.
Mexico D.F. , Diciembre de 2005
sábado, 17 de mayo de 2008
POESIA - 1964 (Jorge Luis Borges)

1964
//
viernes, 9 de mayo de 2008
INSTANTÁNEAS - DISTRACCIONES

miércoles, 7 de mayo de 2008
INSTANTÁNEAS - MATRIMONIO
martes, 6 de mayo de 2008
NOTA - MITOLOGIA PORTEÑA

domingo, 4 de mayo de 2008
RAYUELA, CAPITULO 7. JULIO CORTÁZAR

martes, 29 de abril de 2008
POESIA . LIANAS
lunes, 21 de abril de 2008
CUENTO - QUIEN...

lunes, 7 de abril de 2008
CUENTO - HACER PATITO

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Gustavo Bonino
viernes, 4 de abril de 2008
AL AIRE: PIEDRA LIBRE AL HIJO DE PUTA

Uno es el alimento de esa raza.
Uno es el motor que lo impulsa.
Pensé. "Qué pasa si no me engancho?"
Fácil: El hijo de puta puede transformarse, básicamente, en 3 cosas.
En un fantasma idiota.
En un cero a la izquierda.
En un hijo de puta, al que se le cae el velo de santo.
Tener la sarten por el mango y no dar vuelta la tortilla hasta sentir el olor a quemado.
Fui claro con ella. Le dije como son las cosas.
Entonces di vuelta el mapa y no quedó al revés. Quedó bien.
Fue el hijo de puta, fue ese cobarde el que lo dio vuelta mientras yo estaba, estúpidamente, con la sarten en la mano. Creyendo que el fuego no quema a la tortilla.
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jueves, 27 de marzo de 2008
NOTA: CAMBALCHE.

Antes de ayer, el 25 de Marzo, tuve de pronto, un fuerte dolor de cabeza. No entendía. De verdad. No entendía hasta que entendí.
Antes de que sigan leyendo, aclaro que todo esto lo cuento, tal cual me pasó. Que no tengo ningún partido político, porque ninguno, hoy por hoy, merece mi respaldo. Y que no estoy a favor de la abstracta palabra CAMPO, porque detrás de esa enorme palabra, se esconden, buenos y malos, la Biblia y el Calefón. Esto no es nuevo. Los grandes sucesos de la historia de la humanidad están sostenidos por este comportamiento propio del ser humano.
Volvía del colegio de mi hijo en donde se celebraba la reunión de padres de principio de año. A eso de las ocho de la noche, la rectora tuvo que dejar de hablar, porque los cacerolazos eran ya muy fuertes. “Vio? La fuerza del pueblo otra vez!", me dijo una típica madre de esas que se la pasan en la puerta de colegio y que pronuncian la frase “mi marido” con un orgullo casi vomitivo.
La rectora pidió silencio a las siete u ocho mujeres que hacían sonar, ollas y jarritos de leche contra cucharones de madera. El ruido era tal, que hubo que suspender la reunión.
Al salir, me crucé con estas mujeres que gritaban, para mi asombro, “el campo!, el campo!” Ahí volví a la realidad ordinaria, quité de mi mente las últimas palabras de la rectora sobre las llegadas tarde y las amonestaciones y comprendí, “claro, este quilombo es por el paro del campo. El apoyo llegó a la ciudad”.
Juro que siempre trato de ser una persona lógica, tal vez por eso casi siempre estoy disconforme con mi vida. Me acerqué y le pregunté a una de estas mujeres.
- disculpe señora. Este ruido es por un apoyo al paro del campo?
La señora me miró con cara pocos amigos. Como si tocar una ollita ya le diera la potestad de patotera moderna del barrio de Belgrano.
“El coraje colectivo es cobardía” Pensé.
- Claro, querido, en que mundo vivís vos?
“En el tuyo seguramente no, boluda” pensé como buen calentón que soy. Pero me abstuve.
- Estamos acá en respaldo al campo y en repudio al discurso contestatario y violento de la presidenta!!!, Replicó, con esa frase hecha, no solo porque es cierto que nuestra presidenta sea una matona verbal, sino porque odio (esto es un mambo mío) las frases proselitistas en boca de una mujer cuya vida no pasa de las compras en el mercadito chino.
Ahí es cuando dudé de su sinceridad. Esta mujer, ¿era muy sincera o era una cobarde más de nuestra repetida historia?. De esas que salen a golpear la cacerola cuando pueden sacar provecho de su realidad o le tocan el bolsillo. Y que eso no esté mal. Lo que está mal es enarbolarse en la bandera ajena, la que jamás se defiende, para provecho propio. Es una falta de respeto a los que realmente la defienden cada mañana, cuando el despertador les suena al alba, cuando aún los gallos más desprevenidos duermen.
Me pregunté:
¿Cuando esta mujer habrá salido a tocar su ollita por un maestro?, pilar fundamental de toda nación que se considere tal.
¿Cuando por un jubilado?, pilar sobre el cual, gracias a su trabajo de tantos años, hoy por hoy tenemos un país.
Nunca, seguramente nunca. Esta señora, este arquetipo de señora argentina, despertó a su ollita del letargo. Esa olla seguramente no salía a la calle desde el año 2001.
Confieso que yo hago un clip mental de todo lo que veo. A todo le pongo música.
A medida que avanzaba hacia mi casa con el auto, veía a mujeres, niños y señores en pleno cacerolazo ensordecedor. Se estaban haciendo escuchar.
Es ahí cuando yo comencé a filmar el Clip en mis adentros y elegí, como tema de fondo, “Cambalache”.
Como me suele suceder, yo soy una persona de reacción tardía. Tengo como efecto retardo. Lo que veo, lo mando para atrás del cerebro y lo voy sacando de a poco, ahí lo mastico, lo mastico hasta que llego, casi siempre tarde, a una conclusión. Sería un fracaso si tratase de competir en un programa de preguntas y respuestas por tiempo.
Yo ya sabía que eso era un cambalache, pero no podía explicarlo. Sabía que ver a gente muy paqueta, enfurecida, apoyando a los ruralistas, era algo, al menos, raro. Pensaba, al mirar al auto de al lado, “que tiene que ver esta mujer con su cara de snob inmutable, tocando bocina, dentro de su auto importado, con aire acondicionado y los vidrios altos, con el gaucho que se levanta a las 4 de la mañana?”. Más tarde caería en la cuenta que tiene mucho que ver y mucho que perder. La miré con algo de rabia, no sé, no me parecía orgánica su queja. Pero luego comprendí que todos tienen derecho a la queja. Para eso nos la pasamos hablando de la palabra DEMOCRACIA. Y esa mujer estaba en todo su derecho a tocar bocina por algo de lo que se consideraba a favor.
Llegué a casa con el tango Cambalache resonando en mi cabeza. Cenamos con mi novia. Ravioles de calabaza con salsa rosa. Ricos. Charlamos un rato en medio del ruido de cacerolas. Esta vez eran cacerolas de San Isidro, barrio en donde estoy viviendo desde hace un mes.
Nos fuimos a la cama. Encendimos la T.V. para ver si había imágenes. Claro que había imágenes! Pero ya lo dije. Yo, siempre tarde. No solo gente de Belgrano y San Isidro estaban haciéndose escuchar, también gente de Recoleta, Barrio Norte, Rosario, Caballito y la mítica Plaza de Mayo, lo hacían. Todos estos puntos, en ese momento se sumaban al apoyo de los cortes de ruta en los puntos del país agrario. El paro del campo.
Sentí la misma sensación del histórico 2001. la espontaneidad de la gente en la calle. La gente espontánea. Llamo gente espontánea a quienes no van obligados por otro a manifestarse, o lo hacen a cambio de un favor político o una falsa promesa.
Para nuestra sorpresa, vimos como las cámaras mostraban una contramarcha. La marcha de unos violentos, mandados claramente por el gobierno, que le pegaban, sin ningún derecho, a la gente común. Eran los llamados “piqueteros”. Estas personas que heredaron la cultura del “exigir algo a cambio de hacer la nada”.
El tango Cambalache volvió a mi mente:
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos…
Veía en las imágenes de la T.V., por un lado, a la gente que apoyaba al campo. Por el otro, los animales con zapatos que le pegaba a la gente solo por manifestarse, con razón o no. Ellos están muy lejos de ser jueces de la verdad. Sentí nuevamente una bronca muy fuerte. Sentía, detrás de ese reclamo, el egoísmo de salir al grito de “ARGENTINA! ARGENTINA!, a defender una palabra muy abarcadora como lo es la palabra CAMPO. Sentí que muchos no salían a defender esa palabra. Y también sentí que, del otro lado, en el poder tenemos enquistados a esos cortos mentales que todo lo arreglan con una "apretada". No saben , no pueden (eso es lo más triste) esgrimir argumentos.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Que quede claro, que no se me confunda. No estoy en contra de la gente del campo. No estoy en contra de que a la gente le vaya bien. Entiendo perfectamente lo dura que es la vida del campo. Tan dura como la de una persona que viaja estrujada en colectivo más de una hora, todos los días, para construir la misma nación que la que construye la honrada gente del campo.
Estoy en contra del egoísmo. De lo que me suena a HIPOCRESIA.
Porque no puede ser que salgamos a la calle cuando suben las retenciones de un comodity, que tiene un precio dólar por las nubes en los mercados internacionales y que, a pesar de dichas retenciones, deja un margen de ganancia de casi el 25% y que no salgamos a copar la plaza del Congreso con el ruido de las ollas, cuando los maestros instalan una carpa, porque están gritando a viva voz que no pueden comer. Que su sueldo los arrima a la marginalidad. Repito, esa gente que educa a nuestros hijos y que es tan o más valiosa que el campo, gana sueldos ridículos (sin tener idea de lo que es un márgen de ganancia) y estoy seguro que nadie de toda la gente que yo veía en mi clip, se acercó al Congreso con su olla. Y no hablo de casos aislados, de algún solidario paracaidista. Porque siempre está el idiota que responde “yo fui al Congreso”. Hablo de hacer el mismo ruido que hicieron por el campo. Y ni siquiera tenemos excusa. La carpa estuvo más de un año instalada. Y si estuvo tanto tiempo por algo fue. El apoyo de las ollas jamás pasó por allí.
Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
Yo no soy maestro. Yo no soy del gobierno. Ni siquiera voté por este gobierno y eso no me enorgullece. Me da pena. Porque mi voto no encontró a alguien que lo represente en esas listas sábanas donde se filtran los nombres de siempre, que se reciclan y vuelven a la vida como los Simokys. Y yo no quiero darle de comer al que ya me mordió la mano. Me siento más argentino por hacer esto que los tarados que me dicen "vos no tenés compromiso por el país".
Tampoco me cierra que la gente que se autodenomina “del campo” sea la misma que vende los tambos a capitales extranjeros, porque es más rentable hoy por hoy, venderlos que trabajarlos. Saben que este negocio puede ser muy importante, pero dentro de diez o quince años y no quieren esperar. Venden porque les conviene. Y eso está perfecto. Cada uno hace con sus cosas lo que se le antoje. Es un principio básico de la libertad individual. Pero seamos coherentes (vaya pedido), no nos escondamos detrás de la bandera del campo, entonces. Ni nos sequemos las lágrimas de cocodrilo en ella.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
Las estadísticas dan también que la mayoría de los trabajadores en negro en este país, son los peones de campo. El trabajo rural en negro es algo que no tiene discusión alguna. Es una realidad histórica. Conocida por todos.
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
También estoy en contra de los patoteros acomodados del gobierno. Miserables cobardes que intentan callar a la gente a fuerza de golpes. Y esa gente está mandada claramente por el gobierno. No hacen falta investigaciones ni discusiones vanas. La historia habla por si sola.
Y el que niegue esto, es un necio tan egoísta como los que defienden al campo sin tener idea de lo que es levantarse a las 4 de la mañana. Sin haber sentido jamás el olor de la bosta en sus ropas. Esa gente que vive en Buenos Aires y sale tibiamente a golpear una ollita para que el dinero que les llega del campo todos los meses, no baje un solo dígito, o, lo que es peor, la que sale escondida en la bandera del campo, porque cierta investigación de los horrores del pasado, la tiene con la soga al cuello.
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...
miércoles, 19 de marzo de 2008
POESIA - CASA NUEVA

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Gustavo Bonino
martes, 8 de enero de 2008
CUENTO: MI CASA, ESTA MUJER (SANTIAGO KOVADLOFF)

MI CASA, ESTA MUJER.
Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Como ella, con ella, todo a mi alrededor reposa. Cuando ella despierte, también lo harán las cosas. Volverán a abrirse las puertas, correrá el agua otra vez, los pasos avivarán la vieja escalera, caerá de nuevo la luz sobre las plantas. Yo retornaré a mi mesa, a las palabras, y su voz, como un halo, circundará mi día. Cuando ella se haya ido a su trabajo, alzaré los ojos de la página, y un tapiz, un clavel, un amuleto inesperado en la cocina de la casa repetirán el nombre de esta mujer que todo lo pobló con su presencia y el acierto de sus manos. Ella es mi casa, puerta mayor de acceso al sentido de estos cuartos. Si el egoísmo o la indiferencia quiebran nuestro encuentro, la casa se oscurece. Como una dura denuncia de soledad sin remedio, las paredes se cargan de presagios, se repliega el color de cada cosa, la casa se vacía, y habitarla es quedar a la intemperie. Mi casa es esta mujer que ahora duerme a mi lado. Cuando ella anda lejana, todo es lejano en la casa; con ella se van en tropel las cosas de mi entorno, y estar aquí se vuelve una tortura; acosa cada sitio, cada paso lastima, rincones y objetos se hacen inservibles. Y la casa recuerda, en un susurro triste, que alguna vez supimos ser mejores. Si renace la alegría, renace la casa. Cuando la lucidez o el deseo vuelven a reunirnos, la casa otra vez se ilumina: tienen sentido mis papeles, cada cuarto es la evidencia de un proyecto. La casa entera es una fiesta y por la vieja escalera vuelve a correr el aliento suave y denso de la vida.
S. Kovadloff, Una biografía de la lluvia, Buenos Aires, Emecé, 2004
Ensayista, poeta y traductor al portugués de la obra de Pessoa. Nacido en Buenos Aires en 1942. Desde el 2002 es miembro de la Academia Argentina de Letras.
viernes, 30 de noviembre de 2007
POESIA - La trampa de la bestia

en el infranqueable laberinto
que propuso, como castigo
o como destino, el griego.
Te mides,
del desenfreno impaciente
del sediento minotauro.
Amaneces sin saber quien eres
bajo un número infinito
de paredes simétricas.
Pasas la vida repitiendo
marchas y contramarchas,
conjeturas inútiles, planes.
Jamás darás con la salida.
Un sueño te atrapa, débil.
Bocado de la bestia.
Sus ojos humanos,
juzgarán tu final de bestia.
CUENTO: LA ESCALERA
La escaleraPasqualino Barone, Lino para los conocidos, nació hace sesenta y ocho años en la comuna de Pola, en su bella Italia. Hoy, en una clínica de la calle Tres Sargentos, está a segundos de morir.
Antes de irse, antes de entrar a aquello que ya vislumbra, mira cuidadosamente el entorno desde su quietud. Escucha su respiración como si sus oídos estuvieran invertidos. Tal vez porque el cuerpo en estas circunstancias filtra la zozobra y la queja ajena. Pero la vista es inevitable. Ve abrazos, pañuelos, un rosario en los enormes dedos de una mujer gorda. Todo le ocurre con mucha dificultad. Apenas si puede girar la cabeza y ve un ramo de rosas amarillas. Piensa en lo ordinarias que son, en que él tendrá, en breve, el mismo destino que ellas. Sonríe tenue, sin mover su cara, bajando con mucha lentitud los párpados, volviéndolos a subir.
Está quieto y tranquilo. La tranquilidad que nos regala –irónicamente- la agonía cuando nos suelta. Su vista lo saca de la habitación, escapa hacia el paisaje que hay detrás de la ventana. Ve un parque con palomas y más allá, edificios. Se detiene en la puerta de entrada de uno.
Lino entra. Sube el primer escalón de la escalera. Lleva un sombrero que le cubre media cara. Sube el segundo escalón de esta escalera silenciosa. Está decidido. Sube otro escalón en ese edificio. Cientos de miles de zapatos ya subieron. Lino alza el pie que lo llevará al quinto escalón. Allá, en el décimo, ve bajar algo. Se sorprende de su forma. ¡Un pavo real con una llave dorada en su pico!. Detrás del pavo, sigilosa, lo sigue una mujer con una venda en los ojos, un vestido de gasa roja y una cuchilla de campo. Lino no repara en la mujer, sino en la llave que lleva animal. La mujer parece no tener consistencia, como una figura de humo. Pero esto no lo extrañó en lo más mínimo.
Lino sube otro escalón, el séptimo. Da el octavo paso. Al entrar en el noveno escalón se le antepone un enorme verdugo encapuchado que viene contando un alto de billetes. De pronto ve al Lino y le dice con fina voz de mujer "Ah, es usted..." y se echa a reír a carcajadas. "Es allá arriba" concluye, haciendo señas con su pesado dedo pulgar hacia una instancia superior e inexistente ahora.
Dispuesto a subir el escalón número diez, siente en sus espaldas una música, una vieja banda descolorida sube por detrás de él a toda prisa. Algunos músicos lo atropellan. Todos llevan puestos vendas en sus ojos. El trompetista se da vuelta y mira inútilmente su reloj y le hace con la mano un gesto de que es tarde o de que se apure.
Al llegar al vigésimo escalón se encuentra con el primer descanso y la primera puerta. Lo detiene el chirrido de un colchón y gemidos de mujer. No se acerca a la puerta, pero de todas formas lo tienta mirar por el cerrojo. Como si el cerrojo hubiese adivinado las ganas dLino, comienza a agrandarse en forma de boca y le traga la cabeza de tal forma, que ésta queda del otro lado de la puerta, dentro de la habitación. Lino ve un gran calidoscopio. En medio de esa gelatina rojiza con destellos azules y verdes hay dos mujeres acostadas entre túnicas color lila, besándose. Reconoce a una de ellas. Ella también lo reconoce y lo invita a pasar. Asustado, intenta apartar su cabeza del cerrojo, como un domador tratando de hacer lo propio de la boca del león. El cerrojo escupe la cabeza dLino y vuelve a su forma y lugar y, una vez que vuelve a ser cerrojo, toma la forma de una boca y comienza a recitar un poema en lunfardo. Lino queda inmóvil escuchando ese poema ya escuchado tantas veces.
Sigue su marcha ascendente. Camina todo el primer descanso y cambia de dirección. Si antes subía en dirección Norte, ahora sube en dirección Este, que comienza con el escalón veintiuno. Detrás suyo, aún más atrás que la puerta que acaba de dejar, oye los pasos de una multitud que sube a toda prisa. Esto lo detiene un instante, ahora continúa.
Sube ya el escalón treinta y dos sin sobresaltos. Se detiene un momento a reflexionar, pero su mente está en blanco. Se sienta. Se da cuenta que puede entender el universo. Por ejemplo, ve la entrada triunfal de Cambises, hijo de Darío, a Egipto. Siente la declinación de un Imperio. Ve a un niño en Texas, tirar un trozo de pan en un callejón de barrio latino. También ve los ojos brillantes de una rata que está al acecho de semejante bocado. Pero aún más, siente el latir de su cuerpecito. Siente la tibieza de su panza. Ve también una persona muriendo de cáncer, sola, en una casa al este de Glasgow. Ve a cuatro estudiantes en la ciudad de Buenos Aires aturdidos, en este mismo momento, por un examen. Siente la sensación de suicidio que se apodera de uno de ellos, ve las gotas de sudor de su frente, se llama Guillermo Pratt y morirá mañana, en su cuarto, a las nueve de la noche, luego de haber rendido mal. Deja carta a los parientes. Ve cientos de miles de huesos en el osario común del cementerio de la Chacarita. Ve galopar a un caballo en la vasta llanura pampeana. Ve a una mujer japonesa masturbarse en el baño de un tren con una foto que tomó con su celular.
A la altura del escalón cuarenta y tres, entra en el segundo descanso y ve, como en el descanso del piso inferior, una puerta. La segunda.
La puerta se abre y sale, detrás de ella, un torrente de agua que lo moja hasta los talones. El torrente se va apaciguando y se descubre detrás de él a un niño que se ríe con todas sus fuerzas. “Ese niño”... piensa. Se sorprende de volver a ver a ese niño. Lino le sonríe al niño que sigue riendo a carcajadas.
Pasar el descanso de la segunda puerta es sinónimo a ascender en dirección sur. Detrás, el ruido de los pasos de una multitud son más intensos - cercanos - que cuando estaba en el escalón veintiuno.
Lino se ayuda ahora con la baranda para subir. Es la primera vez que la toca. La siente fría, húmeda, como si estuviera abrazando el contorno de una serpiente.
Lino se siente en la cuenta regresiva. Esto no puede entenderlo. Justo él que pudo entender tantas cosas ajenas, no puede entender esta circunstancia, que está deliberadamente quitada del sistema que nos sostiene. Le queda un puñado más de escalones, diecinueve, para llegar a su puerta. Diecinueve y no veinte, “caprichos de la matemática”, piensa.
Comienza a sonar un piano. El aire se vuelve más llevadero, los movimientos, todos los movimientos del mundo, él vuelve a percibirlos, ahora en cámara lenta, puede sentirlos a todos. Le es muy fácil percibir cada acto por pequeño que sea. Esto le causa gracia. Juega con esta ventaja. Por ejemplo, ve en el techo cómo una mosca se juega la vida en la pegajosa trampa de la araña, siente los pormenores de la tragedia, los inútiles ruegos de la mosca, sus pedidos de auxilio, sus patas movedizas pegadas a la ineludible trampa. El acercamiento inexorable de la araña.
Se le ocurre pensar que el tiempo, todo el tiempo, tiene un destino ya resuelto y que el azar es - ríe al pensar esto – en todo momento un túnel en permanente estado a transitar, en donde navega el tiempo. Que la explicación radica ahí. No importa que el tiempo navegue dentro del túnel, ya sabemos del túnel.
Faltando diecisiete escalones, siente ya muy cerca los pasos de una multitud. Entra en el escalón dieciséis. Un niño baja a toda velocidad perseguido por un celador que lo corre con un puntero. El celador, un hombre de cabeza con minúsculos rulos colorados, se detiene y reconoce al Lino, siente culpa, pero retoma su carrera detrás del niño que se le escapa.
Faltan trece escalones. Se le anteponen en el doceavo escalón dos gotas que caen de su rostro. Él las ve caer con mucha precisión, observa el cuerpo de ellas, una más grande que la otra, ve a esos dos corpúsculos cayendo lentamente, desprendiendo del cuerpo principal otros pequeños trozos de gota, todos cayendo hacia la superficie plana del escalón.
Cuervos revolotean por las escaleras, desde planta baja hasta donde está él. Van y vienen. Si se pudiese adivinar su estado, se diría que están eufóricos. Locos de contentos, alguno llega a desacomodarle un poco el sombrero.
Faltando apenas diez escalones ve bajar a un hombre más joven que él, también de sombrero de ala, que al querer hablar escupe el sonido de las teclas de una máquina de escribir. Intenta contar algo, pero no puede y se retira muerto de vergüenza.
Cuando ya solo faltan cinco escalones para llegar a su puerta, los cuervos están más excitados que antes, y no faltan los primeros atrevidos y audaces que comienzan a picotearlo en la espalda, en la cara y le desacomodan el sombrero con más intención. Ayudado aún por la fría baranda, Lino se dispone a terminar la escalera. Solo le faltan tres escalones para llegar, tres escalones que cuestan más que todos los ya superados. Faltando tan poco, nota que tiene a sus costados a un hombre y a una mujer. Estos comienzan a empujarlo de un lado a otro, como si en lugar de empujarlo se pasaran una pelota. Al fin se aburren y lo dejan y comienzan a bajar entre gritos y manotazos. Los gritos se confunden con los graznidos de los cuervos. El piano que antes se percibía suave en el aire, ahora se suma a tanto escándalo. Como si un invisible ejecutante, le pegara a las teclas con una emoción desmedida. Lino mira hacia adelante. Está frente a la última puerta. Esto no lo escandaliza. Sube un último escalón y la puerta final comienza abrirse y los pasos de la multitud ya están justo detrás de él y lo empujan dentro.


